Psicología

La psicología explica que las personas que no felicitan al resto por sus logros no es por envidia: se protegen emocionalmente

personas que no felicitan al resto
Amigo incómodo. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Todos conocemos a alguien así: un compañero de trabajo, un amigo de toda la vida o incluso un familiar que, cuando llegan las buenas noticias, responde con un silencio incómodo o un comentario tibio. Las personas que no felicitan al resto por sus logros suelen cargar con la fama de envidiosas, egoístas o resentidas, una etiqueta que se repite en cualquier conversación.

La psicología, sin embargo, lleva años investigando qué ocurre realmente en la cabeza de alguien que evita reconocer el éxito ajeno. Los estudios apuntan a un mecanismo bastante más complejo que la simple envidia, relacionado con cómo cada persona protege su propia autoestima cuando el logro de otro se percibe, de forma inconsciente, como una amenaza.

¿Por qué las personas que no felicitan al resto no actúan por envidia, según la psicología?

La respuesta tiene nombre dentro de la psicología social: el modelo de mantenimiento de la autoevaluación (Self-Evaluation Maintenance), formulado por el psicólogo Abraham Tesser y desarrollado en un estudio publicado junto a Murray Millar y Janet Moore en el Journal of Personality and Social Psychology.

La investigación explica que el éxito de una persona cercana, cuando toca un área importante para la propia identidad, puede sentirse como una amenaza para la autoestima, aunque no exista ninguna mala intención consciente.

Cuanto más cercana es la relación y cuanto más relevante es el área del logro para la identidad de quien escucha la noticia, mayor es esa sensación de amenaza. Un ascenso, un premio o una buena calificación no duelen igual si los consigue un desconocido que si los consigue el compañero de mesa con el que uno se compara todos los días.

El propio modelo de Tesser matiza este mecanismo con lo que llama proceso de reflejo: cuando el logro de la persona cercana ocurre en un terreno que no forma parte de la propia identidad, el efecto es el contrario y esa cercanía se convierte en motivo de orgullo, casi como si el éxito fuera compartido.

Es la misma razón por la que resulta fácil alegrarse por la victoria de un familiar en una disciplina que a uno no le importa demasiado, y mucho más difícil hacerlo cuando se compite, aunque sea de forma no declarada, por el mismo terreno.

La diferencia entre envidia y protección emocional, según un segundo estudio

Un segundo estudio, publicado en la revista Cognition & Emotion por el psicólogo Niels van de Ven, ayuda a entender la diferencia. La investigación distingue entre la envidia, que empuja a desear que el otro fracase, y la admiración, que lleva a querer mejorar por cuenta propia sin necesidad de hundir a nadie.

Cuando alguien no felicita, no siempre está deseando que las cosas le vayan mal al otro. Muchas veces se trata de una reacción defensiva breve, casi automática, mientras la persona procesa internamente la comparación y recupera el equilibrio.

La envidia implica un deseo activo de que el otro pierda; la protección emocional, en cambio, es solo un intento de no sentirse disminuido.

Otras investigaciones sobre comparación social distinguen además entre dos tipos de envidia: la benigna, que aparece cuando el éxito ajeno se percibe como alcanzable y funciona casi como un estímulo (‘si él pudo, yo también puedo’), y la maligna, que sí busca activamente que el otro pierda su posición.

La mayoría de silencios incómodos ante una buena noticia encajan mejor en la primera categoría, o directamente en el mecanismo de protección descrito por Tesser, y no en la envidia maligna que suele imaginarse.

¿Cómo se nota este mecanismo de comparación en el día a día?

Las personas que no felicitan al resto no suelen guardar silencio sin más: muchas veces minimizan el logro con frases que parecen inocentes. ‘Cualquiera podría haberlo conseguido’, ‘has tenido suerte’ o ‘ya era hora’ son comentarios habituales que, sin sonar hostiles, restan valor a la noticia y alivian la incomodidad de quien los pronuncia.

Este patrón se repite con más frecuencia entre personas cercanas que entre desconocidos, precisamente porque la comparación solo resulta amenazante cuando el otro forma parte del propio círculo de referencia. Nadie compite en silencio con alguien a quien no le importa superar.

El fenómeno se repite, incluso amplificado, en las redes sociales. Ese ‘me gusta’ que cuesta dar, o el comentario que se queda a medio escribir en una publicación con una buena noticia, responde al mismo mecanismo: la exposición pública del logro ajeno multiplica la sensación de comparación, porque no solo lo ve quien lo protagoniza, sino todo el círculo de contactos.

Qué diferencia a quienes sí saben felicitar sin sentir que pierden algo

Las personas con una autoestima más estable no dejan de notar esa comparación, pero la gestionan de otra manera: separan el éxito ajeno de su propio valor personal.

Saben que el logro de un compañero no resta nada a lo que ellas mismas han conseguido, así que felicitar no les supone ningún esfuerzo emocional.

La próxima vez que alguien reciba una buena noticia con un silencio extraño en lugar de una felicitación, probablemente no esté deseando que le vaya mal.

Es más probable que esté, sin darse cuenta, defendiendo la imagen que tiene de sí mismo frente a una comparación que le ha llegado antes de lo que esperaba.

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