O periodista separatista, o ‘ultra’ y ‘terrorista informativo’

O periodista separatista, o ‘ultra’ y ‘terrorista informativo’
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El separatismo más radical ha decidido que la libertad de información y de opinión sólo queda reservada a sus propagandistas, y que aquellos periodistas que no les bailen el agua no merecen ni ejercer su profesión, ni existir. Consideran a los medios de comunicación como una trinchera más de la guerra que han emprendido contra el Estado democrático español, y van a por todas. No les ha importado convertir los medios de comunicación de la Generalitat en pura propaganda, e intentan silenciar a los que les llevan la contraria.

Uno de los episodios más duros contra los periodistas que simplemente hacen su trabajo, y no propaganda, se produjo hace unos días, cuando a Joan Guirado y a otros cinco compañeros de profesión (Mayka Navarro, Laura Fábregas, Xavier Rius, Estefanía Molina y Xavier Sardà) les ‘señalaron’ al aparecer carteles con sus fotos en algunas calles de Barcelona acusándolos de “terroristas de la información al servicio del Íbex”, con el objetivo de que algún ‘patriota’ que se les encontrara por la calle les diera lo que estos vándalos coactivos consideran ‘su merecido’. Estos pasquines eran anónimos, sin el nombre de ningún grupúsculo que los revindicara.

Esta ‘fiesta’ continua contra los periodistas que critican al secesionismo tuvo este miércoles otro caso, aunque al menos iba firmado y al afectado no se llamaba “terrorista de la información”. ‘Sólo’ se le definía como “ultra” y como “uno de los muchos especímenes que campan alegremente por las teles españolas vomitando contra el procés“. También decían de él que “pregona su odio soterrado hacia el independentismo” y que “suelta barbaridades tabernarias, a pesar de su aspecto repeinado y engominado".

Fue en el digital secesionista ‘El Nacional’, que dirige el ex director de La Vanguardia Pepe Antich, uno de los medios más leídos por el secesionismo. El periodista insultado por osar criticar al separatismo fue Alfonso Merlos, conocido por sus intervenciones televisivas en diversos medios de comunicación. Y es que en la Cataluña separatista o eres como Pilar Rahola o eres un enemigo de la ‘patria’ que merece ser señalado y atacado.

Nada nuevo en Cataluña, dado que esta situación viene de lejos, con una afición tan nacionalista como la de elaborar listas negras de periodistas desafectos con el nacionalismo, que han sido continuas desde que se instalaron en la Generalitat en 1980. El entorno de la antigua convergencia pujolista convirtió esta práctica en un arte, y la cumplía a rajatabla. En esto hay que reconocer su eficacia, porque para el sectarismo son realmente meticulosos.

Esta lógica lleva a que altos cargos nombrados a dedo se dediquen a presionar a corresponsales extranjeros (recuerden la denuncia de Reporteros sin Fronteras), a acosar a los periodistas que hacen conexiones televisivas en directo (por ejemplo, Cake Minuesa, Ángela García Romero, Laila Jiménez) a reventar redacciones a martillazos (Crónica Global).

También a que Ada Colau pague estudios con fondos municipales a asociaciones de periodistas secesionistas para que digan barbaridades sobre OKDIARIO y otros medios que no le bailan el agua al secesionismo, para señalarlos como ‘fachas’, que es la etiqueta favorita del separatismo para intentar estigmatizar a los que les plantan cara. De hecho, en Cataluña no eres nadie en la lucha contra el totalitarismo secesionista si no te han llamado ‘facha’ medio centenar de veces. Y en esta lucha por la libertad este medio se está distinguiendo especialmente, de ahí las iras secesionistas.

Cuando se ha emprendido el camino del ataque personal y a la dignidad del periodista, el siguiente paso es la agresión física para dar un escarmiento al que sigue ‘molestando’. Si no se corta de raíz pasaremos del señalamiento a algo mucho más siniestro. Ojalá la cordura llegue a Cataluña para que no tengamos que lamentar alguna tragedia.

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