Opinión

Manuela Carmena no puede homenajear a una víctima del comunismo

Finalmente Manuela Carmena va a colocar, a regañadientes, una pancarta en el ayuntamiento en homenaje a Miguel Ángel Blanco, como le había pedido la asociación Movimiento Contra la Intolerancia. Dicha asociación la preside Esteban Ibarra, quien fue detenido en 1975 como presunto miembro del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota), grupo terrorista creado en 1973 por el Partido Comunista de España (m-l), que asesinó a varios policías y guardias civiles. Esteban Ibarra ahora preside una asociación que recibe millonarias subvenciones para luchar contra el racismo y la xenofobia desde posiciones ideológicas de izquierda. Pero a Carmena le cuesta reciclarse, sigue igual que cuando en 1977 se presentó a las elecciones en las listas del Partido Comunista.

Al principio se negó. La excusa fue mala: “Supondría destacar a una víctima sobre las demás, lo que no parece procedente”. Además, añadió que el “Ayuntamiento de Madrid condena y repudia todos los actos de terrorismo y apoya a todas las víctimas sin distinción.” Con esta misma frase que repiten en todas partes, los socios de los bilduetarras intentan hacer que cale el mensaje de que todas las víctimas son iguales, para que la lucha armada de ETA acabe con un empate entre víctimas y verdugos. Pero, finalmente, la presión ha hecho que haya tenido que claudicar y, de mala gana, poner la pancarta que le exigen los madrileños.

Y es que en la fachada del Ayuntamiento de Madrid vemos colgada permanentemente una pancarta de acogida a los refugiados Welcome Refugees, y hemos visto otra contra la violencia machista, así como la bandera del orgullo gay, la de la segunda república y hasta una bandera indígena wiphala para conmemorar el 12 de octubre. Miguel Ángel Blanco es, efectivamente, una más de las casi mil víctimas mortales de ETA, pero también es un símbolo que representa, por un lado, el que se dio en llamar ‘espíritu de Ermua’, que supuso un antes y un después en el enfrentamiento social contra la banda asesina comunista. Y por otro lado, también representa la brutalidad, la crueldad infinita y la falta de humanidad de los sanguinarios asesinos etarras. Miguel Ángel Blanco es un mártir de la resistencia contra el terrorismo, es nuestro héroe, y es por ello, un símbolo que desagrada a Carmena.

Porque la alcaldesa comunista, con mucho gusto, colocó una placa en honor al ultraizquierdista Carlos Palomino, asesinado por un neonazi cuando acudía a boicotear una manifestación de la ultraderecha. Y también rindió de buena gana, homenaje a los abogados laboralistas asesinados en el despacho de Atocha y con ellos no hubo ningún problema en destacarlos con sus nombres y apellidos sobre el resto de las víctimas. Homenajeó muy gustosa al batallón de ‘La Nueve’, integrado por excombatientes del bando republicano, que tomaron parte en la liberación de París, aunque en dicho homenaje se destacó a Rafael Gómez, el último superviviente de la unidad. También un concejal de Carmena, Mauricio Valiente, asistió al homenaje al tirano Fidel Castro sin que eso le supusiera ningún problema a la alcaldesa. Y Ahora Madrid homenajea a ‘Alfon’, antifascista condenado por llevar explosivos a una manifestación. Así que parece que la dificultad para Carmena no está realmente en personalizar los homenajes, sino que lo que le pasa a ella es que Miguel Ángel Blanco, además de guipuzcoano y español, hijo, novio y amigo, albañil, economista y roquero; también era concejal del PP. Precisamente por ser del PP es por lo que lo asesinaron los comunistas de ETA y por eso a la alcaldesa le cuesta rendirle homenaje. Porque Miguel Ángel Blanco es, para Carmena, uno del PP al que asesinaron comunistas como ella, terroristas a los que, cuando era juez, excarcelaba como quien hace churros.

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