Lo que comían realmente los personajes históricos más famosos
Entre las curiosidades acerca de muchos personajes de la historia, está su vida privada y lo que comían. Aquí te informamos de ello.
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Cuando pensamos en grandes figuras de la historia, casi siempre las imaginamos tomando decisiones épicas, ganando batallas o cambiando el rumbo del mundo. Pero hay una pregunta mucho más simple, y bastante humana, que casi nunca nos hacemos: ¿qué comían en su día a día? La respuesta suele sorprender. Lejos de banquetes constantes y mesas interminables, muchos personajes históricos tenían dietas rutinarias, raras o incluso monótonas. Mirar su alimentación de cerca no solo los baja del pedestal, también ayuda a entender mejor su época, sus ideas y hasta sus pequeñas obsesiones.
Napoleón Bonaparte: comer rápido y sin complicaciones
Napoleón nunca fue un apasionado de la comida. Para él, sentarse a la mesa era casi una pérdida de tiempo. Comía rápido, sin ceremonias y muchas veces sin terminar el plato. La comida era solo una pausa breve entre decisiones importantes.
Su dieta era bastante básica: pollo hervido, cordero, lentejas, algo de pan y sopas sencillas. Nada demasiado elaborado. Bebía vino, sí, pero sin excesos ni celebraciones alrededor. Lo curioso es que sufría problemas digestivos con frecuencia, algo que muchos historiadores asocian a su forma acelerada de comer.
Incluso cuando fue emperador, rodeado de lujos, su relación con la comida siguió siendo práctica y poco emocionante.
Leonardo da Vinci: adelantado a su tiempo… también al comer
Leonardo da Vinci fue un genio en casi todo, y su manera de alimentarse no fue la excepción. Datos que han ido sabiendo apuntan a que seguía una dieta mayoritariamente vegetariana, algo muy poco común en pleno Renacimiento.
Leonardo comía a base de frutas, verduras, legumbres, pan y frutos secos. No mucha carne, sobre todo porque sentía un gran respeto por los animales. El vino estaba presente, pero siempre con moderación.
Leonardo creía firmemente que comer en exceso apagaba la mente y afectaba la creatividad. En una época de banquetes y excesos, su estilo de vida alimenticio era casi una rareza.
Cleopatra: mucho menos lujo del que imaginamos
Cuando pensamos en Cleopatra, solemos imaginar mesas llenas de oro y platos exóticos. Sin embargo, su alimentación diaria era mucho más sencilla.
Cleopatra solía comer pan de trigo o cebada, legumbres, verduras, higos, dátiles y productos pescados en el Nilo. La carne no era algo diario.
Eso sí, en ocasiones especiales sí había banquetes con carnes asadas, vino especiado y dulces con miel. Pero en el día a día, Cleopatra comía de forma muy parecida a su pueblo.
Enrique VIII: comer como rey… literalmente
Si hay alguien que sí disfrutó de los excesos, fue Enrique VIII. Su dieta era abundante, pesada y constante, una auténtica demostración de poder.
Comía enormes cantidades de carne: ternera, cerdo, cordero, venado y aves. Todo acompañado de pan blanco, quesos y cerveza o vino. Las verduras casi no aparecían en la mesa, ya que se consideraban comida poco elegante.
Sus desayunos podían incluir carne y alcohol, y los banquetes duraban horas. Con el tiempo, este estilo de vida pasó factura: obesidad, gota y otros problemas de salud marcaron sus últimos años.
Mahatma Gandhi: simplicidad llevada al extremo
Para Gandhi, la comida estaba directamente ligada a sus creencias. Su dieta era vegetariana, muy sencilla y cuidadosamente controlada. Arroz, frutas, verduras y legumbres eran la base de su alimentación.
A lo largo de su vida experimentó con ayunos, dietas crudas y restricciones alimentarias, convencido de que el autocontrol empezaba por lo que uno comía. Durante un tiempo, incluso limitó su consumo a leche de cabra.
Para Gandhi, comer no debía ser un placer excesivo, sino un acto consciente. Sus ideas influyeron profundamente en la forma en que millones de personas entienden hoy la alimentación ética.
Julio César: dieta romana sin tanto glamour
Las películas suelen mostrar a los romanos rodeados de banquetes constantes, pero la realidad era muy distinta. La dieta diaria de Julio César era bastante austera.
Pan, gachas de cereales, aceitunas, queso y vino rebajado con agua formaban la base de su alimentación. La carne no era diaria y el pescado era más común. También consumía frutas y verduras de temporada.
Durante las campañas militares, la dieta se volvía aún más básica: pan duro, algo de carne salada y vino. El lujo quedaba reservado para ocasiones muy puntuales.
Albert Einstein: genio con hábitos simples
Einstein nunca fue alguien complicado para comer. Tenía hábitos sencillos y repetitivos, algo bastante común en personas muy concentradas en su trabajo. Prefería platos simples, sin demasiada preparación.
Con los años, se inclinó hacia una dieta casi vegetariana, convencido de que era más saludable. También era famoso por olvidarse de comer cuando estaba absorto en sus pensamientos.
A modo de conclusión
La alimentación de los personajes históricos famosos dice mucho más de ellos de lo que parece a simple vista. Lejos de los mitos y exageraciones, la mayoría tenía dietas sencillas, condicionadas por su época, su cultura y sus creencias personales. Algunos comían por placer, otros por disciplina, y muchos veían la comida como algo secundario frente a sus ideas o responsabilidades.
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