Si la UE no despierta tras lo visto en la Casa Blanca firmará su sentencia de muerte

Casa Blanca

Lo vivido en la Casa Blanca -el tenso enfrentamiento entre Donald Trump y Volodímir Zelenski- ha sido, desde un estricto punto de vista periodístico, un acontecimiento grandioso, a todas luces inédito, pero más allá del envoltorio del encuentro lo ocurrido obliga a sacar algunas conclusiones: que el presidente del país más poderoso del mundo invite al presidente de Ucrania, una nación invadida por Rusia y, en consecuencia víctima, para obligarle a una suerte de rendición o capitulación transmitida en directo es una humillación inaceptable.

Enfrentarse a la izquierda y mantener posiciones críticas con el mal llamado progresismo no significa tener que defender a toda costa a Donald Trump, menos aún después de lo vivido en la Casa Blanca. El mayor poder del mundo no concede la mayor razón, sobre todo cuando el presidente de Estados Unidos, a la hora de analizar la guerra de Ucrania, invierte de manera palmaria el orden básico de cualquier disquisición objetiva: que hay un culpable, Vladímir Putin, y un pueblo -el ucranio- sometido a los delirios anexionistas del presidente ruso. A partir de ahí, todo es discutible para lograr el fin de la guerra, pero convertir al agredido en un peligro para el mundo y reprochar a Zelenski que puede provocar la III Guerra Mundial es un dislate de proporcionales gigantescas.

A partir de lo ocurrido en la Casa Blanca quien debe de tomar buena nota y reaccionar de algún modo es la UE, cuya paquidérmica estrategia de arrastrar los pies ya no aguanta más. A Trump podrán reprochársele muchas cosas, entre ellas sus formas y su falta de principios, pero no engaña. Lo ocurrido en el Despacho Oval obliga a Europa a despertar de su cómodo sueño, porque al otro lado de Atlántico el presidente de Estados Unidos ya ha dejado clara su intención de renunciar a hacer el papel de primo de Zumosol. De modo que o la UE despierta o su decadencia será irreversible.

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