Emergencia

Alerta máxima en EEUU: se vierten en el río de Washington 900 millones de litros de aguas negras con residuos

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Río Potomac. Imagen de Quercus montana, Wikimedia Commons, CC.

Un vertido de casi 900 millones de litros en el río Potomac puso en alerta a Washington D.C. tras la descarga masiva de agua contaminada con residuo sin tratar. El episodio, considerado el mayor de este tipo registrado en Estados Unidos, activó una intervención federal ante el riesgo ambiental y sanitario.

Desde el 19 de enero de 2026, se han liberado más de 900 millones de litros de desechos al principal curso fluvial que atraviesa la capital estadounidense. La magnitud del incidente no solo expone la fragilidad de la infraestructura urbana, sino que también reabre el debate sobre la protección de los ecosistemas estratégicos del país.

Trump ordena intervenir el Río Potomac tras el vertido histórico

El presidente Donald Trump dispuso que las agencias federales asuman la gestión de la emergencia ambiental. La decisión implica la coordinación a través de FEMA para contener el flujo de aguas residuales, monitorear la calidad del agua y reducir el impacto ecológico.

El origen del desastre fue el colapso del Potomac Interceptor, una tubería de gran tamaño ubicada en el condado de Montgomery, Maryland. El sistema cedió cerca de la Clara Barton Parkway, permitiendo que millones de litros de aguas residuales fluyeran directamente hacia el río. Con el paso de los días, el volumen acumulado convirtió el episodio en el mayor vertido de esta naturaleza en la historia del país.

La intervención federal desplaza el liderazgo local y activa protocolos de emergencia ambiental a nivel nacional. Esto incluye evaluación técnica de daños, despliegue de equipos especializados en manejo de aguas contaminadas y supervisión continua en toda la cuenca.

Impacto ambiental y riesgos para la población

Las aguas residuales liberadas no contienen únicamente materia orgánica. Transportan bacterias como E. coli, nutrientes que favorecen la eutrofización, residuos de productos químicos domésticos, metales y microplásticos. Cuando estos elementos ingresan en grandes cantidades a un río, el equilibrio ecológico se altera de forma inmediata.

Uno de los efectos más críticos es la reducción del oxígeno en el agua. El exceso de nutrientes estimula la proliferación de algas y microorganismos que consumen oxígeno durante su descomposición. Como consecuencia, peces y otras especies acuáticas pueden morir por asfixia, generando zonas donde la vida prácticamente desaparece.

Las autoridades aseguraron que el suministro de agua potable de Washington D.C. continúa siendo seguro, ya que se capta río arriba del punto de vertido. Sin embargo, se prohibió el contacto recreativo con el agua debido a niveles elevados de bacterias.

La exposición directa podría provocar infecciones gastrointestinales, problemas dermatológicos y afecciones respiratorias.

Más allá del riesgo sanitario inmediato, el impacto también alcanza a la economía local. El río sostiene actividades de pesca, turismo y recreación. Un evento de esta magnitud deteriora la confianza pública en la infraestructura y evidencia que muchos sistemas de alcantarillado, construidos hace décadas, operan hoy al límite de su capacidad.

El vertido de casi 900 millones de litros no es un incidente menor: representa una presión extraordinaria sobre un ecosistema clave para la capital estadounidense. La intervención federal busca frenar el daño inmediato, pero la recuperación ambiental será un proceso prolongado.

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