Turquía envía fuerzas especiales y equipamiento militar a Libia

Libia
Ataques sobre el Estado Islámico en Sirte, Libia (Foto: Reuters)
  • Raúl Redondo | atalayar.com

Turquía sigue protagonizando el tablero de juego internacional al destinar comandos especiales y equipamiento y asesores militares a Libia mientras se produce un nuevo asedio del Ejército de Liberación Nacional (LNA, por sus siglas en inglés), dirigido por el general Jalifa Haftar, sobre la capital de Trípoli, sede del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) del primer ministro Fayez Sarraj, el cual está apoyado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), Qatar y la propia nación presidida por Recep Tayyip Erdogan.

La principal misión de las fuerzas especiales enviadas por Turquía a Libia es la de proteger a los miembros del Gobierno de Acuerdo Nacional; mientras, el equipamiento militar y el destacamento de asesores arriban por petición expresa del Ejecutivo de Sarraj para enfrentar a la operación lanzada por Haftar y sus filas, la cual está provocando duros enfrentamientos entre las milicias armadas rivales.

El GNA ha indicado que en las últimas horas sus destacamentos lograron detener una incursión del LNA en torno a la mezquita de Al-Tugara, cercana al antiguo aeropuerto internacional, que lleva cinco años sin actividad, pero que es importante para controlar la zona sur de la capital de Trípoli.

Según informaciones del medio Al-Arabiya, el acuerdo bilateral de apoyo suscrito entre Turquía y el GNA fue remitido al Parlamento turco para su ratificación. Este pacto incluía lo necesario para enviar “una fuerza de reacción rápida” en auxilio del Ejecutivo tripolitano.

Denuncia de Grecia

En el último mes, Ankara y Trípoli ampliaron su convenio de seguridad ante la amenaza de las tropas de Haftar y sellaron también un pacto sobre límites marítimos en el Mediterráneo oriental, que comprende la frontera marítima entre Turquía y Libia cerca de la isla de Creta; un acuerdo que denuncia Grecia por infringir la ley internacional. El propio Jalifa Haftar respondió a esta iniciativa ordenando hundir cualquier embarcación turca que suponga una amenaza.

Tras lo acordado, el Gobierno griego recusó al embajador del GNA, Mohamed Younis Menfi, y el Ejecutivo libio alineado con Haftar y radicado al este en Tobruk rechazó el mismo, remarcando su nulidad absoluta.

El acuerdo marítimo fue enviado a Naciones Unidas para su refrendo y el convenio castrense fue remitido al Parlamento turco para su aprobación. Mevlut Çavasoglu, ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, indicó previamente que el Congreso otomano daría luz verde a la introducción de fuerzas en Libia tras su aprobación por parte de los diputados.

Todo esto ocurre después de que el jueves pasado el LNA acelerase una ofensiva sobre el centro mismo del reducto capitalino del GNA, la cual denominaron “batalla final”; tras una operación para conquistar la totalidad del territorio libio que dio comienzo el pasado 4 de abril y que supuso un toque de atención sobre las intenciones de Jalifa Haftar al llevarse a cabo incluso a pesar de la presencia en Trípoli por esas fechas de António Guterres, secretario general de la ONU, que estaba de visita oficial en la capital libia.

Desde que se pusiese fin al régimen dictatorial de Muamar el Gadafi en 2011, Libia atraviesa una situación de inestabilidad, conflictos bélicos y desgobierno; en la que dos facciones se disputan el poder: la del GNA de Trípoli, dirigido por el primer ministro Fayez Sarraj y apoyado por la ONU desde 2016, y la del LNA del mariscal Jalifa Haftar (antiguo miembro de la cúpula militar que encumbró al poder en 1969 al depuesto y ejecutado Gadafi), quien dirige la otra Administración asentada en la parte oriental de Tobruk.

Y es que la recompensa es bastante importante, ya que hablamos de llegar a controlar uno de los países más importantes del norte de África, rico por sus reservas petroleras.

Haftar, que cuenta con el apoyo expreso de Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Francia, ha llegado a controlar ya gran parte de Libia tras haber extendido su influencia sobre las grandes ciudades del sur y los yacimientos petrolíferos occidentales de Al-Sharara y Al-Fil; ahora solamente le queda conquistar las localizaciones de Sirte y Misrata y derribar a Sarraj y al bastión de Trípoli, que recibe el apoyo principal de Turquía y Qatar; de hecho, el sábado pasado la capital qatarí de Doha acogió un encuentro entre el ministro turco Çavasoglu y el primer ministro libio Sarraj para discutir sobre cooperación en el Mediterráneo oriental.

Al respecto, Turquía ya desplegó drones de vigilancia en el norte de Chipre, en la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, para tener mayor control sobre el arco mediterráneo y Oriente Medio. La agencia de noticias turca Anadolu informó que los aviones no tripulados Bayrakartar TB2 volaron al norte de Chipre este mismo lunes para poder supervisar mejor la zona del Mediterráneo, donde Turquía quiere seguir aumentando su presencia para obtener beneficios y un mayor control, incluso mediante el envío de buques de exploración de gas entre Chipre y Turquía y reclamando además supuestos derechos sobre una zona de interés económico en aguas del mar Mediterráneo que se extiende desde Turquía a Libia. Justo en un momento en el que Turquía atraviesa por una crisis económica, con una fuerte caída de la lira turca.

Por lo tanto, la guerra de Libia sigue vigente y provocando inseguridad y devastación en el país. Desde que se desatase el conflicto en abril, más de 1.500 personas han muerto ya en suelo libio, más de 5.000 han resultado heridas y más de 100.000 se han visto forzadas a abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos en territorio propio.

Rusia y Alemania abogan por el diálogo

Mientras discurre el conflicto bélico en Libia, Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Angela Merkel, canciller de Alemania, han apostado en las últimas horas por reanudar las conversaciones de cara a pacificar la nación libia. Los dos dirigentes trataron el asunto a través de una conversación telefónica, según informó el Kremlin. «Vladimir Putin confirmó la disposición de Rusia a continuar respaldando los esfuerzos mediadores que realizan Alemania y la ONU», señaló oficialmente el Estado ruso.

Por otro lado, Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan tienen programada una reunión para el 8 de enero en Estambul, con el objetivo principal de tratar el tema del gasoducto Turk Stream, un proyecto que incluye dos tuberías con una capacidad total de 31.500 millones de metros cúbicos de gas anuales a través del fondo del mar Negro. Se prevé que en este encuentro ambos mandatarios traten el conflicto de Libia y sus consecuencias, teniendo en cuenta que ambos apoyan a bandos rivales, Rusia al LNA de Haftar y Turquía al GNA de Sarraj.

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