El verano que vivimos peligrosamente

El verano que vivimos peligrosamente
  • Rosa Díez

Quizá las nuevas generaciones no lleguen a tomar conciencia de ello; y quizá quienes nunca podremos olvidarlo no tengamos más que unos pocos años para contarles esta terrible historia que estamos viviendo. Pero lo cierto es que este año que comenzó como uno más se nos torció en el primer trimestre y desde ese momento no hemos hecho sino caer en el agujero.

Tras pasar un confinamiento salvaje como consecuencia de la improvisación, el sectarismo y la negligencia del Gobierno de la pareja tóxica Sánchez/Iglesias llegamos al «hemos vencido al virus, salir a consumir», que proclamó alegre e irresponsablemente el presidente impostor antes de irse de vacaciones a La Mareta mientras arrecian los contagios y toda España vive peligrosamente la ola de calor… y del virus.

España llegó al verano siendo el país de la UE que acarreaba más contagios y más muertes por la Covid19; el país campeón en el número de sanitarios contagiados; el país campeón en el hundimiento de la economía; el país campeón en la caída del PIB, en el número de nuevos parados (sin contar los millones de trabajadores que aún están formalmente en un  ERTE); empezamos julio al grito mitinero presidencial de: «¡salgan a consumir!» y encaramos agosto siendo el país de Europa que más contagios suma día a día mientras el Gobierno se desentiende y deja que se pudra la situación sin desarrollar leyes ordinarias para «justificar» a la vuelta el verano  la necesidad hacerse con el poder absoluto y poder mangonear sin control democrático alguno en todo aquello que no tiene que ver con la salud sino con su pulsión absolutista.

El mes de julio terminó políticamente con una bochornosa reunión de Sánchez con los presidentes de las comunidades autónomas en la que, supuestamente, iban a debatir y acordar los criterios con los que se repartirían los fondos que llegarán de Europa para ayudarnos a hacer frente a la catástrofe. En Bruselas los jefes de Estado y de Gobierno estuvieron reunidos más de tres días para llegar a un acuerdo sobre cuánto y cómo se gasta el dinero de todos los europeos; en San Millán de la Cogolla no hubo discusión ninguna: Sánchez comunicó a los convocados que los fondos los distribuiría él según su santa voluntad. Sánchez dio cinco minutos para hablar a cada presidente autonómico y les soltó un ultimátum: lentejas, las tomas o las dejas. Salvo para el País Vasco, que ya se sabe que son «singulares» (así se llama ahora a los que se consideran diferentes, o sea, mejores) y comen a la carta. Por eso Urkullu -para que la humillación al conjunto de los presidentes, particularmente a los ciudadanos a los que ellos representan, fuera más notable- llegó por ‘sorpresa’ a la reunión con 1.700 millones de euros bajo el brazo y se sentó a la mesa con resto de presidentes de comunidades autónomas, invitados de piedra.

Si el mes de julio terminó consolidando privilegios y nepotismo gubernamental, agosto no ha empezado mejor. A los preocupantes datos de la extensión de los contagios –España ya es el país europeo que más nuevos contagios está teniendo- hay que añadirle la falta de escrúpulos y la desvergüenza de Sánchez que se ha ido tan ricamente a veranear en La Mareta, la residencia que Hussein de Jordania regaló al Rey Juan Carlos I. Si cualquier otro político -imaginen un presidente o presidenta autonómico- se hubiera ido de vacaciones y en el Falcon a una residencia cedida por la Corona a Patrimonio del Estado, en plena oleada de contagios, dejando de guardia a Fernando Simón -ese tipo que mintió diciendo que las mascarillas eran innecesarias e incluso dañinas para luego reconocer que no las recomendaban porque no las tenían- sería un escándalo y todas las televisiones abrirían a diario con esa noticia. Y sería portada de todos los periódicos hasta que dimitiera. Pero como el que lo hace es Sánchez, el felón, el impostor, el que gobierna con Iglesias, que dirige un partido al que el Tribunal de Cuentas reclama casi 500.000 euros de dinero público gastado fraudulentamente durante la última campaña…; y como los medios de comunicación son en su inmensa mayoría o públicos o concertados (o sea, pagados con dinero público) pues no pasa nada.  

Según pasan los días el verano adquiere tintes de mayor peligro. Y España suma más contagiados y muertos que nadie;  y crece el número de países que nos imponen cuarentena, o que recomiendan a sus ciudadanos no viajar a España. Y Sánchez sigue en La Mareta, tan ricamente, negándose a poner controles en Barajas para que no siga siendo un coladero que infecte a Madrid y después al resto de España. Y Simón sigue de guardia, mintiendo por él.

Y mientras ocurre todo eso, quien se ha ido de España (destierro voluntario, le llaman…) es Juan Carlos I. Porque él ya ha sido condenado por esos tabloides que esconden los muertos de la Covid19, los veraneos obscenos en la residencia en la que murió la madre del rRy Juan Carlos, la reiterada petición de un grupo de notables científicos que piden una auditoria externa -ajena al Gobierno de Sánchez- sobre lo que ha pasado en España con la Covid19.

Y la defenestración del sistema del 78 progresa adecuadamente. Dicen que no llegará la demolición a término, que no hay clima para un cambio de régimen… Ingenuos. Tampoco lo había en Cataluña ni siquiera para cambiar el Estatuto de Autonomía. Hasta que llegó Zapatero. Pues ahora está Sánchez en Moncloa, no les digo más.

La historia se repite en todos los extremos. ¿A qué les recuerda  el silencio de las grandes empresas y corporaciones que se beneficiaron con el trabajo y las gestiones exitosas  que realizó el mejor embajador que ha tenido España? Es el mismo silencio que mantuvieron las empresas catalanas cuando se inició el proceso que ha roto la convivencia entre hermanos y ha hundido Cataluña. No diré más.

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