José Luis Puchol, veterinario: «Los gatos y los perros no son los sustitutos de los niños; mucha gente opta por no tener hijos y trata a sus mascotas como tal»
Las 3 razas de perros que jamás recomendaría un adiestrador
Los veterinarios coinciden: “Los gatos no toman agua de la fuente porque esté más fresca, se sienten naturalmente atraídos por el agua en movimiento”
Nuevas serpientes están migrando desde Alemania hacia el resto de ciudades europeas: autoridades piden precaución en ríos y lagos

De acuerdo con los datos más recientes de la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), correspondientes al censo de mediados de 2023, en España había registrados 10.165.498 perros y 967.834 gatos. En comparación, el Instituto Nacional de Estadística (INE) contabilizó en enero de ese mismo año 1.786.406 niños con edades comprendidas entre los 0 y los 4 años.
«El rol de los hijos como el de los animales en el hogar ha cambiado mucho a lo largo de la historia», reconoce el sociólogo y decano del Colegio de Sociólogos y Politólogos de Asturias, Jacobo Blanco, a RTVE. «Todas las implicaciones que tiene una sociedad contemporánea para proporcionarles estudios y educarles de forma que puedan prosperar en una sociedad es muy costoso desde el punto de vista de los esfuerzos personales y el esfuerzo económico que hay que hacer para ello», añade.
El peligro de humanizar a las mascotas
La relación con las mascotas ha experimentado una profunda transformación en las últimas décadas, y hoy en día son un miembro más del hogar. Este cambio también se refleja en un mayor gasto destinado a su bienestar. «Hay una especie de humanización de las mascotas y cada vez tendemos más a tratarlas como si fuesen personas. Hay gente que habla con su mascota, la abraza y la cuida como si fuera un miembro más de la familia», explica blanco.
Según un estudio de la empresa de investigación de mercados GfK, los hogares españoles destinan una media de 1.500 euros al año al cuidado de sus mascotas, una cifra que incluye alimentación, atención veterinaria, juguetes y servicios como guarderías. Todo ello refleja cómo la denominada humanización de las mascotas se ha consolidado como una tendencia cada vez más presente en la sociedad.
En este contexto, el veterinario José Luis Puchol visitó el pódcast de «Rompiendo el molde» para hablar sobre su trayectoria: «Ha evolucionado muchísimo en todos los aspectos. Uno de los cambios más importantes ha sido la percepción del propietario, que ahora ya no se llama propietario, sino tutor. Antes, cuando proponías un tratamiento complejo, costoso y, en ocasiones, engorroso, la respuesta más común era algo como: «Con ese dinero me compro tres perros como este»».
«Hoy en día, esa barrera ha desaparecido. De hecho, los propietarios están dispuestos a hacer todo lo posible por sus mascotas, entendiendo que son una parte fundamental de su familia. Nosotros, en nuestra clínica, solo trabajamos con perros y gatos, y el cambio en la mentalidad de los tutores ha sido clave para que podamos ofrecer tratamientos más avanzados y caros sin que exista tanta resistencia».
Sobre la demanda creciente tanto de perros como de gatos en las familias, Puchol, que fundó su primera clínica veterinaria nada más finalizar la carrera y hoy dirige un hospital con más de 180 empleados, considera que «es un fenómeno interesante. Aunque no creo que los perros y gatos deban sustituir a los niños, es cierto que muchas personas optan por no tener hijos y ven a sus mascotas como una parte esencial de su familia. Lo importante es que las mascotas sean tratadas con respeto y amor, y que los propietarios sean conscientes de la responsabilidad que implica tener un animal».
Perjuicios para los animales
Aunque para muchas personas los perros son un miembro más de la familia, los expertos advierten de que humanizarlos en exceso puede afectar negativamente a su bienestar. El problema no está en cuidarles y darles cariño, sino en atribuirles necesidades y comportamientos propios de los seres humanos, olvidando que siguen siendo animales con sus propios instintos y necesidades.
Entre las principales consecuencias figura el estrés crónico. Según los veterinarios y etólogos caninos, impedirles utilizar sus sentidos con normalidad o limitar sus conductas naturales puede generar una frustración permanente que termina afectando a su bienestar físico y emocional. Por otro lado, la sobreprotección también puede favorecer la aparición de miedos e inseguridades.
Asimismo, los perros pueden sufrir problemas de socialización si se les acostumbra a rutinas muy alejadas de su comportamiento natural, en las que apenas pueden interactuar con sus congéneres. A esto hay que sumar que la ausencia de límites claros puede provocar problemas de convivencia. Permitir determinadas conductas desde cachorro, como ocupar cualquier espacio de la vivienda o ignorar normas básicas, hace mucho más complicado corregir esos hábitos posteriormente.
Finalmente, algunos animales desarrollan un fuerte vínculo de dependencia con sus propietarios, conocido como ansiedad por separación o hiperapego. En determinados casos también pueden aparecer conductas agresivas relacionadas con la frustración o la dificultad para gestionar límites y normas, lo que repercute tanto en la convivencia familiar como en el bienestar del propio animal.
Los expertos insisten en que evitar la humanización no significa querer menos a los perros. Al contrario, supone respetar su naturaleza y cubrir sus verdaderas necesidades. Para ello recomiendan permitirles correr, olfatear, explorar, jugar y relacionarse con otros perros, además de evitar exponerlos de forma habitual a situaciones propias de los humanos.