Ciudadanos se va a morir por lisis

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La lisis es en biología una ruptura; la membrana de la célula, que es su única barrera, su solo contrafuerte cara al exterior, se abre en canal, y la célula en definitiva se va a freír espárragos. Esta misma semana, un médico, todavía afecto a la causa política de Ciudadanos, me colocaba este ejemplo para profetizar, más o menos, la suerte, mejor dicho, la desgracia, que iba a sufrir su partido si su lideresa, la desconcertante Arrimadas, continuaba cuesta abajo en la rodada, pactando, como sigue haciendo, con el felón Sánchez. Como este médico, tentado siempre de meterse en política (“afortunadamente-dice- mi mujer me sujetó a tiempo”) moran aún en esta formación, que un día decidió apodarse de liberal, militantes distinguidos, varios dirigentes, que ya piensan razonablemente en su futuro. En, lisa y llanamente, que hacer si, como reiteradamente aparece en los sondeos, Ciudadanos se va a quedar en la práctica para vestir santos en las próximas elecciones regionales de Cataluña.

El médico en cuestión, apoderado que fue en varias mesas electorales, o sea que estuvo muy comprometido con Rivera y después con Arrimadas, deja por un momento su referencia científica, y añade, muy pegado al terreno: “Esto camina directamente a la disolución”. Su previsión puede ser todo un aviso, porque la citada Arrimadas ni acierta una, ni sus decisiones guardan la menor coherencia. Atención al dato: hace sólo unos días, la presidenta transmitió a sus terminales en el partido (o sea, dos o tres adeptos) que su pacto con el falaz Sánchez para los Presupuestos Generales estaba cerrado sin discusión, más clausurado que los bares del país. Y ya se sabía por entonces que Celáa, la niña pija de Neguri convertida en activista de la liberación leninista, había decretado la expulsión de su lengua -la de sus mayores que no saben ni decir “gabon” en vascuence- de Cataluña y hasta de su propio País Vasco. El chulo del barrio, Rufián (¡qué apellido el suyo, es premonitorio!) le había ordenado al aún presidente del Gobierno tamaño desatino y éste, sin otro objetivo que utilizar el avión a tutiplén, obedeció sin rechistar: milenios de castellano a la basura.

Todo estaba atado y bien atado y Arrimadas, que no es tan tonta en política como algún otro portavoz de su Grupo, lo sabía; y lo peor, no había puesto el menor inconveniente a la abyecta maniobra, pero los escasos suyos que aún le quedan, le mordieron la carótida y la infortunada Arrimadas se puso por una vez en jarras, y clamó: “Si matáis la lengua, os quedáis sin mi voto”. A la desesperada, y parece que ya tarde. En Ciudadanos la presidenta solo encuentra refugio para sus malas andanzas en un señor de apellido Cuadrado, de nombre Carlos, ¡qué le vamos a hacer! Los demás, los que aún quedan al cobro de la soldada, que no es poca cosa, y los que se han fugado, o están a punto de hacerlo, guardan a la jefa idéntica consideración que el leninista Iglesias a Felipe VI, pongamos por ejemplo y sin herir demasiado dadas las circunstancias del momento. Ya no reconocen en ella a la muchacha casi heroica a que llegó a comerles la merienda a los separatistas catalanes; ahora, no, ahora son sus socios votación tras votación.

Cuadrado es el amo del ring ciudadano, le acompaña de escudero otro que tal baila, un señor que atiende por Espejo, un oscuro funcionario que sirve con ventaja a su señora. Aporta menos ideas que Isco al Real Madrid. Cuadrado, un empresario textil que no ha dejado en Brasil precisamente buenos recuerdos, manda desde el rincón de pensar, según el parece reconocer. Siempre en segunda fila, eso sí, no vaya a ser que el personal empiece a reconocerle por la calle y le culpabilice de los desmanes que está cometiendo su protegida Arrimadas. Es curioso, fíjense: en Ciudadanos siempre ha habido dos almas, la estupidez que ciertos denominan “sensibilidades”. Una más cercana a la derecha, o sea, más o menos el Partido Popular, y otra claramente socialdemócrata, en la que se incluye el curioso Garicano. Pues bien, ahora las dos partes están unidas por un solo hecho: el horror que les produce la estrategia diseñada por Arrimadas. A este respecto, un antiguo diputado del partido, previene: “Tras Cataluña va a ver corrimiento general” y añade chuscamente: “Casi todo el mundo coqueteará con el PP, salvo, claro está, Ignacio Aguado, que intentará que Sánchez le pague en el PSOE los servicios prestados”.  Ahora Ciudadanos no es ya un partido, es una oficina de intereses, un “lobby” al estilo del PNV, que ensaya la jugada de hacer favores desde la minoría, para que otros se los reconozcan. Esto queda de un partido que pudo gobernar en España. Está muriendo por lisis, todas sus proteínas están esperando la hora de la fuga. Puede morir al estilo del CDS de Adolfo Suárez o de la UPyD de Rosa Díez. Por lisis, porque la célula se quede hecha unos zorros. Este es el partido que pudo ser y ahora no es más que una franquicia del sanchismo más repulsivo, el que pacta con los terroristas.

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