Marxismo y Nazismo, prohibidos: una lección de Historia alemana

Marxismo y Nazismo, prohibidos: una lección de Historia alemana

“Algún día deberíamos analizar si tienen derecho a estar en el juego político los que no creen en la unidad de España y los que no renuncian al marxismo que tantos muertos ha dejado“, dijo el lunes Iván Espinosa de los Monteros cuando estaba hablando sobre Iñigo Errejón en el programa ‘Espejo Público’ de Antena 3. Ante esta declaración, la progresía mediática y política española ha reaccionado con el histrionismo que les caracteriza titulando que “VOX quiere prohibir los partidos comunistas”. Las declaraciones del número 3 de la lista de VOX al Congreso por Madrid son una crítica que debe interpretarse leyendo su programa electoral, ya que en su punto número dos figura la “ilegalización de los partidos, asociaciones y ONGs que persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía“. Así pues, comprobamos que es una ‘fake news’, VOX no propone ilegalizar los partidos comunistas.

No obstante, merece la pena profundizar en las palabras de Espinosa de los Monteros. En la historia reciente de España se han ilegalizado partidos como Batasuna, Euskal Herritarrok y Herri Batasuna, en aplicación de la Ley de Partidos Políticos de 2002, e incluso el ex juez Baltasar Garzón ilegalizó en 2003 el PartidoComunista de España (reconstituido) PCE(r). Todos ellos fueron declarados ilegales por formar parte de las bandas terroristas ETA y GRAPO. Pero existe debate acerca de la posibilidad de que se amplíen los motivos de ilegalización imitando lo que hacen otras democracias de nuestro entorno. Así la legislación alemana permite ilegalizar los partidos que persigan perjudicar o eliminar el orden liberal democrático y/o “amenacen la existencia de la República Federal de Alemania” y en su aplicación se ha ilegalizado el Partido Socialista del Reich, de ideología nacionalsocialista y el Partido Comunista Alemán. En Francia están fuera de la ley las organizaciones que “fomenten la discriminación y propaguen el odio y la violencia raciales“, con lo que han declarado ilegales a la organización independentista Iparretarrak y a los neonazis de la Federación de Acción Nacional Europea (FANE).

La exhibición de símbolos nazis y comunistas se ha prohibido en la mayoría de repúblicas exsoviéticas, donde tantos miles de muertos causó el comunismo. La pregunta a la que debemos respondernos es, ¿tenemos que permitir que los enemigos de nuestro sistema democrático utilicen a su favor nuestras herramientas legales para, desde dentro, destruirla, como hicieron los cubanos con la democracia venezolana? Existe la opinión muy respetable de aquellos que creen que la libertad de expresión debe estar por encima del resto de libertades y se debe permitir que cualquier idea pueda ser expresada, hasta las de los que nos pretenden destruir. El filósofo austriaco Karl Popper concluyó al respecto que, por muy contradictorio que parezca, para mantener una sociedad tolerante, la sociedad tiene que ser intolerante con los intolerantes. O sea, que hay que defender la democracia de los que, aprovechándose de nuestros derechos y libertades, la pretenden destruir.

Pero lo más llamativo de este caso es que los que ahora se escandalizan son precisamente aquellos que quieren prohibir VOX, los que piden que se les aísle y se frene su entrada en las instituciones, los que declaran alertas antifascistas contra ellos e impiden violentamente que celebren sus actos. La extrema izquierda española siempre ha intentado silenciar la voz del que opina diferente incluso utilizando para ello la violencia. El partido de Santiago Abascal propone modificaciones legislativas democráticas, no violentas, que sólo se aplicarán si son votadas mayoritariamente y declaradas constitucionales por nuestros tribunales. Pero aquí los más intolerantes son los que reclaman tolerancia, esa es la paradoja de la tolerancia española.

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