Rajoy sale vivo pese a que Rivera le dejó tocado a él y hundido a Iglesias con la corrupción

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Los candidaos a la Presidencia del Gobierno en el Debate a 4 (FOTO: EFE)

Era un combate tedioso, en el que ganaba a los puntos el único que podía presumir de haber gobernado algo alguna vez. Mariano Rajoy había dado una enorme lección en el bloque económico a sus contendientes en la apertura del debate, y había mostrado una solvencia pétrea en el apartado de reformas institucionales –especialmente en el asunto catalán–. Pero llegó el bloque de la corrupción y el debate a cuatro fue otro, salió del cardiograma plano que amenazaba con dormir a los votantes espectadores, y reventó con una andanada brutal de Albert Rivera a izquierda y derecha.

El candidato de Ciudadanos dijo la palabra prohibida: "Venezuela", y Pablo Iglesias perdió las facciones de la cara, empezó a murmurar y a cabecear desquiciado con las manos crispadas agarrando el atril. Y, al poco, el líder del partido naranja blandió la portada de los SMS a Bárcenas que Eduardo Inda destapó en el diario El Mundo el 14 de julio de 2013, y Mariano Rajoy se enfadó como lo hace un señor serio y poco acostumbrado a ataques que le tocan en lo personal: indignado, descolocado. Tardó en volver a ser el mismo.

 

Ése fue el momento culmen del debate. Si hubiese sido un combate de boxeo, se diría que fue ése el asalto por el que mereció la pena pagar la entrada. Y de él salió triunfador Albert Rivera, el contendiente con menos pasado de todos los presentes, y el único que nunca dijo aspirar a ser el ganador de las elecciones del 26J. Quizá por eso el más libre para atacar sin ser atacado. Rajoy se tambaleó, Iglesias quedó noqueado y desquiciado, y Sánchez… Sánchez simplemente, no estuvo ahí.

 

Como no estuvo en casi todo el debate. Al menos en su sitio, como candidato del Partido Socialista, la formación política que más años ha gobernado España en democracia. El líder del PSOE lo tenía ciertamente difícil, emparedado entre sus aspiraciones de desbancar a Rajoy y desbancado en las encuestas por Iglesias, con dificultades para hallar su sitio y su rival.

El bloque económico, para Rajoy

Todo había comenzado con una lección de Rajoy en la pizarra de la economía. El primer bloque fue un paseo para el presidente en funciones. Mientras Pablo Iglesias trataba de pintar un país más cercano al tercer mundo y Rivera se limitaba a repetir su propuesta de contrato único –ahora bajo el nombre de ‘contrato estable’–, Sánchez no lograba la atención del presidente cuando le afeaba sus políticas. Primero, porque hereda las siglas de Zapatero, principal responsable de la enorme crisis económica de la que aún no ha podido salir España. Y segundo, porque el presidente presenta un balance doloroso pero esperanzador: su legislatura remontó una herencia "con 30.000 millones de déficit público más del reconocido", con un país "al borde de la quiebra" y, logrando "evitar el rescate", ahora España es "la economía que más crece y más empleo crea de Europa".

La velada había oído su primer gong a las 22.00 de este lunes, y los cuatro candidatos a la Presidencia del Gobierno salieron al ring por primera vez. El presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy (PP), junto a Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (C’s) en un mismo plató.

Las miradas se dirigían, todas, hacia Rajoy, cuyo jefe de Gabinete y director de campaña, Jorge Moragas, había asegurado por la mañana que en el PP esperaban que fueran "todos a por el PP". Por contra, en Ferraz señalaban la existencia de una "pinza" entre los de Génova y Podemos para "aislar" al PSOE.

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Rajoy e Iglesias departen antes del debate, junto a Moragas y Errejón.

Los cuatro candidatos habían arrancado su primera intervención respondiendo a la pregunta de uno de los moderadores, en  concreto de Pedro Piqueras, sobre si creían posible una nueva repetición de elecciones a lo que los cuatro respondieron que no sin mucha sorpresa en sus argumentos: el PSOE y C’s repitieron el mensaje de que ellos lo había intentado, el candidato de Unidos Podemos apuntó que no habrá una tercera llamada a las urnas si Sánchez pacta con Iglesias, y el candidato popular volvió a insistir en el mensaje de que "si se deja gobernar a la fuerza más votada" no habrá motivo de que tengamos unos terceros comicios.

La estrategias

Las estrategias de cada partido quedaron bien marcadas ya en el primer bloque dedicado a la economía, "el fuerte del presidente", según señalaban los expertos en tertulias políticas varias. Y no se equivocaron. Rivera, Sánchez e Iglesias interpelaban una y otra vez a Rajoy quien, muy lejos de responder a los otros candidatos, sacó pecho de su gestión económica además de defender, entre otras cuestiones, la calidad del empleo de nuestro país. Un presidente seguro, tranquilo y con el discurso bien aprendido sorteó las invectivas de unos y otros sin apenas inmutarse.

Cansado de no obtener respuesta de del candidato popular, finalmente, Albert Rivera, abrió el abanico y -enseñando una portada de periódico en la que se leía que "Podemos propone un alza masiva en los impuestos"- se dirigió al líder del partido de los círculos quien, en su respuesta, quiso ridiculizar al presidente de Ciudadanos al espetarle: "Sr. Rivera, entre la copia y el original, me quedo con el original, mi adversario es el PP".  Una embestida que obvió el líder del partido naranja.

"Aquí no se viene a hacer prácticas"

El bloque económico lo zanjó una contundente frase del nº1 de Génova: "Aquí no se viene a hacer prácticas, aquí se viene aprendido". Tal como habían anunciado, Mariano Rajoy sacó a relucir el caso de Grecia comparándolo con la propuesta económica que quiere llevar a cabo Podemos.

Enlazando co la economía, llegó el bloque de las políticas sociales, en el que el debate se volvió más espeso. Sin casi interpelaciones, a excepción del líder de Ciudadanos, quien cuestionó gran parte de la gestión del actual Gobierno en funciones. Rivera y Sánchez tiraron de la técnica del storytelling, técnica que ha abanderado el presidente de los EEUU, Barack Obama, que consiste en explicar las políticas a partir de historias reales. El líder del partido naranja habló de una huérfana que no recibía pensión por la muerte de su padre y Sánchez, la de un profesor universitario que se lamentaba del actual modelo educativo.

Y llegó la corrupción…

Éste era, sin duda alguna, unos de los momentos más esperados del debate. Lo inició Pablo Iglesias quien se imitó a sí mismo, intentando -porque no lo consiguió- repetir el discurso y el efecto que produjo su último minuto del "Debate a 4" del pasado mes de diciembre, cuando enumeró a modo de recordatorio, todos los casos de corrupción, no sólo del PP sino también del PSOE.

Sánchez no lo dudó y con gesto de sorpresa y gran contundencia preguntó al líder del partido de los Círculos: "A mí me sorprende que en esa lista no haya mencionado a Monedero o la beca de Errejón". Éste fue tan solo el primer reproche de una larga lista que los cuatro líderes se lanzaron a la cara a lo largo de estos minutos.

…y también Venezuela

Enzarzados a tres, Rajoy, Sánchez e Iglesias, el espectador se preguntaba dónde estaba Albert Rivera, si iba a dejar escapar su oportunidad, precisamente en el bloque en el que más tenía que ganar, pues su partido es el que menos ‘pasado’ tiene en el campo de la corrupción. Tras unos minutos, el líder de Ciudadanos hizo acto de presencia convirtiéndose en el centro absoluto del debate. Lo hizo asestando golpes a unos y a otros, y consiguiendo que tanto el candidato popular como el de Podemos, más el segundo que el primero, perdieran los nervios. A Rajoy le recordó -y blandiéndola ante las cámaras- la portada de ‘El Mundo’ firmada por Eduardo Inda, en la que se podían leer los SMS de Rajoy a Luis Bárcenas.

A la cara, Rivera reclamó a Mariano Rajoy lo que lleva pidiendo meses, que el presidente en funciones dé un paso atrás y deje gobernar a un equipo con personas diferentes.

A Iglesias por su parte, le corrigió su primera afirmación –"nosotros no pedimos dinero a los bancos"–, subrayando que su coalición es la que tiene la mayor deuda con las entidades financieras, 11 millones de euros -la deuda que ha heredado al aliarse con Izquierda Unida- y, sobre todo, las entregas de millones de euros por parte de la dictadura chavista a través de la fundación Ceps. Al respecto de Venezuela, un contundente Albert Rivera le ha espetado duramente: "Ya sabemos que Podemos no pide dinero a los bancos, a ustedes se lo da directamente el Gobierno de Maduro".

Mientras Rajoy  se recuperaba de la andanada en su atril, Pablo Iglesias hacía lo posible, histérico, por evitar que Rivera continuara su discurso, interrumpiendo y murmurando, con movimientos nerviosos en su puesto de debate.

A partir de ese punto, el debate fue otro. Albert Rivera se erigió en protagonista, repartiendo a izquierda y derecha, poniéndose en posición de presidenciable y recuperando un protagonismo que le niegan las encuestas. El candidato de Podemos no recuperó la forma ya en adelante, y Rajoy tardó un poco en superar su indignación. Cada vez que se le ataca con el asunto Bárcenas el presidente en funciones lo siente como un ataque personal, y le cuesta digerirlo, pero al poco, se rehizo y en los siguientes bloques –política exterior y política de pactos poselectorales– estaba de nuevo en presidente. Aunque la falta de tiempo redujo estos apartados a meras menciones de intenciones de cada candidato, lo que volvió a dejar a Sánchez sin sitio para marcar territorio.

Así, en relación a las previsibles alianzas tras el 26J, los cuatro candidatos mantuvieron su postura de hace semanas, es decir, no desvelar mucho. A excepción de Iglesias, que insistió en su oferta envenenada a Sánchez, y de Rajoy, quien volvió a tender la mano a Sánchez y a Rivera para una gran coalición.

El minuto final que los moderadores ofrecieron a los cuatro candidatos para pedir el voto a los telespectadores se saldó con pocas sorpresas. Las posiciones ya estaban marcadas y ni Rivera remató la faena ni Rajoy brilló en un formato que no es el suyo. Tampoco Iglesias supo remontar del KO que arrastraba desde que escuchó la palabra "Venezuela", ni Sánchez logró recuperar terreno.

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