¿Tiene agenda Inés Arrimadas?

¿Tiene agenda Inés Arrimadas?
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  • Valentí Puig

La irrupción de Ciudadanos en el sistema político fue tan espectacular –después de un inicio lento- como aparatosas son sus incógnitas post-electorales y aún más intrigantes si se convocan elecciones autonómicas anticipadas en Cataluña. ¿Es Inés Arrimadas un desgaje de Albert Rivera o tendrá una agenda propia para marcar coherencias estratégicas? No es una incógnita menor si se considera que a Albert Rivera le hundieron sus bandazos estratégicos después de la victoria en Cataluña y la entrada impactante en el Congreso de los Diputados. En la hipótesis de que Arrimadas opte por reforzarse en Cataluña, el PSC tantea, con la propuesta de reforma de la inmersión lingüística, los votos que se fueron a Cs aunque no es de suponer que los fidelice con la “plurinacionalidad”.  Visto lo visto, no está de más recordar que los orígenes de Cs –ahora partido liberal- están en la izquierda socialdemócrata, con la voluntad inicial de romper la hegemonía de un PSC que había caído en las trampas de la transversalidad y así convertirse en la bisagra sustitutiva de la tenaza nacionalista –CiU y PNV- cuando los dos grandes partidos no contasen con suficientes escaños para gobernar. Y oponerse al maximalismo lingüístico fue su turbina fundacional.

¿Se equivocó Cs al no presentarse como opción de gobierno en Cataluña, a sabiendas de que no contaría con los apoyos necesarios? No se sabe si esta experiencia ha aleccionado a Inés Arrimadas, pero ya es algo remoto porque sus votantes catalanes se han retraído ostensiblemente. Dado el componente caníbal de la política y siendo los electorados tan volátiles, ahora todos pretenden apropiarse de los votos de Cs, comenzando por el PSC, cuyo hándicap respecto al partido de Inés Arrimadas sería que Pedro Sánchez se entienda con ERC, lo que presagiaría para Cataluña un nuevo tripartito, tras el pacto del Tinell, el viaje de Carod Rovira a ETA, Junqueras en la cárcel y la decisión de no condenar de forma explícita la violencia de los CDR y “Tsunami Democràtic”. Sería el adversario más identificable para Arrimadas. También es cierto que el desconcierto en Cs y su estampida actual reducen mucho aquellas expectativas ilusionadas con la posibilidad de una alternativa constitucional al secesionismo.

Se desconoce por ahora si Cs acabará absteniéndose en la investidura de Sánchez pero parece improbable. Tampoco se sabe quién será el cabeza de lista en Cataluña. Arrimadas pudiera impulsar un giro de las actitudes legítimamente reactivas de Cs a una estrategia más propositiva. Mientras tanto ahí acampan Iceta, un PPC urgido de renovación, los restos del pujolismo dispuestos a volver a una ambivalencia autonomista y el constitucionalismo compacto de Manuel Valls. En un panorama tan anómalo, ya ni asombran la desaparición del centrismo en Cataluña, ni la inexistencia de un bloque liberal-conservador.

Las luchas tribales del independentismo y la aparición de la “kale borroka” no garantizan que vaya a perder las elecciones. Presumiblemente, se le irán más votos y adhesiones: si no se configura un amplio contrapeso constitucionalista, la Generalitat seguirá estando en manos independentistas, con el añadido de los antisistema de la CUP.  Con este margen la opción menos irreal, aunque también tóxica, sería un tripartito PSC-ERC-Junts en Comú, un panorama aparentemente no tan retrógado como el actual pero atrofiado por celadas, ambigüedades, amagos de desacato, equidistancias y un clima incierto para la economía en tiempos de desaceleración. Lo que de verdad está en juego es el pluralismo.

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