GEOPOLÍTICA

Ormuz, el botón rojo del petróleo: ¿qué pasaría si Irán cierra el grifo mundial?

El estrecho de Ormuz es la vía de salida del crudo de Arabia Saudí, EAU, Kuwait, Irak y Catar

El cierre del estrecho dispararía el precio del petróleo en cuestión de horas

Estrecho de Ormuz.
Estrecho de Ormuz.

Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico y es la vía de salida del crudo de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Catar. Su relevancia no es solo regional: cualquier interrupción impactaría de forma inmediata en los mercados energéticos internacionales. Un cierre, incluso parcial o temporal, dispararía el precio del petróleo en cuestión de horas, alimentando la inflación global y tensiones financieras en economías dependientes de la importación de energía.

Irán no necesita una flota convencional superior para generar disrupción. Su estrategia histórica se basa en capacidades asimétricas: lanchas rápidas, minas navales, misiles costeros y drones. Estas herramientas no garantizarían un bloqueo indefinido frente a la superioridad naval estadounidense, pero sí podrían crear un entorno de riesgo suficiente para paralizar temporalmente el tráfico comercial y elevar las primas de seguro marítimo a niveles prohibitivos.

Estados Unidos mantiene presencia naval permanente en la región precisamente para disuadir ese escenario. La Quinta Flota, con base en Bahréin, coordina patrullas y ejercicios junto a aliados regionales. Sin embargo, la disuasión funciona mientras ambas partes eviten cruzar ciertas líneas rojas. Un error de cálculo, un ataque a un petrolero, una respuesta militar desproporcionada o un incidente con víctimas, podría escalar rápidamente.

El impacto no sería homogéneo:

  • Asia, principal destino del crudo del Golfo, sufriría de manera más directa.
  • China, India, Japón y Corea del Sur verían tensionadas sus cadenas de suministro.
  • Europa también se vería afectada por el encarecimiento energético, en un contexto ya marcado por vulnerabilidades estructurales.
  • Estados Unidos, hoy menos dependiente del crudo de la región, no quedaría al margen del efecto en precios globales.

Cerrar Ormuz sería, para Irán, una herramienta de presión extrema. Pero también implicaría un riesgo considerable: una respuesta militar coordinada y un aislamiento internacional aún mayor. Por eso, el estrecho funciona más como instrumento de disuasión que como opción real permanente. Es el botón rojo del petróleo mundial: su mera amenaza altera mercados y estrategias, aunque nadie desee realmente presionarlo.

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