Apuntes incorrectos

Ayuso y la izquierda que no soporta el éxito

Ayuso y la izquierda que no soporta el éxito
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  • Miguel Ángel Belloso

Mi gran amiga Maravillas, una izquierdista recalcitrante que votará indefectiblemente a Sánchez en las próximas elecciones así se hunda el país, tiene dos obsesiones. Empezando por la segunda, esta es Santiago Abascal, al que no soporta. No le perdona que, según dice, no haya trabajado nunca en lugar decente, que se haya comprado un chalet de más de un millón de euros en ese barrio maravilloso de Madrid que es Hortaleza -lo de Galapagar es algo menor, claro está- y para ella la violencia terrorista que ha padecido y que todavía sufre el líder de Vox y su familia es un invento, un ejercicio de victimismo que no cuela, y del que se aprovecha Abascal para seducir a los incautos, que no es su caso.

Que te pinten con amenazas el colmado de tu padre; que antes, en los años de plomo te lo incendiaran, que tuvieras que llevar escolta, mirar los bajos de tu coche cada mañana e incluso portar un arma por si acaso, son menudencias, banalidades; que “eso ocurrió hace ya mucho tiempo, y si Abascal no fue liquidado por ETA en su momento” es porque aquellos cachorros asesinos cargados de razones, además de pistolas, tenían preocupaciones y objetivos más notables.

Ya se darán cuenta de que se puede ser aberchale incluso siendo de Zamora y viviendo en Madrid como mi amiga. Pero la primera obsesión de Maravillas, la que le quita el sueño, es Isabel Díaz Ayuso. La presidenta de la Comunidad es su principal enemigo “porque es tonta, porque cada vez que habla sube el precio del pan, porque es ancha de caderas y lleva la falda siempre alta o los vestidos con un cinturón arriscado para sujetarle bien los pechos” y porque, en su opinión, es el compendio del desorden físico y político, un adefesio corpóreo e intelectual comparado con el galán que nos gobierna sumiéndonos paso a paso en la miseria económica y en la podredumbre moral.

Todas estas cosas se las escucho a diario a Maravillas tomando el aperitivo en el bar de nuestro común amigo Klever, otro izquierdista delirante, que sostiene que una cosa es el que te da comer y otra muy distinta el que te alimenta intelectualmente con veneno. La vida es así de insólita. Mientras en el 90% de España los bares y los restaurantes están cerrados a cal y canto, en Madrid podemos libar y almorzar o cenar a discreción hasta las doce de la noche.

Pero ¡quiá!: cómo estos sucesos tan apoteósicos por comparación con el renovado confinamiento en el resto del país van a debilitar nuestros prejuicios y nublar nuestra mirada hostil a los que hemos declarado previamente enemigos irreconciliables.

Viene a cuento este desparrame seudo literario porque, de manera sorprendente e incomprensible para los tarugos de la izquierda, los gobiernos europeos están realmente sobrecogidos por la eficacia demostrada por Ayuso en la contención de la epidemia. Por el momento, claro. ‘Die Welt’, uno de los periódicos alemanes más prestigiosos, habla del milagro de Madrid: «Los investigadores están asombrados y no encuentran una explicación correcta del fenómeno»

Alemania vive uno de los peores momentos de la pandemia de coronavirus con el aumento de los contagios y la adopción de medidas cada vez más estrictas, pero la prensa de allí, que no tiene los prejuicios que la nativa, se ha fijado en los últimos días en cómo se hace la gestión en otros países como España; en especial en la Comunidad de Madrid.

La DPA, la principal agencia de noticias de Alemania, ha elaborado un reportaje en el que se pregunta qué diferencia a Madrid de otras regiones. Y responde: «La principal diferencia es que no acordona toda la región o ciudades y municipios enteros, sino solo distritos más pequeños que tienen un gran número de contagios».

Recuerda el reportaje que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, fue acusada de impotencia e inacción e incluso que se llegó a afirmar que estaba políticamente muerta. Pero la agencia de noticias concluye ahora que Ayuso es ‘portadora de esperanza para el PP’. Madrid ha sido el epicentro de la pandemia, pero sus datos llevan días mejorando aceleradamente.

A la prensa alemana le llama la atención que los contagios disminuyan mientras los bares y restaurantes permanecen abiertos. La pregunta es qué hace Madrid que sea diferente. El epidemiólogo José Jonay Ojeda apunta a las pruebas de antígenos como una de las claves, y ahora el ministro Illa parece favorable a que estas se puedan hacer masivamente en las farmacias.

El corolario es bastante simple. Díaz Ayuso, la tonta del bote según mi amiga Maravillas y Klever, el dueño del bar donde nos solemos encontrar, ha obrado una suerte de milagro: ser la comunidad con más densidad de población del país y en la que los contagios han iniciado una curva descendente al tiempo que la hostelería permanece abierta y la vida económica prosigue vigorosa, dentro de las circunstancias.

De manera que la gestión, aquella a la que se ha agarrado siempre el PP como un clavo ardiendo, y que le ha permitido gobernar la Comunidad de Madrid desde hace décadas, así como el Ayuntamiento de la capital -salvado el episodio excremental de Manuel Carmena-, sigue dando frutos. O por decirlo de otra manera, continúa dando quebraderos de cabeza al remedo de dictador que tenemos instalado en la Moncloa.

Hay otras cuestiones por la que los socialistas y la izquierda ‘podemita’ no puede soportar a Ayuso. Esta es que ha hecho un digno seguidismo de las políticas que siempre han sido santo y seña de este territorio esencialmente libre y acogedor: gastar menos de lo que se ingresa y reducir todo lo posible los impuestos. Bajar impuestos siempre le ha venido bien a Madrid.  No sólo a sus ciudadanos, que se benefician de la menor presión fiscal de la nación, sino también a las arcas regionales, que en 2019 ingresaron más a pesar de haberse puesto en marcha nuevas bonificaciones en varios tributos.

Ayuso es la principal responsable de cuidar la herencia de la colosal Esperanza Aguirre, y cuenta para ello con un consejero de Hacienda de primera categoría como Javier Fernández-Lasquetty, que en tiempos de Aguirre se ocupó de construir más hospitales que nunca y de otorgar la gestión de algunos de ellos a la iniciativa privada, para beneficio y satisfacción de los ciudadanos, aunque ello supusiera ganarse la condena a muerte de toda la piara izquierdista que no sabe sumar dos más dos, que disfruta chapoteando en el lodazal y que trabaja siempre en contra del interés general.

De acuerdo con los datos de Fernández-Lasquetty, se ha ingresado en Madrid un 3,9 por ciento más por impuestos en los que se aplicaron rebajas el pasado ejercicio. En 2019 entraron en marcha las bonificaciones en los impuestos de Sucesiones y Donaciones, Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.

En el caso del impuesto de Sucesiones y Donaciones, la nueva norma favorecía a tíos, sobrinos y hermanos. A cierre del ejercicio, se recaudaron un total de 508 millones de euros, un incremento del 23,5% por ciento con respecto a 2018. Y lo mismo ha ocurrido con Transmisiones Patrimoniales, que se ha anotado un aumento en la recaudación del 4,4%, hasta alcanzar los 1.156 millones de euros, pese a la menor actividad registrada en el sector inmobiliario.

Yo pienso modestamente que esto es una gesta que confirma la famosa tesis de Arthur Laffer de que bajar los impuestos acaba potenciando la recaudación; que es una gesta que reivindica la eficacia de las tesis liberales frente al aciago retorno del keynesianismo, que desgraciadamente vuelve a estar en boga. Quizá la élite intelectual progresista esté encantada. Quizá piensa fatuamente que está volviendo a ganar la batalla a lo que ellos llaman neoliberalismo.

Error. Me temo que jamás podrán satisfacer por igual a los tíos, los sobrinos, los hermanos y los que comercian con bienes inmuebles, que están encantados de que la señora Ayuso gobierne Madrid ayudada por Vox, aún con las deslealtades y traiciones de Ciudadanos.

A pesar de lo que digan la Comisión Europea o el FMI, instituciones que se rigen por la inmediatez de los resultados y que desconfían de gobiernos temerarios como el de Sánchez -postulando soluciones rápidas e inmediatas para aplacar el déficit rampante-, reducir impuestos no equivale automáticamente a perder ingresos en la misma proporción, como se ha vuelto a comprobar en 2019 en la comunidad más próspera de España.

Suele ocurrir justamente lo contrario. Madrid lleva 16 años bajando impuestos, ingresando cada vez más, creciendo por encima del resto de las regiones del país y ahorrando a los ciudadanos de la autonomía más de 48.000 millones de euros en todo el periodo.  Afortunadamente, la presidenta Díaz Ayuso mantiene la intención de continuar impulsando rebajas fiscales en los próximos presupuestos regionales. ¡Chapeau!

Éstas son las señas de identidad de un territorio que, gracias a sus gobernantes, con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos, aspira a seguir siendo libre, abierto y justamente gravado, aunque por desgracia muchos de sus habitantes, como mis amigos Maravillas y Klever, prefieran ser siervos sojuzgados o esclavos de la fantasía socialista que solo genera asistencialismo, dependencia y pobreza allí donde se pone en práctica.

Para un personaje tan vanidoso, soberbio, ignaro y sectario como Sánchez, para un leninista puro y un terrorista intelectual como Iglesias, Madrid es un sapo difícil de tolerar, es una historia de éxito insoportable. La mayor parte de los que vivimos aquí estamos sin embargo encantados.

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