Elecciones europeas en Reino Unido

Elecciones europeas en Reino Unido

En estas mismas páginas ya comenté hace siete meses que el Reino Unido acabaría votando en las elecciones europeas de este mes de mayo. Y finalmente contra todo pronóstico así va a ser. La torpeza en la gestión del Brexit por parte de Theresa May, quien pasará a la historia junto con David Cameron como uno de los más nefastos dirigentes del país que hace poco menos de hace 100 años era un modelo para todos los europeos, sobre todo en su lucha frente a las amenazas procedentes del fascismo, nazismo y  comunismo. Ser primera potencia exige ejemplaridad y responsabilidad en la forma de relacionarte con el resto del mundo, pero ni Cameron en su momento, ni May ahora, han sabido estar a la altura de líderes como Tony Blair o Margaret Thatcher.

Cuando el Reino Unido ha estado dirigido por grandes políticos como Churchill o Lloyd George, a mi juicio los mejores estadistas británicos del siglo XX, la Union Jack es respetada en cualquier rincón del planeta. Pero cuando llegan al poder esos líderes obtusos, grises y fatuos, como así ha sido desde la marcha de Blair, la influencia británica languidece por completo. El propio Kissinger hizo mención de esta clase de comportamientos en su obra “Diplomacia” para referirse al dirigente conservador de mediados de siglo pasado, Harold Macmillan: “Macmillan
fue el primer ministro británico que tuvo que enfrentarse explícitamente a la penosa realidad de que su país ya no era una potencia mundial. Churchill había tratado con los Estados Unidos y con la Unión Soviética de igual a igual. (…) Pero cuando Macmillan se enfrentó a la crisis de Berlín, ya no podía sostenerse la ilusión de que Gran Bretaña, por sí sola, tuviese capacidad para modificar los cálculos estratégicos de las superpotencias”.

Estados Unidos, como primera gran potencia, puede permitirse el lujo de anunciar que abandona cualquier foro de carácter multilateral porque enseguida surgen países dispuestos a entender las quejas norteamericanas y se muestran dispuestos a arrimar su hombro para satisfacer las pretensiones de la Casa Blanca. El caso de la OTAN y de su financiación son un buen ejemplo. Nadie se atreve a decir a Trump que no piensa contribuir con un céntimo más a las arcas de la Alianza Atlántica. Sin embargo, no ha habido país europeo dispuesto a empatizar con los británicos. Y esto es una demostración viva de que los conservadores británicos siguen rigiéndose bajo métodos caducos, como le ocurrió también a Macmillan.

El mismo problema lo tienen en el otro lado los dirigentes comunitarios, con Jean Claude Juncker a la cabeza como presidente de la Comisión Europea, que a estas alturas admite haber cometido el grave error de no haber defendido los valores europeos en territorio británico en los días previos al referéndum del Brexit. Quizás habría que recordarle que a posteriori se ha limitado a culpabilizar de todo a los manidos populismos cuando el euroescepticismo no es ni más ni menos que una creación del ‘establishment’ comunitario en el que él vive instalado desde hace años.

Mal hará la nueva Comisión Europea que surja tras los comicios de mayo en no renovar un discurso que sólo favorece a quienes quieren la fractura definitiva entre los europeos. Lo que la crisis financiera de hace diez años no consiguió, los líderes europeos van camino de lograrlo si siguen gestionando de espaldas a la ciudadanía. Feliz Día de Europa.

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