Ministerio del Interior

Los guardias civiles desmienten al Ministerio de Marlaska: «La rave de Albacete no es algo imprevisto»

Exigen a la directora que ponga fin a las condiciones abusivas y peligrosas que están sufriendo

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Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior.
Rosalina Moreno

Los guardias civiles desmienten al Ministerio de Fernando Grande-Marlaska sobre que la rave ilegal que se está celebrando en Hellín (Albacete) desde el pasado martes sea una situación extraordinaria e imprevista. «Mentira, no es algo imprevisto», sostiene categóricamente la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), la mayoritaria, destacando que la celebración de este evento se conocía desde hacía tiempo y, de hecho, «existía una orden de servicio preparada con antelación, pero, sin embargo, no ha habido previsión».

«No se conocía el punto exacto, pero sí la zona aproximada» donde iba a celebrarse esta rave europea para celebrar el fin de año, que finalmente se está consumando con total impunidad, y que el primer día se saldó con una decena de guardias civiles heridos y vehículos policiales destrozados, como ha informado OKDIARIO.

Los agentes fueron atacados a pedradas y con palos por los antisistema. «Nos apedrearon salvajemente», han declarado a este diario los primeros intervinientes, relatando el infierno que sufrieron. La AUGC denuncia la «grave falta de previsión, coordinación y protección» sufrida por los guardias civiles desplegados en el dispositivo policial establecido para impedir esta fiesta ilegal.

Apenas 18 agentes frente a una turba violenta de un millar de individuos que llegaron, al menos, 13 horas de servicio, con una fatiga extrema y sin poder realizar detenciones debido a la inferioridad numérica en la que se encontraban frente a los antisistema.

Eugenio Nemiña Suárez, responsable jurídico de la AUGC, así como vocal del Consejo de la Guardia Civil y de la Comisión de Riesgos Laborales, denuncia que en OKDIARIO que «están jugando a la ruleta rusa con la vida de los agentes».

La cadena de mando envió el primer día a efectivos de los Grupos de Reserva y Seguridad (GRS), nuestra unidad de élite en orden público, pero con una orden suicida: acudir en modo preventivo y sin material antidisturbios: sin sus escudos, sin sus cascos y sin medios de proyección. Cuando la turba violenta decidió romper el perímetro, los agentes se encontraron vendidos, teniendo que enfrentar una lluvia de piedras.

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Imágenes de agentes atacados y vehículos que han sido destrozados.

Este dispositivo se vio rápidamente desbordado y ni siquiera el apoyo posterior del GRS de Sevilla logró recuperar el control de los accesos a la zona de la rave. Después, fue reforzado con la Unidad de Seguridad Ciudadana (USECIC) de Albacete y patrullas de Seguridad Ciudadana, pero ni siquiera el apoyo de todas estas unidades logró frenar la asistencia a la rave. Ante este colapso operativo, se ordenó el desplazamiento urgente de efectivos del GRS de Zaragoza, de la USECIC de Madrid y de la de Castilla-La Mancha, así como refuerzos ya enviados desde Murcia y Albacete.

La situación actual, según detalla a OKDIARIO Eugenio Nemiña, es que «los agentes que prestan servicio están sufriendo la anulación sistemática de sus descansos semanales y descansos festivos —vulnerando la normativa vigente—».

Asimismo, «los descansos diarios son inexistentes de facto, imponiéndose jornadas extenuantes que comienzan con desplazamientos de hasta cuatro horas, continúan con el servicio en el lugar y finalizan con otras cuatro horas de regreso», pese a que «no estamos ante una situación imprevista ni extraordinaria».

Y con la USECIC, que son unidades especializadas, están siendo «usadas para tapar agujeros», a lo que se suma, además, que a las que son de otras provincias, se les está cortando el servicio antes de las 16:00 horas para ahorrarse Interior la dieta de la comida.

El ‘modus operandi’ de siempre

Además, afirma que éste es el modus operandi de siempre: «Ocurre algo y  se escudan en lo ‘imprevisto’ mientras que el sistema colapsa y recortan derechos laborales», «incapaces de gestionar recursos y personal sin recortar derechos».

«La Dirección General sigue viviendo en los años 50. Cree que con el tricornio y la capa los delincuentes se asustan», critica indignado, destacando que «son incapaces de gestionar».

 

«Gestionar no es anular derechos. Para esto no necesitamos tantos generales», apunta, recordando que cuando tuvo lugar la tragedia de Barbate que se saldó con dos guardias civiles asesinados, arrollados por una narcolancha el 9 de febrero de 2024, «los metieron en el agua para asustar, pero no asustaron y los que dieron la orden se escondieron bajo tierra».

«Ahora vuelven a lo mismo, piensan que unos pocos pueden asustar a miles y cuando eso falla, improvisación», lamenta. Además, denuncia que «para desfiles, letreros luminosos o instrumentos musicales siempre hay presupuesto, pero pagar un hotel y dietas para que un trabajador descanse y no se mate en la carretera, para eso no hay dinero». «La seguridad de los agentes es su última prioridad», critica Nemiña.

Tratados como esclavos

La AUGC ha puesto pie en pared y ha exigido por escrito a la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, que asuma el mando efectivo de la situación y adopte las medidas urgentes necesarias para garantizar el descanso real del personal desplegado en este evento, «poniendo fin de inmediato a las condiciones abusivas y peligrosas» que se están produciendo.

«No queremos medallas póstumas ni lamentos hipócritas cuando pase una desgracia. Queremos prevención y derechos. Y lo queremos ya», concluye Eugenio Nemiña. «Que se enteren en el Ministerio que los guardias civiles no somos esclavos ni carne de cañón», sentencia.

En su escrito, el responsable jurídico de la AUGC comunica a la directora de la Benemérita que está recibiendo «numerosas y alarmantes consultas» relativas a la situación de «riesgo y precariedad» a la que se está exponiendo al personal comisionado en el dispositivo de la rave.

«La realidad es que no se hicieron los deberes. Mientras que algunas comandancias, como Guadalajara, previeron servicios combinados o retenes ante la posibilidad de incidentes, otras no tomaron medida alguna. ¿Para qué nombrar localizaciones si luego no se activan? Ahora se evidencian las consecuencias de esa inacción», le transmite.

Uno de los vehículos policiales atacados.

Violencia contra los agentes

Asimismo, le reprocha que nos hemos acostumbrado a que, cada vez que ocurre un incidente, «se escude todo bajo el paraguas de situación extraordinaria para ocultar la incapacidad manifiesta de organizar y gestionar». «¿Fue extraordinario lo de la valla en Melilla, pese a nuestras constantes advertencias? ¿Fue extraordinario lo ocurrido en Barbate, donde nuestras embarcaciones eran embestidas habitualmente, al igual que nuestros vehículos en carretera?», le plantea, preguntando también si acaso se puede calificar esta rave de algo «extraordinario», a pesar de contar con una orden de servicio previa alertando de la celebración.

«Lo único verdaderamente extraordinario sería que alguien asumiera responsabilidades por esta falta de previsión y por recurrir, como única solución, al recorte de derechos de los trabajadores sin criterio alguno, poniendo en grave riesgo su salud e integridad, pero, por desgracia, lo único que veremos es el ascenso de alguno de los que ahora no han hecho su trabajo», le espeta.

Y agrega que «gestionar no consiste en anular permisos o descansos», así como que «para esa labor tan simplista no necesitamos coroneles ni generales». «El sueldo que perciben exige una capacidad de gestión superior a la mera supresión de derechos», apostilla en el escrito, afirmando que resulta incomprensible que no se haya solicitado personal voluntario en comisión de servicio para cubrir la zona.

Una acción que supondría que los agentes acudirían voluntariamente, trabajarían sus horas y, al finalizar, descansarían en un hotel, garantizando que su reincorporación al servicio se realice en condiciones psicofísicas óptimas.

«¿Puede alguien explicarme en qué condiciones se encuentra un agente que, tras cuatro horas de conducción, debe iniciar un servicio operativo (incluso nocturno) para, al finalizar, afrontar otras cuatro horas de volante? ¿Cómo se pretende afrontar posibles enfrentamientos ante grupos organizados y multitudinarios con un personal exhausto?», inquiere a Mercedes González, indicando que «se están cometiendo una y otra vez los mismos errores y una y otra vez se juega con la vida de los trabajadores». 

«La sensación generalizada es que quienes toman las decisiones en la Guardia Civil siguen anclados en los años 50 o 60, creyendo que la simple presencia del tricornio y la capa basta para disuadir. La sociedad ha cambiado: la agresividad y la violencia contra los agentes van en aumento y los grupos actúan de forma organizada. Sin embargo, la única respuesta que recibimos en el Consejo es un encogimiento de hombros», concluye el responsable jurídico de la AUGC, instando a la directora a tomar medidas de inmediato.

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