Ursula Von der Leyen: una mujer disciplinada que sólo usa pantalones y a la que no le tose nadie

Yo no me cubro con velo y yo llevo pantalones. Ni yo ni ninguna mujer de mi delegación está obligada a hacerlo, me enfada que se nos presione”, así fue la tajante respuesta de la nueva presidenta de la Comisión Europea cuando los responsables de protocolo del Gobierno de Alemania intentaron que se pusiera una abaya –túnicas que visten las mujeres árabes– para la visita oficial a Arabia Saudí y el encuentro con Mohammed Bin Salman (MBS). A Ursula Gertrud Von der Leyen (Bruselas, 1958) no le tose nadie.

La ministra de Defensa de Angela Merkel, su mentora en política tras adherirse a la CDU en 1990, será la primera mujer que se ponga al frente del Ejecutivo comunitario a partir de otoño, sin embargo, para la mandataria germana la política y el riesgo que conlleva practicarla no es ninguna novedad. Su padre, Ernst Albrecht, fue primer ministro de la Baja Sajonia y un alto cargo del partido democristiano que se convirtió en la diana del Baader-Meinhof, un grupo terrorista que sembró el pánico en la Alemania Occidental en los años 60.

Por la amenaza que asolaba a su familia, Von der Leyen pasó una larga temporada en la década de los 70 en Londres con el nombre falso de Rose Ladson, en honor al apellido de su abuela de origen americano, y bajo la vigilancia del Scotland Yard, los servicios de inteligencia británicos. “Vivía mucho más de lo que estudiaba. Era una ciudad bulliciosa, para mí, que venía de la Alemania blanca, me parecía todo fascinante. La alegría de vida y la modernidad me dio una libertad interior que siempre he mantenido, así como la constatación de que varias culturas pueden convivir”, contaba en una entrevista al semanario alemán ‘Zeit’.

Tanto su padre, que se comprometió de manera temprana con la protección del medio ambiente, como su estancia en Reino Unido marcaron el pensamiento de Von der Leyen. La nueva líder de la Comisión Europea ha transmitido su intención de llevar a cabo una hoja de ruta dura contra la contaminación y, además, defiende la igualdad de género, el matrimonio homosexual y la integración de los inmigrantes.

Von der Leyen, aunque lleva desde finales del S. XX en el mundo de la política, comenzó estudiando Económicas en la London School of Economics, pero finalmente se doctoró en Medicina por la Hannover Medical School, la misma institución en la que ha desarrollado labores de docencia. Está casada con Heiko Von der Leyen, un médico procedente de una familia de la alta aristocracia alemana que hizo fortuna en el negocio de la seda en la ciudad de Krefeld –conocida como ciudad de la seda–, y tiene siete hijos: David, Sophie, Donata, Victoria, Egmont, Johanna y Gracia.

Von der Leyen, siempre vestida con pantalón, el pelo rubio salpicado de algunas canas y maquillada con colores cálidos , es disciplinada, ambiciosa y “está acostumbrada a ser subestimada por ser mujer, pero ha golpeado a más de un hombre en toda su carrera política”, según su biógrafo Daniel Goffart. Además, siempre según el escritor, la dirigente de la era Merkel ha hecho muchos esfuerzos por dedicar tiempo a su familia mientras coordinaba las diversas carteras ministeriales que caían en sus manos, como fue, curiosamente, la de Familia. De hecho, y a pesar de que ella abandonó por un tiempo su carrera política para viajar junto a su marido a California por una beca en la Universidad de Stanford, bajo su mandato se introdujo la baja paternal para promover la igualdad entre géneros.

A pesar del triunfo en la Comisión Europea este martes, Von der Leyen ha pasado por horas bajas de popularidad. Primero en su propio partido, según su biógrafo, porque la dirigente prefería pasar las vacaciones con su familia en la casa de campo que tienen en Beinhorn, cerca de Hannover, donde montan a caballo a asistir a las fiestas del CDU con sus colegas de partido, razón por la que se define a Von der Leyen como una mujer solitaria. Y segundo porque, además, a finales de 2018 se vio obligada a admitir que hubo "errores" en la adjudicación de contratos de consultoría por valor de millones de euros a empresas cercanas al Ministerio de Defensa. En este momento, y a pocos meses de tomar posesión de la Presidencia de la CE, una comisión parlamentaria sigue investigando cómo se adjudicaron los contratos.

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