Una corrección técnica

Una corrección técnica

La Comisión Europea ha publicado sus previsiones económicas de verano. En ellas, tras el repunte conseguido en el primer trimestre, que no había tenido en cuenta, lleva a cabo una ligera mejora de dichas previsiones, de manera que mejora las emitidas en primavera de este mismo año. De esa forma, para la Comisión Europea deja el crecimiento estabilizado para la Unión Europea en 1,2% para 2019 y aplica una pequeña reducción para 2020 sobre lo previamente estimado, hasta dejarlo en el 1,4%. En el caso de España, mejora el crecimiento para 2019 en 2 décimas -había recortado previamente 3 décimas- y lo sitúa en el 2,3%, dejando invariable la previsión para 2020 en el 1,9%.

Esto podría hacernos creer que, realmente, la economía no se ha ralentizado y que la segunda parte de 2018 fue un espejismo en cuanto a representar esa posible desaceleración. Sin embargo, mucho me temo que el espejismo es esta corrección, que no deja de ser técnica y transitoria. Es técnica, porque la estimación previa del primer trimestre había sido realizada muy a la baja, partiendo del rápido deterioro económico del segundo semestre de 2018, especialmente de los últimos tres meses. Y es transitoria porque la propia Comisión estima que el crecimiento económico va a ralentizarse, creciendo una décima menos en el segundo trimestre de 2019 y dos décimas menos en los trimestres sucesivos, con desaceleración paralela del mercado de trabajo.

Eso casa con la evolución de la práctica totalidad de indicadores económicos del segundo trimestre de 2019, donde se vuelve a notar una cierta parada en la actividad y donde el mercado de trabajo está confirmando que el impulso que ha tenido en el pasado se está difuminando. Adicionalmente, y como bien considera la Comisión, hay ciertos riesgos para la economía que han recobrado fuerza, como un Brexit sin acuerdo, una subida del precio del petróleo, la incógnita de lo que puede pasar en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, ahora con una tregua, y la debilidad del sector manufacturero. Todo ello, obliga a ser muy cautos y a emprender las reformas necesarias para que la economía no se pare y resista lo mejor posible la parte bajista del ciclo económico, porque, de no hacerlo, esa desaceleración lógica de todo ciclo económico podría transformarse en algo de peores consecuencias en actividad y en empleo.

  • José María Rotellar es Profesor de la UFV, del CES Cardenal Cisneros y del Trinity College

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