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Las enseñanzas de Alexander Fleming en frases en el día de su nacimiento

Las enseñanzas de Alexander Fleming en frases en el día de su nacimiento
Las enseñanzas de Alexander Fleming en frases en el día de su nacimiento

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Un 6 de agosto de 1881 en Londres nace el médico y científico británico Alexander Fleming. Le conocemos, porque, entre otros, descubrió la penicilina. Le recordamos con las enseñanzas de Alexander Fleming en frases en el día de su nacimiento.

A destacar que en el año  1945 se le concedió el Premio Nobel de Medicina. Además, se le conoce porque también descubrió la enzima antimicrobiana lisozima.

Las citas más famosas de Alexander Fleming

Yo siempre fui humilde en el regimiento; jamás discutí una orden de un sargento o de un cabo; respecto a los oficiales, no recuerdo haber recibido nunca una orden directa de ellos.

Hay reglas sencillas para el uso de la Penicilina: usarla sólo para los microbios que sean vulnerables a ella, aplicar la dosis indicada y que el tratamiento dure lo suficiente para eliminar la infección; siguiendo estas reglas, todos quedarán satisfechos; de lo contrario, el resultado será decepcionante.

El investigador sufre las decepciones, los largos meses pasados en una dirección equivocada, los fracasos. Pero los fracasos son también útiles, porque, bien analizados, pueden conducir al éxito. Y para el investigador no existe alegría comparable a la de un descubrimiento, por pequeño que sea…

A veces uno realiza un hallazgo cuando no lo está buscando. Las enseñanzas de Alexander Fleming en frases en el día de su nacimiento.

Vuestras reuniones han sido presididas por coroneles, capitanes, sargentos y demás, pero es la primera vez que vuestro chairman es un humilde soldado de segunda clase. Yo siempre fui humilde en el regimiento; jamás discutí una orden de un sargento o de un cabo; respecto a los oficiales, no recuerdo haber recibido nunca una orden directa de ellos.

Mi mayor suerte consistió en ser educado como miembro de una familia numerosa en una granja de las landas. No teníamos dinero para gastar, pero tampoco teníamos gastos. Teníamos que inventar nuestras diversiones, pero era fácil. ¿No poseíamos los animales de la granja, los peces y los pájaros? Sobre todo, aprendíamos inconscientemente mil cosas que los habitantes de la ciudad ignorarán toda su vida.

No son los vestíbulos de mármol los que proporcionan la grandeza intelectual, sino el alma y el cerebro del investigador.

El sargento mayor tampoco lo sabía, pero como no podía responsabilizar a nadie, tenía que dar una orden inteligente o no.

Un buen trago de whisky al acostarse, no es muy científico, pero ayuda.

Si la penicilina salva a los enfermos, el oloroso resucita a los moribundos.

 

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