El final de Maduro ¿comienza un nuevo orden multipolar?
La noticia del año recién comenzado es sin duda lo sucedido en Venezuela con la detención de Nicolás Maduro en su residencia de Caracas, mediante una operación relámpago del Delta Force estadounidense. Desde ayer, ya se encuentra junto a su mujer recluido en un Centro de Detención de máxima seguridad en Brooklyn, y también para hoy, se prevé su comparecencia ante un Juez Federal de Nueva York para conocer las acusaciones que le señalan por la comisión de diversos delitos, entre ellos y muy destacado, el de «enriquecerse durante años con planes para inundar EEUU de droga».
Las circunstancias que rodean este extraordinario suceso han despertado una polémica en EEUU y a nivel internacional, por entender en numerosas instancias, que esa actuación por orden de Trump es una violación flagrante del derecho internacional. Lo que su secretario de Estado Marco Rubio, ha calificado de una «operación policial para detener a dos narcotraficantes». En cuanto al gran despliegue aeronaval considera que es «un apoyo militar al Departamento de Justicia en su intento de arrestar a dos criminales fugitivos», para «ponerlos a disposición de la justicia».
Resulta evidente que no es fácil intentar explicar lo sucedido como una mera detención de unos prófugos de la justicia, teniendo presente además que con anterioridad se le había ofrecido a Maduro la posibilidad de exiliarse a otro país, al parecer Turquía. Dada la personalidad del detenido, presidente en ejercicio de un país como Venezuela, destacado referente de la izquierda populista, radical y extremista a nivel internacional, la polémica era inevitable. Y que desde luego, las circunstancias que acompañan a esa detención y que se van conociendo, la van incrementando. Incluyendo la hipótesis de una «detención» pactada, no ha sido un golpe de Estado para derrocar a un narcodictador reconocido, sino algo inédito hasta ahora en el ámbito de la política internacional.
El Tribunal Supremo venezolano ha nominado a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta ante la ausencia de su titular, y hoy prevé tomar posesión del cargo ante la Asamblea Nacional. Es decir que la persona de máxima confianza del narcodictador, le sustituye al frente del país, pero a la orden de Marco Rubio desde Washington. Sin duda para garantizar que la política venezolana sea la adecuada a los intereses estadounidenses.
Esta situación como decimos, es insólita en la escena internacional, y por lo mismo además de la polémica abierta respecto a si viola ó se ajusta a la legalidad internacional, requiere de varias reflexiones adicionales. Una de ellas es que se deponga a todo un Presidente de la República en su residencia mediante una operación militar por parte de un país extranjero, y para sustituirle se coloque quien era sin duda su principal colaboradora. Eso sí, a la orden del gobierno extranjero que le ha detenido.Si se hubiera promovido a Edmundo González o a Maria Corina Machado para sucederle, como virtual vencedora de las pasadas elecciones y Premio Nobel de la Paz, es decir, una mujer de prestigio y reconocimiento internacional, el escenario actual sería muy diferente. Y por supuesto no habría provocado esta polémica que no debe empañar la flagrante evidencia de que Maduro es un narcodictador, pero que está dando pretextos para oponerse a populistas, comunistas y extremistas, que en España tienen en Sumar el socio de Sánchez en la coalición de gobierno, a su máximo exponente.
El mismo Sánchez califica de flagrante violación del derecho internacional la operación de Trump, intentando coger oxígeno dado el peligro que para él significa esa operación por sus estrechas relaciones con el régimen de Maduro. Además de estas consideraciones no debe olvidarse que la geopolítica global está sometida a un Nuevo Orden Multipolar que pactaron China y Rusia en febrero de 2022 en Pekín por medio de Xi Jimping y Putin. Que sin duda aspiran a convertirse en destacados polos de ese NOM ampliando sus respectivas «zonas de influencia»: Putin con Ucrania y Xi Jimping con Taiwan. Tal parecería que Trump quiere revitalizar la «Doctrina Monroe» estableciendo que «América es para EEUU» y no «para los americanos», como estableció en 1823 aquella doctrina. En cualquier caso, con este precedente Petro, Scheinbaum, Ortega, y otros reconocidos «progresistas» tienen motivos sobrados de preocupación. Sin olvidar a Canadá y Groenlandia.