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Los oceanógrafos españoles ponen el grito en el cielo: encuentran microplásticos en el 100% de las muestras de cangrejo azul en el Mar Menor

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Recreación de un cangrejo azul (Callinectes sapidus) sobre un fondo marino.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Un equipo del Instituto Español de Oceanografía, dependiente del CSIC, ha confirmado que el 100% de los ejemplares de cangrejo azul analizados en el Mar Menor contienen microplásticos en su organismo. El hallazgo, coordinado por el Centro Oceanográfico de Vigo y publicado en la revista Regional Studies in Marine Science, encuentra estas partículas no solo en el aparato digestivo del animal, sino también en el tejido muscular, la parte que se destina directamente al consumo humano.

El estudio, titulado «Atlantic blue crab (Callinectes sapidus Rathbun, 1896): Microplastic pollution indicator in invaded Mediterranean coastal ecosystems» y firmado por la investigadora S. Villoria-Calvo junto a su equipo, analizó 15 ejemplares adultos de cangrejo azul capturados en la zona de Las Encañizadas, en el sector norte de la laguna.

Los científicos encontraron un total de 318 microplásticos repartidos entre el hepatopáncreas, el músculo y las branquias de los animales, con una media de 17,28 partículas por individuo.

Cómo llegan los microplásticos hasta el músculo del cangrejo

El equipo de Villoria-Calvo descubrió un mecanismo que explica por qué estas partículas terminan alojadas en un tejido tan protegido como el muscular. El estómago del cangrejo azul cuenta con una estructura llamada molino gástrico, un aparato triturador que descompone mecánicamente el alimento.

Los científicos comprobaron que este molino no distingue entre materia orgánica y plástico: al triturar fragmentos grandes de plástico ingeridos junto con su comida habitual, los convierte en partículas microscópicas de entre 100 y 299 micras, lo bastante pequeñas como para atravesar las membranas biológicas del animal y distribuirse por sus tejidos, incluido el músculo.

El hepatopáncreas, el órgano encargado de la digestión y el almacenamiento de reservas en estos crustáceos, concentró la mayor densidad de partículas por gramo de tejido, mientras que las branquias apenas mostraron rastro de contaminación.

Los polímeros más frecuentes fueron el polipropileno, el tereftalato de polietileno, el polimetilmetacrilato y el polietileno, materiales habituales en plásticos agrícolas, envases y aparejos de pesca, lo que refuerza la relación entre la contaminación detectada en el animal y las presiones humanas que soporta la laguna del Mar Menor.

Los investigadores concluyen que el cangrejo azul, a pesar de ser una especie invasora, funciona como un bioindicador fiable de la contaminación por plásticos en ecosistemas costeros mediterráneos, aunque advierten de que hará falta ampliar el estudio a otras zonas para confirmar su validez como especie centinela a mayor escala.

Por qué es tan relevante este hallazgo de microplásticos en los cangrejos

Este descubrimiento tiene una repercusión que va más allá de lo ecológico. Hasta ahora, la mayoría de los microplásticos detectados en productos del mar se localizaban en el aparato digestivo de mejillones o pescados, una parte que se retira antes de cocinarlos.

En el cangrejo azul, en cambio, los investigadores hallaron contaminación en el 100% de las muestras de músculo, precisamente la carne que se consume, lo que implica que las personas la ingieren de forma directa al comer este marisco.

El hallazgo también complica la estrategia que se había impulsado en los últimos años para controlar la expansión de esta especie invasora en el Mediterráneo. La pesca y comercialización del cangrejo azul se había fomentado como medida económica y ambiental para frenar su avance, pero la presencia masiva de plásticos en su carne cuestiona ahora la seguridad alimentaria del producto y podría desincentivar su consumo, con el consiguiente impacto en la economía pesquera local.

El propio cangrejo azul actúa además como un espejo del estado real de la laguna. Si la totalidad de los ejemplares analizados presenta contaminación, los investigadores interpretan que los sedimentos y el agua del Mar Menor mantienen una saturación crítica de microplásticos que ya afecta a toda la cadena trófica.

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