El ‘buen nacionalista’ catalán no existe

El ‘buen nacionalista’ catalán no existe
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Hay una querencia, manía u obsesión por parte del Madrid político, económico y mediático en encontrar al ‘buen nacionalista’ catalán, a una especie de Jordi Pujol versión 2.0, si puede ser sin tendencia al 3% (aunque es lo de menos, todo se puede perdonar), que no sea separatista, que mantenga las rebeldes provincias del noreste en orden y que sea lo suficientemente ‘sensato’ para tocar lo menos posible las narices a la Villa y Corte a cambio del correspondiente diezmo para el clientelismo local.

Recuerden cómo Artur Mas, con su pinta de jefe de planta de unos grandes almacenes, consiguió tomar el pelo a muchos en la capital como si fuera parte de la solución, cuando él había generado el problema impulsando el ‘procés’ para tapar la corrupción y acallar las protestas por sus recortes (que fueron más profundos que los que aplicó Mariano Rajoy). Tuvo que ser la Justicia condenándolo a inhabilitación, y el veto de la CUP, los que le quitaran de en medio, porque un amplio sector del Madrid político y mediático le hubiera comprado hasta un coche sin frenos.

Como Carles Puigdemont, con su pinta de ‘beatle’ medio pirado, nunca inspiró confianza suficiente para ser el ‘buen nacionalista’, algunos pensaron que Mossèn Oriol Junqueras, con sus formas a medio camino entre un mal sacerdote engañaviejas y un vendedor de crecepelo, sí podía ser ese dirigente “sensato” y con “visión de Estado” que trajera la “paz” a una Cataluña en plena rebelión secesionista.

Del “masaje” que Junqueras dio a la entonces vicepresidenta Sáenz de Santamaría, del ‘debate’ que tuvo con el entonces ministro Margallo y las toneladas de artículos madrileños alabando su voluntad de hombre de gobierno y de pacificador de la insurrecta Cataluña secesionista nos acordamos todos. El de ERC era un hombre ‘razonable’ con el que se podía debatir y dialogar.

Luego llegó el golpe de Estado del 1-O, la DUI del 27-O y parecía que todo estaba claro. Ni Junqueras, ni Rull, ni Puigdemont, ni Rovira, ni la momia incorrupta de Francesc Macià. No hay un nacionalista catalán ‘sensato’. Llegó la prisión preventiva, las toneladas de lazos amarillos en las calles y edificios públicos, la matraca del “Free Junqueras” y “Libertad presos políticos” y aún quedaban ingenuos que defendían a ERC como una opción razonable y dialogante que el espacio neoconvergente de Torra y Puigdemont.

Llegó el veto de Esquerra a los presupuestos, las elecciones generales, el nuevo veto de ERC a Iceta en el Parlament y todavía se seguía defendiendo que el ‘buen nacionalista’ podía ser alguien del partido de Junqueras. Pero mientras Gabriel Rufián se dejaba en el armario su traje de provocador y su colección de impresoras y daba lecciones de ‘sensatez’ a toda la izquierda, líderes como Torrent o Aragonès no hacían más que incitar a sus seguidores a defender la República Catalana.

Como el nacionalismo ha visto que ‘Madrid’ sigue buscando al ‘buen nacionalista’ y desea comprar cualquier mercancía, por averiada que esté, que calme el ambiente político catalán, los restos del espacio neoconvergente se intentan organizar. Por una parte, están los que se definen como ‘catalanistas no independentistas’, agrupados en formaciones como Lliures, Convergents, la Lliga Democràtica y cualquiera que tenga un minibús y unos cuántos amigos amantes de la conspiración.

Estos se reunieron este miércoles y se fijaron como objetivos el reconocimiento de la "identidad nacional" de Cataluña y la defensa de su "singularidad"; el "ejercicio pleno" de las competencias del Estatuto de autonomía; lograr una "fiscalidad propia" con "contribución leal y solidaria al progreso de España"; hacer de Cataluña el "motor económico" del Estado; y la promoción de la creación de riqueza y la defensa de los autónomos y la pequeña y mediana empresa.

Vamos, el sueño de parte del Madrid político, un ‘buen nacionalismo’ catalanista, con sensatez económica y sin ser independentista. Lástima que pocas horas antes de esta reunión de los náufragos del neoconvergentismo una de sus impulsoras iniciales, la concejala de Barcelona Eva Parera, explicara la auténtica agenda oculta del nuevo invento: conseguir votos de catalanes no secesionistas que podrían ponerse al servicio de investir “un Govern alternativo que sería un tripartito con presencia de un partido claramente independentista como es ERC”, o plantear un “referéndum acordado”.

Del otro intento de recoser el espacio convergente, que se reunirán este sábado en el monasterio de Poblet, mejor no confiar demasiado. Si la esperanza son personajes como el ex diputado en el Congreso Carles Campuzano o la ex coordinadora general del PDeCAT Marta Pascal, que no han sido precisamente heroicos para plantar cara al desafío secesionista, estamos más que apañados.

Resumiendo, el ‘nacionalista sensato’ no existe. En un Estado democrático y de derecho como España solo cabe el respeto a las normas, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la lealtad institucional.

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