Los algoritmos que fallan en Twitter

Los algoritmos que fallan en Twitter
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Donald Trump acaba de denunciar que Twitter suspende cuentas injustamente y el CEO de la compañía, Jack Dorsey, ha declarado que su red social se ha convertido en un lugar hostil donde el diálogo entre usuarios se ve ensombrecido entre noticias falsas, discursos de odio y acoso.

Los expertos siempre han dudado de la capacidad de la empresa para rentabilizar su número de usuarios, porque en Twitter se dialoga poco y se insulta mucho y las empresas no quieren anunciarse en una red que más parece un bar de borrachos. Esto es así en parte porque una de las características que distingue a Twitter de otras redes sociales es la existencia de usuarios anónimos que usamos un seudónimo, como Liberal Enfurruñada, que se permiten para que las opiniones disidentes se expresen libremente, sin miedo a represalias.

Pero una consecuencia del anonimato es que favorece la impunidad de los comportamientos abusivos. Lógicamente Twitter intenta evitarlo, pero no puede tener un ejército de empleados leyendo los tuits de sus más de 335 millones de usuarios activos, por lo que esta tarea la desarrollan algoritmos informáticos aún no suficientemente eficaces, lo que ha permitido la aparición de grupos organizados que usan estos deficientes algoritmos para manipularlos tramposamente.

Uno de los primeros de España en utilizar en beneficio propio este sistema de reportes fue el podemita converso al Islam Ibrahim Miguel Angel Pérez. Un funcionario de la Generalidad, experto en gestión de subvenciones, que fundó la asociación Musulmanes Contra la Islamofobia para “visibilizar la violencia racista“.

En el entorno de su perfil de Twitter surgieron una gran cantidad de cuentas anónimas, trolls que se dedicaban a provocar a otros usuarios con el objetivo de obtener de ellos respuestas airadas que posteriormente reportaban masivamente por islamofobia, consiguiendo así la suspensión de la cuenta del reportado.

Cuantas más cuentas conseguían que Twitter suspendiera con sus provocaciones, más visible se hacía el falso problema de la islamofobia y más subvenciones pedía el converso, quien muchos sospechamos que estaba detrás de estas cuentas trolls. Y relacionado con ese primer grupo surgió posteriormente otro en el entorno de Rubén Sánchez, vicepresidente y portavoz de la asociación de consumidores FACUA.

Este otro podemita sevillano, muy activo en Twitter, ha sido descubierto usando bots para falsear la difusión de sus tuits y no somos pocos los que pensamos que mantiene varias cuentas anónimas desde las que se promociona. En su entorno ha surgido un segundo grupo de trolls que se dedican a usar los fallos de los algoritmos de Twitter para conseguir que se suspendan injustamente cuentas de aquellos que opinan distinto a él, o que se atreven a criticar a Rubén.

Usan un formulario que Twitter tiene disponible a través de una página web, haciéndose pasar por algún amigo de aquel que quieren que sea suspendido, para reportar por acoso todos los tuits en los que el denunciado haya contestado a su amigo. Como el algoritmo de Twitter es tan malo cualquier palabra que pueda tener un doble sentido la interpretará incorrectamente y el denunciado se verá sancionado injustamente.

Lo sé porque me lo hicieron a mí. En un lado de la balanza se encuentra la libertad de expresión, que resulta perjudicada cuando un usuario es suspendido injustamente. Y en el otro lado está el derecho a poder conversar sanamente sin ser acosados. Es evidente que con sus algoritmos actuales Twitter no puede garantizar que las denuncias sean estudiadas correctamente y teniendo que elegir entre que me insulten y me acosen o que me cierren la cuenta por una denuncia falsa, yo prefiero que Twitter suspenda estos procesos de reportes, que ya me ocuparé yo de defenderme de Rubén Sánchez y sus “amigos”.

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