Sorpresa colosal entre los arqueólogos: un colgante con un diente de foca hallado en una cueva inglesa reescribe la prehistoria europea
Investigadores de la Universidad de Londres (UCL) y el Museo de Historia Natural identificaron un colgante fabricado con un diente de foca gris en la cueva de Kents Cavern, en Devon, con una antigüedad de 15.000 años. El hallazgo corrige un error de casi 160 años: desde su descubrimiento en 1867, los expertos lo habían catalogado como un canino de tejón o de lobo.
El nuevo análisis, con microscopía óptica y tomografía computarizada en 3D, confirma que un artesano de la cultura magdaleniense perforó y pulió a mano el diente con una herramienta de sílex. Es el primer colgante de este tipo hallado en Gran Bretaña y solo el cuarto documentado en toda Europa.
Cómo es el colgante de diente de foca hallado en Inglaterra
El objeto es una pieza minúscula que cabe holgadamente en la palma de una mano, elaborada a partir del canino superior derecho de una foca gris adulta. Conserva la curva natural y puntiaguda propia de un colmillo, aunque con un extremo aplanado y ensanchado en la zona de la raíz.
Los 15 mil años bajo tierra le dieron una coloración moteada, con tonos crema, marrón claro y vetas oscuras producto de la mineralización del suelo sobre el marfil. Su superficie luce pulida y lisa al tacto, resultado del raspado deliberado que el artesano aplicó para limpiar el tejido blando y darle una forma más simétrica.
En la parte más ancha de la raíz, los investigadores identificaron una perforación hecha con una fina broca de sílex, pensada para pasar un cordón. Ese agujero, originalmente redondo, se volvió ovalado y estirado con el tiempo por la fricción constante del cordón contra la pared del diente, una señal de que el colgante se llevó puesto durante años, quizás décadas.
Por qué este colgante reescribe la prehistoria europea
Hace 15.000 años, el nivel del mar era mucho más bajo y la costa más cercana a Kents Cavern se encontraba a más de cien kilómetros de distancia. Que un diente de foca llegara hasta esa cueva del interior demuestra que sus portadores viajaban distancias enormes o formaban parte de redes de intercambio con comunidades costeras.
La técnica empleada para raspar, pulir y perforar el diente coincide con exactitud con los métodos de la cultura magdaleniense, el mismo grupo humano que dominó gran parte de Europa occidental durante los últimos milenios de la Edad de Hielo. Solo existen otros cuatro colgantes similares documentados en el mundo, todos ellos hallados en yacimientos de Francia y el norte de España.
Esa coincidencia técnica sitúa a la Gran Bretaña prehistórica dentro de una misma red cultural y comercial europea, activa antes de que la subida del nivel del mar formara el Canal de la Mancha y separara la isla del continente. El río Támesis, el Rin y el Sena formaban entonces parte de un mismo sistema fluvial que conectaba el interior con el océano Atlántico.
El desgaste prolongado del colgante también apunta a un valor simbólico más allá de lo decorativo. Los investigadores no descartan que la pieza funcionara como una reliquia familiar transmitida durante generaciones, un objeto capaz de señalar el estatus, el origen o los vínculos de su portador con comunidades lejanas del mar.