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El plan oculto de Iglesias: decapita a Fachin y su partido para crear el frente popular de Roures

PSC
Domènech, Junqueras, Iglesias y Roures
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Pablo Iglesias ha aniquilado a Albano Dante Fachin. Asegura que lo ha hecho para apartarse del discurso independentista. Pero, una vez más, sus palabras ocultan la verdad de su plan. Lo cierto es que su hoja de ruta no hace ascos a una unión con los separatistas. Simplemente está traicionando a su propio partido en Cataluña para concentrar el poder podemita en Domènech y Colau, intentar posteriormente un tripartito en esta comunidad de la mano, principalmente, de ERC, y trasladar este esquema a Madrid para derrocar a Mariano Rajoy ofreciéndole ese mismo apoyo a Pedro Sánchez. Todo ello, maquiavélico, enrevesado y, sobre todo, opaco. Tanto que es, simple y llanamente, el plan que se debatió en la cena en casa del multimillonario Jaume Roures, hace ya dos meses. Un plan que busca la implantación de un nuevo Frente Popular en Cataluña y acto seguido en toda España.

Iglesias lo ha pretendido vender como una actuación democrática. Hasta patriótica. Ha intentado divulgar la idea de que Podemos no es una formación separatista y que, como tal, no se puede permitir un escarmiento tan descarado como el de Fachin hacia el independentismo. Pero “la realidad es que el plan de Iglesias se conocía en Podemos hace mucho tiempo”, comenta una fuente de Podem en Cataluña. “Lo único que busca Iglesias es apoyar a Domènech y Colau, concentrar en ellos el voto de la órbita de Podemos y poner precio, así, a un posible tripartito encabezado por ERC”, añade esta fuente, que reconoce que en las discusiones internas del partido ya se había hablado de esta estrategia.

Las últimas encuestas no parecen descartar esta posibilidad. Y es que ERC, vaya a o no vaya en lista única, va a necesitar el apoyo de más de un partido para gobernar tras el 21-D. Y si ese apoyo decisivo pasa por Domenech y por los podemitas, la negociación no acabarán tierras catalanas.

Ese era, de hecho el inicio del plan de Jaume Roures. El que se trazó en aquella cena, en su casa, a la que asistieron casualmente Pablo Iglesias, Domènech y Junqueras el mismo día en el que se celebraba la manifestación en defensa, teóricamente, de las víctimas por los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils.

Pero, quizás, lo más relevante de esa cena fue la parte del pacto que premiaba a Iglesias por poner las cosas fáciles en Cataluña al avance de un frente de izquierdas. Básicamente porque todos los presentes estaban y están interesados en tumbar el Gobierno de Rajoy para que el trato al nacionalismo sea asumible para sus fines.

Pablo Iglesias dejó claro en la cena de la casa de Jaume Roures que su apoyo y traición a su propio partido en esta región no sería gratis. Y el precio era, precisamente, el apoyo a su persona en Madrid. Si se podía, para una moción de censura de la mano de Pedro Sánchez. Y, en caso de que eso no fuese materializable, para reforzar la persona de Iglesias en los momentos más bajo de su partido.

Ese es el plan oculto. Un plan que pasa por convencer a ERC de que camufle tras las próximas elecciones autonómicas su separatismo para edulcorar la píldora y que el PSOE pueda asumirla. Un plan, en definitiva, que, lejos de apartarse del golpismo separatista, pretende alisarle el camino para triunfe. Y con él el golpe a la Constitución con el que sueña Iglesias.

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