Psicología

La psicología llega a la conclusión de que las personas nacidas entre 1950 y 1970 toleran mejor la convivencia intergeneracional, pero no es porque sean más amables

convivencia intergeneracional
Hombre mayor con una persona más joven. Foto: Pexels.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La convivencia intergeneracional se ha convertido en una realidad cada vez más habitual en España, donde el encarecimiento de la vivienda y el envejecimiento de la población empujan a varias generaciones a compartir el mismo techo. No siempre resulta sencillo: los horarios, las costumbres y hasta el uso del mando de la televisión pueden generar fricciones.

Y frente a este panorama, los nacidos entre 1950 y 1970 (hoy entre los 56 y los 76 años) puntúan sistemáticamente mejor cuando se les pregunta por su experiencia de compartir vivienda con hijos, nietos o padres mayores. La primera lectura, la más fácil, sería atribuirlo a un carácter más paciente. No obstante, la psicología familiar y los datos disponibles apuntan a otra cosa.

¿Por qué las personas nacidas entre 1950 y 1970 llevan mejor la convivencia intergeneracional?

La respuesta no está en el carácter. Según una encuesta del Pew Research Center, el 64% de los adultos mayores de 40 años valora como al menos positiva su experiencia de compartir casa con otras generaciones, frente a solo el 43% de quienes tienen entre 25 y 39 años.

Y aquí la diferencia no responde a la simpatía de unos y otros, sino a la posición que cada generación ocupa dentro del hogar.

Quienes nacieron entre 1950 y 1970 suelen llegar a la convivencia desde un lugar distinto: son ellos quienes ceden espacio o lo comparten desde la propiedad de la vivienda, mantienen cierta autoridad doméstica y, en muchos casos, actúan como abuelos que aportan cuidado a cambio de compañía.

Justamente, esa posición reduce la sensación de imposición que sí sufren los más jóvenes, para quienes mudarse con los padres suele estar ligado a una necesidad económica y a una pérdida de independencia.

El estrés y el dinero, la verdadera brecha entre generaciones

Los datos de Pew Research Center también reflejan una brecha en el desgaste emocional. El 31% de los adultos que viven con sus padres reconoce sentirse estresado la mayor parte del tiempo, frente a solo el 18% de los padres que conviven con sus hijos ya adultos.

Además, el 57% de los menores de 40 años señala motivos económicos como la razón principal para compartir vivienda, frente al 31% de los mayores. La diferencia confirma que la convivencia intergeneracional se vive de forma muy distinta según el papel que cada uno ocupa en la casa.

El papel del abuelo español en la convivencia intergeneracional

En España, la convivencia intergeneracional también tiene un componente cultural. Según los estudios sobre la figura del abuelo en las familias españolas, el 16% de los hogares con niños convive con sus abuelos, un porcentaje que se dispara en la mitad norte del país.

Cabe señalar, desde luego, que esa cercanía no es solo geográfica: el 85% de los abuelos y abuelas cuida habitualmente de sus nietos, un papel decisivo para la conciliación laboral de los padres.

Esta implicación tan activa explica en parte por qué esta generación tolera mejor compartir techo: no lo vive como una imposición, sino como una función que le da sentido y utilidad dentro de la familia.

A esto se suma que las abuelas y los abuelos de hoy llegan a esa etapa con mejor salud y más años de vida activa por delante que las generaciones anteriores, lo que facilita sobrellevar el desgaste físico del día a día.

Las estrategias psicológicas que suavizan la vida en común

Un estudio publicado en 2025 en la revista Journal of Psychosociological Research in Family and Culture, firmado por las investigadoras Yoko Wong y Jing Sun, analizó de qué manera las familias multigeneracionales gestionan las tensiones del día a día.

A través de entrevistas a 22 personas, las autoras identificaron cuatro estrategias, señaladas a continuación, que marcan la diferencia entre una convivencia llevadera y otra desgastante.

  • Comunicación activa: escucha, mediación de conflictos y humor para rebajar la tensión.
  • Regulación emocional: distanciarse cuando hace falta, replantear los conflictos y practicar mindfulness.
  • Gestión doméstica compartida: repartir tareas, aportar económicamente y organizar reuniones familiares.
  • Adaptación interpersonal: respetar la autonomía de cada miembro y negociar valores distintos.

Hay que aclarar que estas herramientas no dependen de la edad en sí, pero sí de la experiencia acumulada gestionando conflictos familiares durante décadas, algo que esta generación ha tenido tiempo de entrenar de sobra.

Así, con una esperanza de vida media de 83,6 años en España, más de una década por encima de la que tuvieron sus propios abuelos, quienes nacieron entre 1950 y 1970, afrontan la convivencia intergeneracional con un margen que las generaciones anteriores no tuvieron: décadas por delante para seguir practicando cómo compartir casa sin perder la paz.

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