La estafa del voto útil

La estafa del voto útil

En la recién fenecida campaña electoral, el Partido Popular no dejó de repetir la necesidad de depositar nuestra confianza en sus siglas, solo siglas, apelando al mal llamado “voto útil”. Lo curioso de semejante apelación es considerar que la utilidad del voto es monopolio suyo, que ellos son quienes únicamente son merecedores de recabar la confianza del ciudadano, sin explicar el motivo por el cual, quien entienda que los planteamientos y valores expuestos por VOX merecen nuestra confianza, deposita un voto inútil, perdido, vano o estéril.

El desnortado y decadente Partido Popular no entiende que los ciudadanos cuando votan, piensan más en las consecuencias de su papeleta que en la utilidad de la elección. Y dentro de las consecuencias encontramos el riesgo. El riesgo que no asume un partido sin principios alimentado únicamente por su pasada labor de gobierno que si bien tiene luces, desde la perspectiva de hoy en día se encuentra plagado de sombras. Olvidan que el voto se gana mediante el ejemplo y la coherencia, no sólo cumpliendo las promesas electorales, no sólo no mintiendo, no sólo no corrompiéndose hasta las entrañas, sino siendo leales. Y lealtad significa coherencia, y coherencia no es ofrecer ministerios y al día siguiente vilipendiar y repudiar por fariseos intereses de escaparate de barrio.

El Partido Popular no sabe a estas alturas que el voto es tan valioso que supone una afrenta pedirlo como regalo. Por mucha teatralidad que se escenifique, sin estrategia ni principios, los dirigentes populares desconocen que el voto nunca puede ser cautivo por miedo a que gobiernen otros. No acaban de asumir que aquellos que pudiendo hacerlo, no sajaron el problema soberanista en Cataluña por miedos y complejos, que aplicaron una confiscatoria política fiscal contra sus propios votantes y miraron hacia otro lado cuando muchos de sus cargos se hincharon caídos en la putrefacta corrupción no merece hoy nuestra confianza. Y por ello debe ser castigado en las urnas sin contemplaciones, como bálsamo regenerador que les ponga ante el espejo de sus mentiras y traiciones.

Una nueva generación de votantes se ha dado cuenta de que la clase política está acostumbrada a prometer cosas que incumple sin sonrojo mientras la gente les regalaba el voto sin merecerlo. Pero el nuevo escenario político está demostrando que el voto no es suyo y que ya las prebendas y regalos por cuatro años ya no están de moda. Desconocen hoy los populares que el ciudadano no está encadenado a que sean los de siempre los que rijan su destino. No es útil aquel voto destinado a aquellos que incumplen sus promesas, a los corruptos, a los que se avergüenzan de sus supuestos valores.

Sí. Yo también apelo al voto útil. Porque el único voto útil es el que cambia las cosas y afronta con valentía, honestidad y sin complejos los problemas de una sociedad. La sociedad ya sabe que el verdadero voto útil debe ir a quien habla claro y abre nuevos caminos ante un presente incierto y un futuro desdibujado. El voto útil debe ser para aquellos que sin azorarse dan prioridad a lo importante y por lo tanto es aquel que emanan de la conciencia y se sustenta en principios inmutables, valores imperecederos y propuestas reales. Como señala el Diccionario de la RAE, útil supone aquello “Que trae o produce provecho, comodidad, fruto o interés”.

El resultado de las pasadas elecciones generales y el triunfo de la izquierda no es culpa de VOX. Es consecuencia de un Partido Popular que se ha derruido en sus traiciones, mentiras y corrupciones. Parece que no aprenden. Su huida hacia adelante tiene como medio el uso de la neblina y la confusión.

Ya lo dijo Harry Truman, ex presidente norteamericano: “Si no puede convencerlos, confúndalos”.

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