La lección de Joaquín Sabina (77 años): «Me arrepiento de haber perdido tanto tiempo haciendo el idiota por los bares en lugar de escribir»
Joaquín Sabina es una de las voces más conocidas de nuestro país
Ahora se arrepiente de no haber aprovechado mejor el tiempo
El artista ha empezado una nueva etapa, pero continúa ligado a su profesión
Joaquín Sabina ha cerrado una de las etapas más importantes de su vida. A sus 77 años, afronta un tiempo completamente distinto después de despedirse de los escenarios con una gira que puso el broche final a varias décadas de trayectoria. Sin conciertos, sin compromisos profesionales y con una agenda por primera vez libre, se ha permitido mirar atrás para reflexionar sobre su carrera.
Lejos de alimentar el mito, reconoce que, si pudiera cambiar algo, habría dedicado más tiempo a escribir y menos a una vida nocturna que durante décadas formó parte inseparable de su identidad.
Una despedida histórica
El pasado 30 de noviembre, el Movistar Arena de Madrid acogió el último concierto de una gira de despedida que comenzó meses antes en América y que reunió a cientos de miles de seguidores durante su recorrido internacional. Fue una cita especialmente emotiva para un artista que ha construido una de las carreras más influyentes de la música.
Aquel adiós ha quedado además inmortalizado en el disco doble Hola y adiós, una publicación reciente que recoge algunos de los momentos más significativos de esa última gira y que sirve como testimonio de una despedida cuidadosamente preparada.

Tras décadas de conciertos, viajes y compromisos profesionales, Sabina reconoce que comienza ahora una etapa completamente nueva. Se trata de una experiencia desconocida para él, en la que el tiempo deja de estar condicionado por las obligaciones de una intensa agenda y pasa a estar dedicado a recuperar hábitos, amistades y momentos personales que durante años quedaron relegados a un segundo plano.
La reflexión de Joaquín Sabina
Aunque asegura sentirse en paz con la mayor parte de su biografía, el artista admite que sí existe una parcela de su vida que habría gestionado de otra manera. «Yo, con mi biografía, no estoy muy en desacuerdo. Tal vez sí me arrepiento de haber perdido tantas noches y tanto tiempo haciendo el idiota por los bares en lugar de escribir», ha declarado para la agencia EFE.
Esta reflexión resulta especialmente significativa tratándose de un autor cuya obra literaria y musical ha estado profundamente ligada precisamente a esos ambientes nocturnos. Durante décadas, los bares fueron escenario de inspiración, encuentros y también de una forma de vivir que terminó convirtiéndose en parte de su leyenda.
Sin embargo, con la perspectiva que otorgan los años, Sabina considera que parte de ese tiempo podría haberlo invertido en desarrollar aún más su faceta como escritor y compositor.
El éxito internacional
La trayectoria de Joaquín Sabina ha estado marcada por una sucesión de experiencias extraordinarias. Antes de convertirse en uno de los cantautores más importantes del panorama hispano, vivió en Londres, donde actuaba en restaurantes y pequeños locales mientras comenzaba a construir su carrera.
Aquel periodo fue solo el inicio de una trayectoria que acabaría llevándole a llenar estadios, grandes auditorios y recintos de toda España y América Latina.
Con el paso del tiempo, su figura trascendió el ámbito musical para convertirse en uno de los grandes referentes culturales del país, gracias a unas letras que mezclan poesía, ironía, compromiso y una mirada muy personal.
Los excesos de una generación
Durante la entrevista con EFE, Sabina aborda uno de los episodios más complejos vividos por su generación: la expansión de la heroína durante las décadas de los 60 y 80.
El cantante aclara que nunca llegó a consumir esa droga, aunque reconoce haber convivido muy de cerca con aquella realidad. «Como mucha gente cercana a mí soy de una generación que anduvo con la heroína. No yo, porque no la he probado nunca, pero sí con determinados excesos. Es una generación muy loca y mucha gente, a veces la mejor, se quedó por el camino», comenta con sinceridad.
Sus palabras reflejan el impacto que aquella etapa tuvo sobre numerosos artistas e intelectuales de su entorno, muchos de los cuales no lograron superar las consecuencias derivadas del consumo de drogas.
Sabina recuerda ese periodo con la distancia que proporciona el tiempo, pero también con la conciencia de haber visto desaparecer a personas muy cercanas durante aquellos años.
Sabina rechaza la nostalgia
A pesar de recorrer constantemente su pasado durante la entrevista, el compositor no quiere definirse como una persona nostálgica.
Según dice, su manera de mirar hacia atrás tiene más que ver con la memoria que con el deseo de recuperar un tiempo ya vivido. «No soy nostálgico, no tengo nostalgia de nada, pero sí tengo memoria y la memoria a veces se agarra a cosas hermosísimas, a ese minuto que te pasó una vez y a esa felicidad que dura tan poco pero que es inolvidable», recalca.
Se trata de una filosofía que encaja con buena parte de su obra. Sólo hay que hacer un repaso a sus canciones más emblemáticas para comprobar que todas sus ideas caminan en la misma dirección.
El precio de la fama
Otro de los asuntos sobre los que reflexiona es la relación que ha mantenido durante décadas con la popularidad. Aunque el reconocimiento le permitió desarrollar una carrera extraordinaria, también le arrebató parte de la libertad que tanto valoraba.
«Eso que se llama fama tiene muchos inconvenientes. Yo amaba los bares y la noche. El sitio perfecto para escribir era en un bar a las tres de la mañana», ha explicado el artista.
Con el paso de los años, esa normalidad desapareció. «Después del último concierto, había 30 personas esperándome a la puerta de casa. Eso no es agradable para alguien que soñó más con ser el hombre invisible que un cantante de éxito», insiste.
En estos momentos, lejos de los escenarios y sin la presión de las giras, Joaquín Sabina disfruta de una nueva etapa marcada por la tranquilidad y la libertad. Un tiempo para escribir, recordar y disfrutar de aquello que durante décadas quedó relegado por una trayectoria irrepetible.
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