Farmacéutica titular de la Farmacia Meritxell

M. Martí: «La dieta con mayor respaldo científico para combatir la inflamación crónica es la mediterránea»

"La inflamación es una reacción de defensa natural del organismo"

inflamación
Meritxell Martí.

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La inflamación es uno de los temas de salud más populares actualmente. En los últimos años, han proliferado los consejos sobre suplementos y dietas antiinflamatorias, así como hábitos destinados a combatir este proceso que se relaciona con ciertas enfermedades, como la diabetes, la obesidad o los problemas cardiovasculares. Sin embargo, no toda inflamación es perjudicial.

Según explica en esta entrevista a OKSALUD la farmacéutica Meritxel Martí, titular de la Farmacia Meritxell, la inflamación es una respuesta natural de defensa del organismo y advierte de que el verdadero problema surge cuando se prolonga en el tiempo y se cronifica.

PREGUNTA.- ¿Qué es la inflamación?

RESPUESTA.- La inflamación es una reacción de defensa natural del organismo. Cuando sufrimos una lesión o infección, se pone en marcha una respuesta biológica para repararla y eliminarla: este proceso es la inflamación. Es una herramienta imprescindible para nuestra supervivencia, por lo que el problema no es la inflamación en sí, sino que se prolongue más de lo necesario y se cronifique, dañando los órganos y provocando una enfermedad crónica.

P.- ¿Qué enfermedades se asocian a la inflamación?

R.- Cuando la inflamación se cronifica de modo silencioso, se convierte en un factor de fondo en muchas enfermedades: cardiovasculares (aterosclerosis, hipertensión), metabólicas (diabetes tipo 2, obesidad, síndrome metabólico), neurodegenerativas (deterioro cognitivo, alzhéimer), autoinmunes (artritis reumatoide, psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal) y también algunos tipos de cáncer. La inflamación no tiene por qué ser la causante, pero sí es un factor favorecedor de la aparición de estas enfermedades.

P.- ¿En qué casos la inflamación no se considera perjudicial para la salud?

R.- Como he comentado al principio, la inflamación aguda es necesaria, no es perjudicial. De hecho, nos va a ayudar a reparar cualquier problema agudo que tengamos. El proceso metabólico de la inflamación es necesario para la cicatrización y la defensa frente a los virus y bacterias. El objetivo no es eliminarla, sino que cumpla su función y se resuelva rápidamente con la reparación del tejido dañado.

P.- ¿Existen síntomas o señales que pueden alertar de que una persona presenta una inflamación persistente en el organismo?

R.- La inflamación crónica de bajo grado es a la que sí deberíamos prestar especial atención; sin embargo, no da síntomas evidentes como en el caso de la aguda. Algunas señales pueden ser la fatiga persistente, dolores articulares o musculares difusos, digestiones pesadas o hinchazón abdominal, reactiva (rojeces, acné, eczema), alteraciones del sueño, dificultad para perder peso o un estado de ánimo bajo sin motivo evidente. Lo más adecuado ante una sospecha es realizar un análisis y ser valorado por un profesional.

P.- Actualmente, se habla mucho de alimentos y suplementos antiinflamatorios, ¿qué dice la evidencia científica al respecto?

R.- La dieta con mayor respaldo científico para combatir la inflamación crónica es la mediterránea: aceite de oliva virgen extra (su compuesto oleocantal inhibe vías inflamatorias de forma similar a un antiinflamatorio), pescado azul, frutas y verduras ricas en antioxidantes, legumbres y frutos secos. Por contra, los alimentos ultraprocesados, el exceso de azúcares refinados y las grasas trans favorecen la inflamación.

En cuanto a las grasas, conviene entender que no todos los ácidos grasos hacen lo mismo. El omega-6 estimula la formación de citoquinas y es el sustrato que el organismo usa para fabricar prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos, moléculas que inician la inflamación necesaria para la reparación. El omega-3 (EPA y DHA) sigue una vía distinta: es precursor de las resolvinas, las protectinas y las maresinas, que son los llamados mediadores especializados en la resolución y evitan que se cronifique la inflamación. Por eso no basta con tomar omega-3 de forma aislada. Lo relevante es el equilibrio del perfil lipídico completo. Una dieta occidental, rica en aceites vegetales refinados y pobre en omega-3, desplaza la balanza hacia la producción de mediadores proinflamatorios. La estrategia con más respaldo no es eliminar el omega-6, porque también es necesario, sino corregir la proporción entre ambos y completar el perfil lipídico con otros ácidos grasos, como el omega-7 (beneficioso para mucosas, piel y el metabolismo) o el omega-9 (para la salud cardiovascular), en lugar de centrarse en un único nutriente.

Sobre otros suplementos, como vitamina D, polifenoles, antioxidantes o probióticos, la evidencia es positiva, pero deben entenderse como apoyo, no como sustituto de la alimentación ni del tratamiento médico, cuando este es necesario.

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