Océanos

Científicos crean un muro de 2,2 km que limpia el océano y elimina el equivalente a limpiar un campo de fútbol cada 5 segundos

muro limpia océano
Blanca Espada

La limpieza de los océanos se ha convertido en uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos, especialmente en algunas zonas en concreto, como el Pacífico donde se acumula gran parte del plástico que acaba en el mar. No es algo que se vea como una isla ni una masa compacta, sino más bien una extensión muy amplia donde los residuos arrastrados por las corrientes llevan años acumulándose, aunque parece que por fin comienzan a verse proyectos que están resultando clave para poder acabar con todos esos plásticos.

Dentro de esa zona hay bastante variedad. Aparecen fragmentos pequeños, difíciles de ver a simple vista, pero también piezas mucho más grandes, como redes de pesca o cuerdas que pueden permanecer flotando durante mucho tiempo. Esa combinación es lo que ha llevado a que distintos proyectos intenten intervenir directamente ahí, aunque no siempre sea sencillo y uno de los que más recorrido tiene es el de The Ocean Cleanup, una organización que lleva años probando distintas soluciones para retirar plástico en mar abierto. Su sistema más reciente es también el más grande que han puesto en marcha hasta ahora, con la intención de trabajar a mayor escala que en fases anteriores.

Una muro de 2,2 kilómetros para limpiar el océano

El llamado Sistema 03 no es exactamente un muro, aunque a veces se utilice esa palabra para describirlo. Se trata de una estructura flotante de unos 2,2 kilómetros que se desplaza junto a las corrientes y va acumulando los residuos que encuentra. El planteamiento no es especialmente complejo si entendemos que la barrera actúa como un punto donde el plástico deja de dispersarse y se concentra. Después, ese material se recoge y se traslada a tierra para su tratamiento, algo que permite retirarlo del entorno marino.

Aquí el tamaño influye bastante ya que cuanto mayor es la longitud del sistema, mayor es también la capacidad de recoger residuos. No elimina el problema de forma inmediata, pero sí permite trabajar en una escala más amplia, que es lo que se busca en este tipo de intervenciones. Además, el sistema aprovecha el propio movimiento del agua, por lo que no necesita desplazarse activamente para buscar residuos, sino que son las corrientes las que los llevan hasta la barrera. Esto simplifica bastante el funcionamiento y evita añadir complejidad innecesaria.

Qué hay realmente en esa zona del Pacífico

Cuando se habla de la Gran Mancha de Basura del Pacífico, muchas veces se piensa en una especie de isla visible desde lejos pero en la práctica no es así sino que la mayor parte del plástico está dispersa en el agua en forma de fragmentos pequeños que pasan desapercibidos. Las estimaciones apuntan a cifras bastante altas: alrededor de 1,8 billones de piezas de plástico, con un peso total que supera las 80.000 toneladas. Son datos que ayudan a hacerse una idea del volumen, aunque no se traduzcan en una imagen clara.

También conviene tener en cuenta el origen de esos residuos. No todo procede de productos de uso diario sino que una parte importante está relacionada con la actividad pesquera, como redes o cuerdas que se pierden o se abandonan y que pueden permanecer durante años en el mar. Este tipo de materiales suele ser más resistente y, en algunos casos, más complicado de retirar y además, puede seguir afectando a la fauna marina mientras permanece en el agua, lo que añade otro problema más allá de la acumulación de plástico.

Un sistema útil, pero que no soluciona todo

El desarrollo de este tipo de barreras permite retirar cantidades importantes de residuos, pero no resuelve el problema por completo. El principal inconveniente es que el flujo de plástico hacia el océano no se detiene. De hecho cada año siguen llegando nuevos residuos desde tierra, lo que hace que la acumulación continúe. Por eso, aunque estas soluciones funcionen, su efecto es limitado si no se actúa también en el origen del problema.

Aun así, los resultados de las pruebas anteriores han servido para mejorar el sistema actual. Versiones previas ya lograron retirar cientos de toneladas de plástico, lo que ha permitido ajustar el diseño y hacerlo más eficaz en esta fase.

La otra parte del proyecto es evitar que el plástico llegue al mar

Además de trabajar en mar abierto, el proyecto también ha puesto el foco en los ríos. La idea es interceptar los residuos antes de que lleguen al océano, lo que en muchos casos resulta más sencillo que retirarlos después. Estos sistemas funcionan como puntos de recogida en zonas estratégicas y permiten frenar parte del flujo de plástico. No eliminan el problema por completo, pero ayudan a reducirlo de forma significativa.

A partir de ahí, el enfoque es combinar ambas líneas de actuación: limpiar lo que ya está acumulado y, al mismo tiempo, reducir la cantidad de nuevos residuos que llegan ya que sin ese equilibrio, cualquier avance termina siendo temporal. En cualquier caso, este tipo de soluciones ayudan a reducir el impacto, pero no sustituyen otras medidas más amplias relacionadas con el consumo y la gestión del plástico y es ahí donde sigue estando el reto de fondo.

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