La cocaína que no sorprende en Sánchez

Sánchez

En la Biblia aprendimos la parábola del mayordomo astuto, que nos dice que «el que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho». El refranero también dice que «quien miente en lo poco miente en lo mucho». La biografía de Pedro Sánchez está plagada de trampas, de mentiras y de infidelidades. Desde que empezamos a tener noticias de él descubrimos a una persona en quien no se puede confiar. Por eso nadie se sorprende de la exclusiva que está desvelando OKDIARIO, con declaraciones tanto del ex ministro y ex secretario de Organización del PSOE —actualmente en prisión—, José Luis Ábalos, como de su asesor, Koldo García, quienes nos están contando cómo Pedro Sánchez les ordenó que hicieran «desaparecer» el atestado policial levantado tras una fiesta ilegal con cocaína a granel en plena pandemia protagonizada por el ex diputado socialista Felipe Sicilia.

Al inicio de su vida pública, pillamos a Pedro Sánchez metiendo votos en una urna escondida detrás de una cortina, que nadie sabe de dónde había salido ni qué tenía dentro, tratando de falsificar el resultado del Comité Federal del PSOE, que finalmente le descubrió y le obligó a dimitir. Esto ocurrió en octubre de 2016 durante el Comité Federal de un PSOE roto por los intentos de su secretario general de pactar con podemitas, independentistas y proetarras para ser investido presidente tras las elecciones de junio de 2016. Por aquellos años también fue cuando se produjo la metamorfosis del Pedro Sánchez que decía que le quitaría el sueño tener ministros comunistas de Podemos, que lo que ocurrió en 2017 en Cataluña se podía entender como delito de rebelión y que ¡con Bildu no vamos a pactar!; que de la noche a la mañana se convirtió en un presidente del Gobierno con un vicepresidente y varios ministros comunistas, que indultaba y amnistiaba a los que antes decía que eran golpistas catalanes, apoyado en los votos de los proetarras.

Poco después nos enteramos de que su tesis doctoral también era falsa. En septiembre de 2018, OKDIARIO adelantó en exclusiva que la inmensa mayoría de aquella tesis había sido realizada con material del Ministerio de Industria por un investigador que trabajaba para ese departamento en la etapa del Gobierno de Zapatero. Y mientras en todas las democracias occidentales los políticos que son acusados de plagiar sus tesis doctorales dimiten inmediatamente de sus cargos, Sánchez anunció cinco meses más tarde que sería el candidato del PSOE en las elecciones convocadas para abril de 2019. Pero todo esto se queda en nada si pensamos en que Pedro Sánchez se casó con la hija de un chulo de putas; que hay quien cuenta que Begoña Gómez era la contable de los puticlubs de su padre; y que su suegro les regaló un piso que les había comprado con el dinero manchado del sudor y de las lágrimas de las prostitutas a las que explotaba.

Con estos antecedentes ya nadie se puede sorprender de lo que ahora cuentan Ábalos y Koldo. El tipo que ganó unas primarias recorriendo España montado en un Peugeot 407 junto a un portero de puticlubs y un cliente compulsivo de prostitutas, ambos ahora encarcelados, y un cuarto acompañante que acaba de salir de prisión provisional acusado de corrupto. El de la tesis doctoral fake. El que intentaba meter votos en una urna escondida detrás de una cortina. El que engañó a sus votantes haciendo, cuando fue presidente, todo lo que prometió que no haría cuando era candidato. Y el que se casó con la hija de un chulo de putas que les pagó su casa. De un tipo con un currículum así a nadie le extraña que le ordenara a la policía que se olvidara de haber pillado a uno de sus diputados, en plena pandemia, celebrando una fiesta con cocaína a granel. El que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho; y quien miente en lo poco, también miente en lo mucho. De Pedro Sánchez ya todo el mundo sabe que se puede esperar siempre todo lo peor.

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