Golpe de la Seguridad Social a la incapacidad permanente: se acabó cobrarla
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La pensión de incapacidad permanente es una prestación que se concede a aquellos trabajadores que, tras haber recibido tratamiento médico y haber sido dados de alta, presentan secuelas anatómicas o funcionales graves que afectan su capacidad para desempeñar una actividad laboral de manera efectiva. Este tipo de prestación tiene como objetivo ofrecer apoyo a quienes, debido a problemas de salud, ven reducida o anulada su capacidad para trabajar.
Sin embargo, acceder a esta pensión no es automático ni sencillo. Existen requisitos específicos que los trabajadores deben cumplir, especialmente en lo que respecta al tiempo de cotización previo. En función del origen de la incapacidad, las condiciones varían, estableciendo diferentes periodos mínimos de aportaciones al sistema. Además, recientes cambios normativos y sentencias judiciales han modificado algunos aspectos clave, lo que afecta a los derechos y obligaciones de los beneficiarios.
Requisitos de cotización según el origen de la incapacidad
El tiempo de cotización necesario para acceder a una pensión por incapacidad permanente varía dependiendo del origen de la enfermedad o accidente. En términos generales, se establecen diferencias clave entre incapacidades derivadas de accidentes laborales, enfermedades profesionales, accidentes no laborales y enfermedades comunes.
- Accidente de trabajo o enfermedad profesional: en estos casos, no se exige un periodo mínimo de cotización. Se considera que los trabajadores están afiliados y en alta de pleno derecho, incluso si el empleador no ha cumplido con sus obligaciones de cotización.
- Accidente no laboral: si el trabajador está dado de alta en la Seguridad Social o en una situación asimilada al alta (por ejemplo, cobrando el paro o registrado como demandante de empleo), tampoco se requiere un periodo mínimo de cotización. Sin embargo, si no se encuentra en alta, deberá haber cotizado al menos 15 años, con un mínimo de tres dentro de los últimos 10 años anteriores al hecho causante.
- Enfermedad común: si la incapacidad deriva de una enfermedad común, sí se exige un mínimo de cotización. En este caso, el trabajador debe estar dado de alta o en una situación asimilada y haber cotizado un periodo determinado según su edad:
- Para trabajadores menores de 31 años: se exige que hayan cotizado al menos un tercio del tiempo transcurrido entre los 16 años y la fecha del hecho causante.
- Para trabajadores de 31 años o más: se requiere un cuarto del tiempo transcurrido desde los 20 años hasta la fecha del hecho causante, con un mínimo de cinco años. Además, un quinto de este periodo debe haberse cotizado en los últimos 10 años antes del hecho causante o de la fecha en que se dejó de cotizar.
Tipos de incapacidad permanente y sus requisitos
La incapacidad permanente se clasifica en varios grados, cada uno con requisitos y características específicas:
- Incapacidad Permanente Total (IPT): inhabilita al trabajador para desempeñar su profesión habitual, aunque puede dedicarse a otra distinta. Si se deriva de enfermedad común, debe cumplir los requisitos de cotización mencionados anteriormente.
- Incapacidad Permanente Absoluta (IPA): impide a la persona realizar cualquier tipo de actividad laboral. Si proviene de una enfermedad común o un accidente no laboral y el trabajador no está en alta, se requiere haber cotizado al menos 15 años, con un mínimo de 3 en la última década.
- Gran Invalidez: se concede cuando el trabajador presenta una incapacidad absoluta y, además, necesita la asistencia de otra persona para realizar actividades esenciales de la vida diaria, como vestirse o alimentarse. Los requisitos de cotización son los mismos que para la incapacidad absoluta, pero la prestación incluye un complemento adicional.
Cambios normativos y nueva jurisprudencia
Hasta hace poco, existían situaciones en las que los beneficiarios de una incapacidad permanente absoluta o gran invalidez podían desempeñar trabajos muy limitados sin perder la pensión. Sin embargo, una reciente sentencia del Tribunal Supremo (STS 544/2024) ha cambiado este criterio.
Este fallo surgió a raíz del caso de un trabajador que, tras recibir la pensión por gran invalidez debido a la pérdida parcial de la visión, comenzó a trabajar en la ONCE. La Seguridad Social le notificó que su pensión era incompatible con cualquier actividad laboral y suspendió su prestación. El afectado recurrió, pero el Tribunal Supremo ratificó que las pensiones por incapacidad permanente absoluta y gran invalidez son incompatibles con estar dado de alta en la Seguridad Social.
Con esta sentencia, la Seguridad Social ha modificado su normativa. A partir de ahora:
- La pensión de incapacidad permanente absoluta se suspenderá si el beneficiario trabaja o está dado de alta en la Seguridad Social.
- La prestación podrá reactivarse si la persona deja de trabajar.
- El complemento de Gran Invalidez se mantendrá incluso si la pensión principal es suspendida
- Los trabajadores que antes compatibilizaban su pensión con un empleo podrán continuar hasta la finalización de su contrato, pero podrían ser sometidos a revisión.
El acceso a una pensión de incapacidad permanente requiere cumplir condiciones estrictas en cuanto a cotización y evaluación médica. La normativa distingue entre diferentes tipos de incapacidades y establece requisitos específicos según el origen de la enfermedad o accidente.