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En 1948, Oregón enterró tuberías geotérmicas bajo una sección empinada para derretir siete centímetros de nieve por hora; el sistema funcionó durante casi 50 años antes de que sus tuberías se desgastaran

Imagen generada con IA.
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Aitana Pascual
  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Mucho antes de que la transición energética se convirtiera en una prioridad internacional, algunos ingenieros ya experimentaban con formas innovadoras de aprovechar los recursos naturales. En Klamath Falls, una ciudad de Oregón conocida por su actividad geotérmica, se puso en marcha en 1948 un sistema pionero para combatir la nieve en una carretera especialmente inclinada. La solución consistía en utilizar el calor del subsuelo para mantener el pavimento libre de nieve y facilitar la circulación durante el invierno.

Una carretera calentada desde el subsuelo

La infraestructura se instaló en un tramo de la carretera estadounidense US 97, en la zona de Esplanade Street, cerca de Klamath Falls. En lugar de depender únicamente de las máquinas quitanieves o de la sal, los responsables del proyecto colocaron una red de tuberías metálicas bajo la superficie de la vía. Por ellas circulaba agua caliente procedente de los recursos geotérmicos de la zona, que transmitía calor al pavimento.

El sistema representó una aplicación poco habitual de la energía geotérmica, normalmente asociada a la calefacción de edificios o a la generación de electricidad. En este caso, el objetivo era mucho más concreto, ya que se quería evitar que la nieve se acumulase sobre una pendiente y reducir los riesgos para los conductores.

El calor de la Tierra contra la nieve

Klamath Falls se encuentra en una región con abundantes recursos geotérmicos. El agua subterránea caliente, calentada por la actividad térmica del interior de la Tierra, se ha utilizado en la ciudad desde hace más de un siglo para diferentes aplicaciones. La existencia de estos recursos facilitó que las autoridades experimentaran con soluciones destinadas a mejorar la seguridad de las carreteras.

Según la documentación técnica del proyecto, el sistema de calefacción del pavimento podía derretir aproximadamente unos 7,6 centímetros. La capacidad dependía de factores como la temperatura del agua, las condiciones meteorológicas y la cantidad de nieve caída. No se trataba, por tanto, de una solución universal para cualquier tormenta, sino de una infraestructura diseñada para unas condiciones concretas.

El caso demuestra que la innovación energética no siempre depende de tecnologías futuristas. En ocasiones, consiste en aprovechar de manera inteligente los recursos disponibles en el entorno. La carretera de Oregón se convirtió así en un ejemplo temprano de cómo el calor natural de la Tierra podía utilizarse para resolver un problema cotidiano y mejorar la seguridad durante el invierno.

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