Insectos

Por raro que parezca, la ciencia lo avala: el escarabajo que devora la toxina de un árbol y la usa en defensa propia

Ips typographus, escarabajo, insecto, animal
Ips typographus. Imagen: Gilles San Martin.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El mundo animal no deja de sorprender y, cuando se trata de variedad, es difícil hacerse una idea. En ese contexto destacan los escarabajos, uno de los grupos con más especies del planeta, con estimaciones que van de 5 a 30 millones.

Según indica el estudio Detoxification of conifer antimicrobial defenses promotes entomopathogenic fungus infection of bark beetles, liderado por Ruo Sun, una especie concreta hace algo poco habitual: ingiere las toxinas defensivas de un árbol y no muere, sino que las transforma en un escudo propio.

Este es el curioso escarabajo que devora la toxina de un árbol y la convierte en defensa

El protagonista se llama Ips typographus, el escarabajo de la corteza del abeto europeo. Vive donde casi nadie lo puede ver, bajo la corteza, excavando en el floema, la capa interna por la que circulan nutrientes. Ahí mastica y avanza, y en ese recorrido se traga también los compuestos fenólicos que el abeto utiliza como defensa contra hongos.

En un árbol como el abeto rojo (Picea abies), esas sustancias funcionan como una barrera química para frenar infecciones. Lo interesante, según detalla el trabajo, es que el escarabajo no se limita a resistirlas, sino que las utiliza a su favor.

Su metabolismo las «retoca»: rompe la parte azucarada de ciertos compuestos (glucósidos fenólicos) y deja libres sus formas llamadas agluconas. Y esas agluconas, en términos prácticos, se comportan como antimicrobianos más potentes.

Dicho de otra forma, el insecto convierte la defensa del árbol en munición propia. Al moverse por galerías cargadas de esporas, mohos y microorganismos oportunistas, esa química extra le da margen para protegerse a sí mismo y a su descendencia. Según indica el estudio, esa transformación ayuda a frenar hongos patógenos que el escarabajo encuentra en su entorno inmediato.

Esta estrategia también ayuda a entender por qué un insecto tan pequeño puede resultar tan problemático cuando las condiciones del bosque se vuelven favorables para él. En años cálidos y secos, con árboles estresados, Ips typographus encuentra más oportunidades para colonizar.

Por qué el hongo consigue infectar al escarabajo pese a su defensa química

Por otro lado, el estudio aclara que el escarabajo no está a salvo del todo. Uno de sus enemigos naturales, el hongo Beauveria bassiana, ha desarrollado la capacidad de neutralizar esa defensa química y seguir infectándolo.

Según describe el equipo, el hongo aplica una ruta de desintoxicación en dos pasos. Primero vuelve a «azucarar» esas agluconas mediante un proceso de glicosilación y, después, las modifica de nuevo con una metilación.

El resultado son derivados que ya no resultan tóxicos para el hongo y, además, resisten las enzimas del escarabajo que normalmente cortarían ese azúcar para reactivar el compuesto antimicrobiano. Así, el patógeno entra, progresa y consigue infectar.

Los autores comprobaron que, al anular los genes del hongo responsables de esa vía, las cepas mutantes se debilitaron, crecieron peor en presencia de esos compuestos y perdieron capacidad para matar a los escarabajos.

Esta relación entre árbol, escarabajo y hongo tiene una aplicación clara. Si se identifican cepas de B. bassiana capaces de neutralizar la defensa química del insecto, el control biológico puede ajustarse mejor y ser más eficaz en el bosque.

Asimismo, recuerda una idea básica de la ecología: las defensas químicas no son fijas, pasan de un organismo a otro, cambian y acaban marcando quién resiste y quién no.

Lo último en Naturaleza

Últimas noticias