Crisis del coronavirus

Cacerolada en Ferraz: «Las clases medias no queremos acabar como en Venezuela»

Los promotores de las protestas contra el Gobierno socialcomunista convierten la madrileña sede del PSOE en un punto de encuentro fijo para criticar su nefasta gestión de la crisis sanitaria y las prórrogas del estado de alarma.

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Varios ciudadanos se manifiestan en la madrileña calle de Ferraz, frente a la sede del PSOE, para exigir la dimisión del Gobierno de Pedro Sánchez

Hasta la misma puerta de Ferraz. Las caceroladas contra el Gobierno han llegado a la madrileña sede del PSOE para exigir la dimisión de Pedro Sánchez. «Con esta gente en Moncloa vamos camino de Venezuela», asegura una de las manifestantes. «Nos han robado el trabajo. Nos están arruinando. Por eso las clases medias nos hemos levantado contra esta miseria de Gobierno. Tenemos que salir todos a protestar», denuncia airado un joven tras su mascarilla.

El descontento es generalizado. Más allá de las críticas a la «desastrosa» gestión de la pandemia, la preocupación ciudadana por el horizonte socioeconómico que se avecina es unánime. «Han abandonado a los sanitarios y ahora no ayudan ni a quienes lo están pasando peor. No son capaces de atender a los que no tienen ni para comer», lamenta otra de las viandantes.

Si los aplausos a los profesionales médicos que han combatido en primera línea al coronavirus resonaban, hasta hace unos días, en cada rincón de cada ciudad de España, las caceroladas contra el Gobierno, puntualmente convocadas cada tarde a partir de las 21:00 horas, las han ahogado por goleada. La sede del PSOE en Ferraz es, ya, uno de los puntos de referencia para el tsunami ciudadano que ha decidido tomar las calles y protestar enérgicamente ante la «deriva chavista» de Sánchez y sus socios en Moncloa.

«¡Peste de hambre!¡Pan o trabajo, ya!», reza el cartel de un pensionista que ha decidido acudir a la cita crítica con el estado de alarma y la parálisis que las dos últimas prórrogas han impuesto en Madrid. Está claro, para la mayoría de los asistentes, que la decisión de mantener a la capital en un escenario intermedio -y retrasar una semana más el cambio a la Fase 1- ha sido política: «Como aquí Gobierna el PP quieren arruinarnos como sea», asegura un viandante.

Frente a los balcones de la sede socialista, en el edificio al otro lado de la calle, dos enormes carteles en apoyo a la gestión de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, y el alcalde José Luis Martínez-Almeida. «Muchas gracias a los dos por vuestro gran trabajo», es el mensaje colgado por una de las vecinas.

El carácter esporádico que se había atribuido hasta ahora a las protestas ciudadanas que exigen la dimisión de Pedro Sánchez, desde hace 10 días, ha comenzado a organizarse. Media hora después del desfile de banderas, cazos, cazuelas, sartenes y silbatos frente a Ferraz, un grupo de jóvenes corredores cierran la cita al grito de «¡Viva España!». «Esto no es una reacción de la derecha como se ha dicho. Es un clamor en toda España», puntualiza otro de los asistentes.

A medida que la calle se vacía, y los furgones de la Policía Nacional se preparan para desmontar el dispositivo de vigilancia y control de hoy, una de las manifestantes más rezagadas recuerda en voz alta: «¡El sábado en Colón!». Queda claro que las protestas no serán transitorias.

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