¿Por qué las cabinas de rayos UVA triplican el riesgo de melanoma y dañar hasta el ADN?
El melanoma, el cáncer de piel más letal, causa alrededor de 11.000 muertes al año en Estados Unidos

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El uso de camas de rayos UVA y cabinas de bronceado se asocia a un riesgo casi tres veces mayor de desarrollar melanoma, y por primera vez la ciencia ha demostrado cómo estos dispositivos provocan daños en el ADN en prácticamente toda la superficie de la piel, incluso en zonas que no reciben luz solar directa. Así lo revela un nuevo estudio liderado por Northwestern Medicine y la Universidad de California en San Francisco (UCSF), publicado en la revista Science Advances.
El melanoma, el cáncer de piel más letal, causa alrededor de 11.000 muertes al año en Estados Unidos. Pese a décadas de advertencias sanitarias, hasta ahora no se había descrito con precisión el mecanismo biológico que explicara el aumento del riesgo asociado al bronceado artificial. Esta laguna ha sido utilizada por la industria del bronceado para sostener que las camas solares no son más perjudiciales que la exposición al sol natural.
El nuevo trabajo desmonta esas afirmaciones de forma irrefutable. Según los autores, la radiación UVA de las cabinas de bronceado genera mutaciones moleculares mucho más extensas y profundas que la luz solar convencional, afectando incluso a piel aparentemente sana. “Incluso en piel normal, sin lunares visibles, encontramos mutaciones precursoras que predisponen al melanoma. Esto no se había demostrado nunca”, explica Pedram Gerami, primer autor del estudio y profesor de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern.
Gerami, que dirige el programa de melanoma en dermatología de Northwestern y lleva dos décadas tratando a estos pacientes, observó durante años un patrón preocupante: un número inusualmente elevado de mujeres menores de 50 años con múltiples melanomas y antecedentes de bronceado artificial. Esa sospecha llevó a su equipo a diseñar un análisis epidemiológico comparando los historiales médicos de 3.000 usuarios de camas solares con los de 3.000 personas de la misma edad sin ese hábito.
Grupo de control
Los resultados fueron concluyentes: el 5,1% de los usuarios de rayos UVA desarrolló melanoma, frente al 2,1% del grupo de control. Tras ajustar por edad, sexo, antecedentes familiares y quemaduras solares, el uso de camas solares se mantuvo asociado a un aumento del riesgo de melanoma de 2,85 veces. Además, los usuarios presentaban más tumores en zonas poco expuestas al sol, como la región lumbar y los glúteos, lo que reforzó la hipótesis de un daño genético específico del bronceado artificial.
Para confirmarlo, los investigadores aplicaron tecnologías genómicas de última generación y realizaron secuenciación de ADN a nivel de célula individual en melanocitos —las células donde se origina el melanoma— procedentes de tres grupos: pacientes con largo historial de bronceado artificial, personas sin exposición a cabinas solares y donantes de tejido de control. En total, se analizaron 182 melanocitos.
Las células de los usuarios de rayos UVA presentaban casi el doble de mutaciones que las del grupo control y mostraban con mayor frecuencia alteraciones genéticas asociadas al melanoma. Además, esas mutaciones aparecían en casi toda la superficie corporal, incluso en áreas protegidas del sol. “Con la exposición solar normal, quizá el 20% de la piel acumula el mayor daño. En los usuarios de cabinas solares encontramos mutaciones peligrosas prácticamente en toda la piel”, detalla Gerami.
Envejecimiento genético
El estudio también revela un envejecimiento genético acelerado de la piel. Los investigadores comprobaron que personas de entre 30 y 40 años que se bronceaban en interiores acumulaban más mutaciones que individuos de 70 u 80 años sin ese hábito. «A nivel genético, su piel parecía décadas más vieja», señala Bishal Tandukar, investigador postdoctoral de la UCSF y coautor del trabajo.
«La piel de los usuarios de camas solares estaba llena de semillas de cáncer: células con mutaciones que sabemos que conducen al melanoma», añade A. Hunter Shain, autor principal del estudio y profesor asociado de Dermatología en la UCSF. «No podemos revertir una mutación una vez que ocurre, por lo que es esencial limitar su acumulación desde el principio. Evitar la radiación UV artificial es una de las formas más sencillas de hacerlo».