El análisis de miles de huesos en un yacimiento revela algo inédito sobre la dieta de los manchegos hace 3900 años
Imagínate vivir en plena llanura manchega hace casi 4.000 años, con un clima cada vez más seco y el agua convertida en un bien escaso. Comer era una cuestión de supervivencia y, aun así, lo que se comía entonces no era improvisado ni aleatorio.
Un nuevo estudio arqueológico ha analizado miles de huesos encontrados en la Motilla del Azuer, cerca de la actual Daimiel, y ha permitido reconstruir con bastante precisión qué llegaba a la mesa de aquellas comunidades de la Edad del Bronce.
La investigación se centra en un periodo concreto, hace unos 3.900 años, y muestra hasta qué punto estos primeros manchegos supieron adaptarse a un entorno duro usando los recursos que tenían más a mano.
Qué comían los habitantes de este yacimiento de La Mancha
El análisis de más de 9.000 restos óseos revela que la base de la dieta era los animales domésticos, sobre todo ovejas y cabras. Estos representaban casi la mitad de los huesos identificados, algo que no sorprende si piensas en un paisaje seco, con pocos pastos y agua limitada.
En segundo lugar aparece el cerdo, que se sacrificaba joven, lo que indica una estrategia para aprovechar carne tierna sin gastar recursos en mantener al animal durante años. Vacas y toros estaban presentes, pero en menor medida, probablemente porque necesitaban más agua y mejores pastos.
La caza también era parte de la actividad, aunque con una peculiaridad clara. El animal salvaje más consumido era el conejo. Sus restos son abundantes y apuntan a un entorno abierto, donde este animal era fácil de capturar. La caza mayor, en cambio, era muy escasa.
Muchos huesos presentan marcas de corte hechas con herramientas de piedra, fracturas para extraer el tuétano y señales de haber pasado por el fuego. Todo indica que la carne se procesaba al detalle y se aprovechaba al máximo, sin desperdicios.
Por qué este hallazgo sobre los manchegos es importante
Este estudio no solo amplía información sobre la alimentación de la Prehistoria en La Mancha, sino que ayuda a entender cómo estas comunidades sobrevivieron en un momento marcado por la aridez y el crecimiento de la población. La Motilla del Azuer funcionaba como un centro clave para controlar el agua gracias a su pozo profundo, algo único en la Península Ibérica.
Apostar por animales resistentes, combinar ganadería con agricultura básica y recurrir a especies salvajes abundantes muestra una planificación clara. Los antiguos habitantes organizaban el territorio y los recursos para reducir riesgos.
Además, al comparar estos datos con otras zonas de la península, se ve que no todas las comunidades del Bronce vivían igual. Cada una ajustaba su economía al entorno, y la manchega lo hizo priorizando lo más práctico.
El hallazgo de estos huesos habla de decisiones, de adaptación y de una forma de vivir que permitió a estas gentes mantenerse durante siglos en un paisaje cada vez más hostil. Muestra una gestión consciente de los recursos, una economía pensada a largo plazo y una relación muy directa entre el entorno, la comida y la supervivencia diaria en la prehistoria.