CESE DEL JEFE DE LOS MOSSOS

ERC tenía como objetivo a Trapero desde que declaró tener un plan por si había que detener a Junqueras

El que fuera ensalzado como símbolo de la defensa del referéndum ilegal dijo en el juicio del Procés que preparó posibles detenciones 48 horas antes de la votación

En cuanto la Conselleria de Interior cayó en manos de Esquerra Republicana la primera decisión fue fulminar a Trapero, quien ya llevaba meses en el ostracismo policial pese a su restitución

El Govern nombra jefe de los Mossos al mando que ordenó la caza de quienes retiraban lazos amarillos

La Audiencia Nacional absuelve a Trapero por el 1-O

Josep Lluis Trapero
Josep Lluís Trapero

De puertas para afuera la destitución del jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero, se ha vendido como un cambio en la cadena de mando que nada tiene que ver con una pérdida de confianza de quien en su día fuera ensalzado como el bastión policial del Independentismo frente a las llamadas ‘fuerzas de ocupación’ que no son otras que las policías constitucionales del Estado Español. La realidad es que lo que el Gobierno de Cataluña le ha dado a Josep Lluis es una puñalada trapera para ajustar cuentas con una afrenta que se produjo el 14 de marzo de 2019, el día que el jefe de la Policía Catalana dijo como testigo en la Audiencia Nacional que él mismo había diseñado un plan para detener a Oriol Junqueras y a varios miembros del Gobierno de Puigdemont si hubiera sido necesario. Dos años, nueves meses y una pandemia después, ERC se acaba de cobrar aquella factura.

El conseller de Interior de la Generalitat Catalana, Joan Ignasi Elena, asegura que la destitución del Jefe de los Mossos ha de entenderse desde la búsqueda de “nuevos liderazgos en el conjunto de los Mossos, nuevos retos y la renovación generacional”. Todo tan civilizado como frágil e impostado, ya que el cese del ya ex jefe de la Policía Autonómica Catalana comenzó a gestarse hace más de dos años y medio, y si no llega a ser por la pandemia del Covid, los cambios de gobierno en Cataluña y, sobre todo, el acceso de Esquerra Republicana de Cataluña a la Conselleria de Interior, Trapero estaría fuera de juego hace mucho.

Fuentes internas de los Mossos d’Esquadra en contacto con el propio Trapero aseguraron hace meses a OKDIARIO, concretamente antes de verano, que el jefe de los Mossos ya estaba amortizado y que si bien había sido restituido en su puesto ese gesto no era más que la antesala de su destitución. La absolución de Trapero como presunto responsable de delitos de sedición y desobediencia fueron enarbolados por los independentistas como otro triunfo contra el Estado Español, pero el entusiasmo con Josep Lluís Trapero se había apagado mucho tiempo antes, concretamente en marzo de 2019.

El héroe equivocado

La celebración del referéndum ilegal de independencia celebrado en Cataluña dejó imágenes históricamente vergonzosas para un cuerpo policial como las de agentes uniformados cuadrándose y saludando a los convocantes en los colegios donde votaron o escoltando el tránsito de las cajas de almacenaje que hicieron de urnas. El independentismo quiso ver una postura de oposición de su cuerpo policial contra policías y guardias civiles que llegaron a Cataluña con la misión de hacer cumplir un mandato judicial. Y a Trapero, el jefe de los Mossos, aquello debió servirle porque ni entonces ni en los días sucesivos se expresó con claridad meridiana acerca de su postura en aquellos días tan convulsos de Cataluña.

Sin embargo llegó el juicio por el referéndum ilegal en la Audiencia Nacional y allí Trapero fue citado como máximo mando de los Mossos y como testigo, por lo que estaba obligado a decir verdad. El 14 de marzo Trapero reconoció en sede judicial que durante los incidentes de octubre de 2017, concretamente el día que el Parlament declaró durante siete segundos la independencia de Cataluña, él contactó con el Tribunal Superior de Justicia catalán a cuyo presidente le dijo que “los Mossos estaban a su disposición para las actuaciones que considerasen, incluida alguna que habíamos hablado dos días antes como la detención de Carles Puigdemont y los consellers”.

Aquella declaración cambió el destino de Trapero y su percepción a ojos del Independentismo. Quedaron lejísimos las reuniones en casa de Pilar Rahola para cantar en torno a una mesa y los homenajes posteriores al referéndum ilegal. Trapero salió de la Audiencia Nacional y estuvo durante meses preparando su propio juicio y el de sus mandos por desobediencia y sedición. Lo ganó y fue restituido, sin grandes alardes. En noviembre de 2020, en plena pandemia, el jefe regresaba al frente de los Mossos de manera más formal que real.

El conseller de Interior habla ahora de relevo generacional. El nuevo jefe de los Mossos tiene 51 años, Trapero 56, y niega la pérdida de confianza de un mosso, Trapero, con el que nadie del Gobierno catalán hace meses que se fotografía en público. Ahora Josep María Estela tomará el relevo de Trapero. Un buen policía, seguro, pero sobre todo un simpatizante de las ideas independentistas, lo que, al menos mientras ERC sea el partido de sus jefes, le augura un brillante futuro profesional.

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