Sánchez y el estrés presupuestario europeo

Sánchez y el estrés presupuestario europeo
  • Valentí Puig

El campo planta sus tractores en las carreteras de toda España mientras en la Unión Europea el encarnizamiento presupuestario pasa entre otras cosas por la consiguiente batalla en dotación a la Política Agraria Comunitaria. En no poca medida, ese es el estreno real de Pedro Sánchez en el Consejo Europeo y hay que decir su experiencia presupuestaria nacional es más bien alicorta. Uno puede urdir coaliciones funambulescas pero la hora de la verdad, la política al cien por cien son los presupuestos generales.

El eje franco-alemán, hasta ahora con una mala salud de hierro, está visiblemente debilitado: Merkel ha iniciado su largo adiós y Macron es un político inmaduro, que se desgasta en todos los frentes, especialmente allí donde no hace falta. Aun así, las tensiones en el Consejo Europeo son parte de la dramaturgia comunitaria y no pocas veces se han resuelto con acuerdos a contrarreloj. Crudamente, chocan los intereses nacionales y no podía ser de otra forma salvo para quienes no solo creen en unos Estados Unidos de Europa sino que los ven a la vuelta de la esquina, como la inmortalidad.

En la más reciente reunión, cuando el plenario se suspendió y comenzaron los conciliábulos bilaterales, el primer ministro holandés lo dijo sin reparos: “Yo me voy a la cama”. Holanda es uno de los cuatro miembros del frente “frugal”, que son además Suecia, Dinamarca y Austria. Ya no cuenta el Reino Unido, que era contribuyente neto a la UE, como no se cansaba de recordar Margaret Thatcher.

La costumbre es amenazar con el veto y formar agrupaciones de bloqueo. Pedro Sánchez ha ubicado los intereses nacionales de España en el grupo llamado de cohesión. Son diecisiete, entre ellos, además de España, Polonia –país de agricultura prominente-, Grecia, Hungría, Portugal. Es una cuestión económica pero, tal vez aún más, política, porque todo mandatario quiere regresar a casa con su trofeo presupuestario. A Pedro Sánchez le será difícil disimular la parquedad de su porción de tarta presupuestaria si ganan el debate los partidarios de la austeridad que recurren al argumento del vacío dejado por el Brexit y quieren invertir más en política inmigratoria.

Es un grave riesgo para Pedro Sánchez aunque no sería la primera vez que un fracaso en la negociación presupuestaria acabase en una componenda para que todos se lleven algo a fin de convencer a su electorado. En este caso, la erupción del descontento del campo español no va a ser fácilmente esquivado. Es probable que haga falta ir más allá de la escenificación orquestada por los gurús mediáticos.

¿Cómo sufragar las necesidades de la política agraria común y la de defensa y, al mismo tiempo, dar margen a los Veintisiete para que tomen el avión de vuelta con un botín envuelto en celofán? Una dificultad añadida es que el añejo consenso entre centro-derecha y centro-izquierda ya no es el mismo. Irrumpen fuerzas políticas de polarización nutridas a menudo por la desconfianza con las élites tecnocráticas de Bruselas.  Por ahora, el “impasse” presupuestario paraliza la Unión Europea en un instante de elevada incertidumbre en casi todos los frentes. Trump puede ser reelegido, China está impactada por el Coronavirus y a Putin solo le hace falta arroparse en el manto de los zares. También puede estar en juego el peso de España en Europa.

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