La confesión de Stendhal, escritor francés del siglo XIX: «Mi encuentro con Don Quijote fue la época más grande de mi vida»
El escritor francés Stendhal conservó toda su vida el recuerdo de la primera vez que leyó Don Quijote de la Mancha. La novela de Miguel de Cervantes lo acompañó desde la niñez y dejó una huella que él mismo situó por «encima de casi cualquier otra experiencia».
Esa devoción quedó reflejada en una confesión que todavía se cita cuando se habla del poder de la lectura. Para Stendhal, aquel primer contacto con la obra de Cervantes marcó el arranque de su propia vocación como narrador.
¿Qué significó el encuentro de Stendhal con don Quijote?
«Mi encuentro con don Quijote fue la época más grande de mi vida», dejó escrito Stendhal al repasar su infancia. La frase la anotó en Vida de Henry Brulard, la autobiografía que redactó entre 1835 y 1836 y que se publicó de forma póstuma.
En el texto original, escrito en francés, el autor afirma que el descubrimiento de aquel libro de Cervantes, leído bajo un tilo del jardín, «es la época más grande de su vida».
El pasaje sitúa la escena en Grenoble, su ciudad natal. Stendhal contó que leía la novela de Cervantes sentado a la sombra de un tilo y que su padre lo reprendía al verlo reír, incluso lo amenazaba con quitarle el libro; el niño se escondía entre los setos del jardín para poder seguir leyendo. Ese descubrimiento quedó fijado en su memoria como el recuerdo más luminoso de aquellos años.
En Grenoble, el joven Henri encontró en su abuelo, el doctor Gagnon, el acceso a unos libros que su padre miraba con recelo. Con él leyó a Cervantes y a otros autores en traducción, un hallazgo que asoció para siempre con la sensación de descubrir el mundo.
Esa fascinación temprana marcó su obra posterior. La mezcla de humor y desengaño de Cervantes influyó en la forma en que Stendhal retrató a sus personajes, casi siempre atrapados entre la ilusión y la realidad, como el propio hidalgo manchego.
¿Por qué la confesión de Stendhal sobre Don Quijote sigue vigente?
La idea de que un libro pueda convertirse en la época más importante de una vida sigue resultando cercana. Muchos lectores reconocen ese instante en que una obra leída en la infancia deja una marca duradera, tal como le sucedió a Stendhal con Don Quijote.
La confesión recuerda también el valor de la lectura como refugio. En una época sin pantallas, un niño hallaba en una novela una manera de imaginar otras vidas. Ese uso de los libros como compañía y como aprendizaje emocional continúa presente en la forma de leer actual.
Ese vínculo entre lectura y memoria personal explica que la reflexión de Stendhal se comparta todavía en aulas y en redes. Recordar qué libro nos marcó de pequeños se ha convertido en una forma habitual de hablar de uno mismo. Además, este tipo de testimonios nos ofrecen la posibilidad de acercarnos a un autor que no ha vivido en nuestro mismo tiempo.
¿Quién fue Stendhal, el escritor francés del siglo XIX?
De acuerdo con Encyclopedia, Stendhal era el seudónimo de Marie-Henri Beyle, nacido en Grenoble en 1783. Perdió a su madre a los siete años y creció enfrentado a un padre al que describió como autoritario y convencional.
Adoptó el nombre de Stendhal en 1817, tomado de una localidad alemana. Antes había acompañado a Napoleón en su entrada en Italia en 1800 y más tarde ejerció como cónsul francés en Civitavecchia, un cargo que compaginó con la escritura durante buena parte de su vida.
Está considerado uno de los primeros grandes autores del realismo, célebre por el análisis psicológico de sus personajes. Sus obras mayores, Rojo y negro (1830) y La cartuja de Parma (1839), no lograron pleno reconocimiento hasta comienzos del siglo XX. Stendhal murió en París en 1842.