Mercados

¡Irresponsabilidad como norma!

Juan Luis Cebrián
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

“Tienes que comprar acciones en una recesión o crisis porque el gobierno se encargará de encauzar la situación bajando los intereses e inyectando liquidez”, André Kostolany

¡Frenética! Es el mejor adjetivo para calificar la pasada semana bursátil, con los precios del Futuro del petróleo cotizando en negativo, un nuevo evento a nuestras espaldas que sin duda pesará en los anales históricos. La realidad suele superar a la ficción, lo he comprobado en diversas ocasiones vitales, y así volvió a ser cuando este mercado loco pidió a los reguladores abrir cotizaciones en negativo con el Futuro del crudo.

La falta de capacidad sobre el almacenamiento de barriles de petróleo creó un desajuste entre demanda y oferta real, con clímax en el vencimiento. Dicha carencia sobre la capacidad de almacenar crudo obligó a muchos inversores a ¡pagar! hasta 40 dólares por barril para desprenderse de la obligación de comprar petróleo un mayo de 2020. Muchísimo dinero se ha perdido con este contrato de Futuro, créanme.

Y mucho más se ganará con esta estafa financiera, llamemos a las cosas por su nombre. Las hienas de Mr. Market fueron a por el precio y como Traders pudimos vivir el ‘crash’ más fatídico de la historia de la Bolsa, con caídas de 20 dólares por barril hasta los -40 dólares, para ver cerrar y morir a su vez, un contrato de mayo cerca de los ocho dólares por barril. ¡impresionante! En definitiva, una anomalía más provocada por el exceso de demanda de un activo que junto con el colapso de las Bolsas en marzo de 2020 y el extremo histórico del VIX, ya son nada menos que tres los ‘Black Swans’ que hemos asistido este 2020. No descarten alguno que otro más.

¿Cómo podemos entender esta anomalía? El gran problema de las repetidas anomalías que estamos viviendo en los mercados lo encontramos en la burbuja originaria de Connecticut, Estado estadounidense en el que Myron Scholes y Robert C. Merton fundaron el ‘Long Term Capital Management’ (LTCM) en 1994, un Fondo de retorno absoluto que buscaba estrategias de arbitraje con elevado apalancamiento. El LTCM empezó su recorrido con un insultante éxito, lo que dio paso a que Scholes y Merton ganaran el Premio Nobel de Economía en 1997 por un nuevo método para determinar el valor de los derivados. Sin embargo, lo que parecía imposible terminó en tragedia, y el verano de 1998 el LTCM palmó la friolera de 4.600 millones de dólares como consecuencia de la crisis financiera de deuda rusa. Para evitar el colapso, la FED presidida por aquel entonces por Alan Greenspan, resolvió las fuertes caídas bursátiles con una intervención que tapó el enorme fracaso del Fondo de los ex chicos de ‘Salomon Brothers’.

En 1999, el habitual cortoplacismo de nuestra sociedad degeneró una vez más en el reconocimiento social elevando a unos altares frágiles a financieros como si fueran héroes, concretamente a Greenspan, Rubin y Summers como los hombres que salvaron al mundo, según la prestigiosa portada de la revista TIME.

Proteger los mercados

Dicho todo lo anterior, para evitar el colapso comenzaron una política monetaria destinada única y exclusivamente a proteger los mercados financieros de sus amplios riesgos. Los productos apalancados permitieron una explosión de instrumentos derivados que servían como cobertura a las posiciones apalancadas para de tal modo cubrir posibles pérdidas. De esta manera surgieron los famosos ‘ABS, CDS, MBS’, entre muchos otros… Rescatar el fondo LTCM fue un enorme error bajo mi punto de vista como ingeniera financiera y economista, puesto que la economía desde entonces ha vivido un ciclo de dopaje monetario que parece imposible que podamos llegar a corregir.

Los bancos centrales comenzaron desde entonces una “martingala” financiera histórica, que parece no tener ningún tipo de fin. Para tapar un problema deben incrementar exponencialmente la oferta monetaria, hasta el punto de que la última martingala les exige recursos infinitos a la FED y casi ilimitados al BCE, ¡una auténtica locura sin precedentes! Entretanto, parece que la gente vive atemorizada por el COVID-19 sin saber muy bien qué está sucediendo en sus bolsillos, lo cual siempre es peligroso. Si algo he aprendido es que las burbujas financieras llevan la inflación a los bolsillos de los más ricos, y la deflación a los más sensatos, los ahorradores.

Y para rematar la semana, los mejores datos de la curva de esta maldita epidemia se completan con un nuevo permiso por parte del Gobierno a la sociedad española para salir a pasear a los niños y niñas. Situación que muchos han tomado a la ligera y de manera absolutamente irresponsable, sin entender ni un ápice lo que nos estamos jugando. Tampoco es de extrañar a nivel social, si escuchando a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, alguien que se presupone a un nivel sociocultural elevado, pronunciar por su boca que a lo mejor no podemos ir a los bares hasta el año que viene, algo tanto o más irresponsable que tomar a los niños como excusa para salir con los amigos al parque, ¿no les parece? ¡Este es el nivel señores/as!

¿Qué pensarán restauradores, hoteleros, agencias de viajes y los cientos de miles de personas que viven del turismo en este país? Cuando uno no es ni consciente ni responsable con aquello que tiene entre las manos ¡debe dimitir!

Soy una anarcocapitalista confesa, saben que discrepo ante el poder coercitivo del Estado, y hoy más que nunca siento que España no es de los gobernantes, aunque así lo crean. Aquellos que tienen la enorme responsabilidad de capitanear este barco, deben abandonarlo inmediatamente si lo están llevando a la deriva. No hay Ley que pueda ser democráticamente justa si permite a unos pocos dirigir la vida de millones de personas. Incapaces de liderar, tenemos ante nosotros el Gobierno más inepto, irresponsable e incompetente en el momento más importante de la historia de la democracia española. ¡Y así nos va!

Gisela Turazzini, CEO de Blackbird Bank

Lo último en Economía

Últimas noticias