105.000 personas asistieron a la 26ª edición de Sónar

Sónar 2019: el festival cierra con éxito su edición más particular y se prepara ya para 2020

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Ambiente en la programación diurna de la segunda jornada del Sónar 2019 que se celebra en Barcelona. Foto: EFE

Sónar 2019 celebró su 26ª edición tras haber superado diversos obstáculos que llegaron a amenazar con la cancelación del festival. Por sus 10 escenarios pasaron más de 140 artistas, desde reguetoneros de primer orden a traperos en la cresta de la ola, pasando por la flor y nata de la escena electrónica actual y por las estrellas emergentes de la música predilecta de Sónar: el ‘techno’.

Durante esta edición se ha notado el bajón de asistentes respecto a otras ediciones. Sí, ha habido 20.000 personas menos que el año pasado. Pero, lejos de ser un dato negativo, muchos lo vivieron como un respiro: el espacio es vida en un festival y Sónar estaba muy vivo en esta edición 2019. Aunque la organización de un festival quiera experimentar un crecimiento continuo año tras año, lo cierto es que 100.000 personas es mucha gente. Más que suficiente para hacer de un festival un encuentro agradable para los asistentes y un negocio rentable para sus promotores.

Resultaría largo y tedioso hablar de todos los artistas que han destacado en Sónar 2019, por eso, a continuación ofrecemos un compendio de las actuaciones más destacables de esta edición del festival post 25 aniversario.

HAAi: directa desde el corazón de Londres

HAAi en Sónar 2019. Foto: Sónar
HAAi en Sónar 2019. Foto: Sónar

Aunque es australiana de nacimiento, HAAi se dio a conocer hace un par de años como DJ en el club Phonox de Londres, donde fue residente y de donde se fue por todo lo alto en septiembre de 2018: organizando una serie de fiestas con entradas totalmente agotadas. Su nombre ha crecido exponencialmente desde que abandonara Phonox hasta llegar a copar una hora punta en Sónar Noche, el pasado sábado. HAAi es una ávida coleccionista de música funk tailandesa y turca, psicodelia y ritmos nigerianos y keniatas. Influencias que en Sónar 2019 se vislumbraron débilmente en una sesión donde el techno de calidad inundó totalmente el gigante pabellón del escenario SónarClub.

KÁRYYN: la ‘hermana’ siria de Björk

La holandesa de ascendencia siria KÁRYYN fue la sensación de Sónar 2019. Foto: Adrián Pérez
La holandesa de ascendencia siria KÁRYYN fue la sensación de Sónar 2019. Foto: Adrián Pérez

SónarComplex es el escenario donde se dan cita los artistas más intimistas. Se trata del único escenario de Sónar con asientos y el pacto de lectura con la audiencia es algo diferente en comparación con el resto de escenario de Sónar. En este espacio actuó KÁRYYN, una holandesa de ascendencia siria que, escondida tras instrumentos electrónicos, sintetizadores y haces de luz roja consiguió sobrecoger a un auditorio lleno hasta los topes. Un arranque tímido y lento dejó paso a una actuación con una fuerza arrolladora basada, sobre todo, en el chorro de voz que proyecta la artista y que terminó por todo lo alto entre aplausos y vítores.

Techno: el protagonista real de Sónar

Aunque HAAi fue la sorpresa de este Sónar, mención especial merecen grandes exponentes del techno que dieron una lección magistral en esta 26ª edición del festival barcelonés. Sin duda alguna, Amelie Lens escaló a lo más alto de este apartado con su incansable cierre del festival. Dos horas del techno más ardiente que convirtió en puro fuego la pista de SónarClub. El calor sofocante de este pabellón no frenó las ansias de quemar zapatilla del grueso de asistentes a Sónar.

También cabe subrayar la actuación de Paul Kalkbrenner que, aunque presentó su último trabajo, brilló con luz propia con los clásicos que le encumbraron a lo más alto: la banda sonora de la joya audiovisual ‘Berlin Calling’.

Reguetón y trap: el conejo y el caballo

Bad Bunny en Sónar 2019. Foto: EFE
Bad Bunny en Sónar 2019. Foto: EFE

La presencia del reguetón de Bad Bunny en Sónar 2019 fue considerada una herejía por muchos, sobre todo por aquellos fanáticos del vanguardista festival catalán. Pero los miles de espectadores que llenaron el escenario central de Sónar de Noche y sucumbieron a los ritmos latinos del "conejo malo" avalaron la elección de este artista como co cabeza de cartel.

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CEcilio G entra a caballo al escenario SónarXS de Sónar 2019. Foto: Redes

Cecilio G, que en una de sus canciones cuenta cómo se coló en Sónar a los 16 años, entró en el festival por todo lo alto: a caballo desde la calle hasta el escenario SónarXS. Montado en un equino negro y rodeado de seguidores, el trapero de la cruz invertida cruzó Fira de Barcelona para llegar hasta el escenario, con el aforo completo, donde estaba programada su actuación. "Yo soy independiente y no le debo nada a nadie, pero gracias a todos por estar aquí y gracias al Sónar por contratarme", dijo en cuanto el caballo volvió a las caballerizas y él se subió al escenario.

Bad Gyla en Sónar 2019. Foto: EFE
Bad Gyla en Sónar 2019. Foto: EFE

Pero la que realmente se coronó como reina del trap en esta edición fue Alba Farelo, más conocida como Bad Gyal. La catalana ha pasado de actuar, en 2017, en el escenario más pequeño de Sónar a actuar en hora punta en el escenario más grande de Sónar Día. La reina del ‘dancehall’ presentó su nuevo espectáculo, durante el cual también sonaron sus grandes éxitos, como ‘Fiebre’, ‘Open the door’ y ‘Jacaranda’. Encima del escenario se vio de todo: piruetas imposibles, descorchamiento de champaña, reivindicaciones feministas y mucho (muchísimo) "Bad Gyal Soundsystem".

Max Cooper: ‘Techno-preciosismo’

Max Cooper en Sónar 2019. Foto: Adrián Pérez
Max Cooper en Sónar 2019. Foto: Adrián Pérez

Entre las actuaciones más destacables de Sónar 2019 nos encontramos con la que el irlandés Max Cooper ofreció el sábado en Sónar de Día. A medio camino entre el preciosismo visual y la zapatilla más dura, el artista encandiló a los asistentes con una magistral demostración de la técnica musical. Los visuales que le acompañaron en su actuación, dejaron sin aliento a más de uno que se perdió entre la explosión de colores y formas que cobraron vida durante una hora en el escenario más artístico de Sónar.

Underworld: historia de la electrónica

La mítica pareja británica de música electrónica de baile Underworld demostró el sábado en Sónar por qué forma parte de la historia del dance con un concierto con guiños a sus fans incondicionales de hace años y con las últimas novedades que siguen sacando. Con casi 40 años de trayectoria y habiendo transitado por distintos géneros, Underworld sigue afilando los sintetizadores para que su sonido no deje de evolucionar, manteniendo el espíritu de la electrónica noventera que les lanzó a la fama. Lejos de quedarse anclados en el pasado viviendo del recuerdo de sus éxitos, Underworld sigue explorando los horizontes de la electrónica y ha presentado algunos de los últimos temas de su proyecto "Drift".

Holly Herndon: el futuro ya está aquí

La artista Holly Herndon presentó en el escenario SónarHall su nuevo espectáculo, ‘Proto’, en el que actúa junto a cinco cantantes y Spawn, un ordenador con procesos autónomos de generación de sonido, procesamiento vocal y manipulación visual. Holly canta, pero el sonido que recibe el público no sale, al menos exclusivamente, de su garganta porque Spawn interpreta la melodía de la cantante y la devuelve transformada por una serie de acordes, variaciones y modulaciones casi robóticas que genera autónomamente. El público también pudo probar esta novedosa máquina, pues Holly hizo cantar a los asistentes unas sencillas melodías para grabarlas e introducirlas en Spawn, creando así nuevas bases vocales para sus temas.

Lorenzo Senni: entre digital y orgánico

En SónarDôme actuó el italiano Lorenzo Senni con su grupo Stargate, que bien podría ser la banda de rock del futuro: luces rojas y moradas, dos guitarristas vestidos de cuero negro y con el pelo largo, y una mesa de mezclas que se encarga de la base. Ellos mismos describieron su sonido como "el espacio que hay entre el trance a cámara lenta y ese momento antes del sueño", que se refleja en temas que van desde la "computer music" (música de ordenador) más radical hasta las grabaciones de campo y el arte sonoro. Este proyecto, iniciado en 2012, surge de las investigaciones de Senni sobre estructuras sónicas a partir de diferentes técnicas de grabación, que han dado como resultado un espectáculo de música futurista que oscila entre lo digital y lo orgánico.

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