Psicología

La psicología dice que las personas que ensayan conversaciones en su cabeza no es porque sean inseguras: están regulando su ansiedad

personas que ensayan conversaciones
Mujer pensativa. Foto: Pexels.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Repasar mentalmente cómo va a ir una conversación difícil, imaginar qué se le va a decir al jefe antes de pedir un aumento o repetir en la cabeza una discusión que todavía no ha ocurrido son comportamientos que mucha gente vive casi con vergüenza, como si fueran una señal de inseguridad o de falta de confianza en uno mismo. La psicología, sin embargo, tiene otra cosa que decir.

Según esta línea de investigación, las personas que ensayan conversaciones en su cabeza no lo hacen porque sean inseguras, sino porque están poniendo en marcha un mecanismo bastante efectivo para regular su propia ansiedad antes de un momento que anticipan como incómodo o exigente.

La teoría de las interacciones imaginadas, el marco que explica este hábito

El fenómeno tiene incluso nombre propio dentro de la psicología de la comunicación: se llama teoría de las interacciones imaginadas, desarrollada por el investigador James M. Honeycutt desde 1987.

Según esta teoría, las interacciones imaginadas son un tipo de cognición social e imaginería mental en la que una persona imagina conversaciones con otras personas significativas para su vida, con distintos propósitos según el momento y la situación.

Honeycutt identificó seis funciones principales que cumplen estas conversaciones imaginarias, detalladas a continuación:

  • El mantenimiento de las relaciones.
  • El ensayo de cara a futuras interacciones.
  • La comprensión de uno mismo.
  • La catarsis emocional.
  • La compensación de encuentros que no han podido darse en la realidad.
  • La gestión de conflictos.

La función de ensayo, la que mejor explica el título de este artículo, es la que entra en juego cuando alguien repasa mentalmente cómo abordará una conversación que todavía no ha tenido lugar.

¿Cómo es que el ensayo mental regula realmente la ansiedad?

La evidencia recogida en distintos estudios muestra que ensayar una conversación mentalmente antes de tenerla en la vida real se asocia con comportamientos de comunicación más eficaces.

Concretamente, las personas que practican este tipo de ensayo mental muestran menos gestos de nerviosismo asociados a la ansiedad, como tocarse el pelo, la ropa o los objetos cercanos de forma repetitiva, y presentan una mayor fluidez verbal, con menos pausas silenciosas y menos titubeos durante la conversación real.

Además de mejorar el desempeño comunicativo, este ensayo mental cumple una función más directa de alivio emocional: permite liberar tensión y ansiedad de antemano, reducir la incertidumbre sobre cómo podría desarrollarse la conversación.

Y hasta en cierto sentido, puede servir para «sacarse de encima» emociones que de otro modo se quedarían acumuladas hasta el momento del encuentro real.

Las otras caras de este hábito tan común

Más allá del ensayo, las interacciones imaginadas también sirven para mantener vínculos afectivos a distancia (imaginando conversaciones con alguien que no se ve desde hace tiempo).

También, para entenderse mejor a uno mismo al procesar mentalmente cómo se siente uno respecto a una situación, o incluso para gestionar conflictos, imaginando distintos desenlaces posibles antes de enfrentarse a una discusión real.

Lejos de ser un signo de debilidad, este tipo de ensayo mental es, en realidad, una herramienta de comunicación bastante sofisticada que el cerebro utiliza de forma espontánea.

El matiz que conviene tener en cuenta sobre estos ensayos conversacionales

Ahora bien, el propio Honeycutt advierte de un riesgo real dentro de esta misma dinámica: cuando las interacciones imaginadas se vuelven demasiado frecuentes, se cargan de un tono negativo constante o se convierten en una forma de catastrofismo (imaginar siempre el peor desenlace posible), dejan de cumplir su función reguladora y pasan a alimentar la propia ansiedad.

Esa distinción es clave, y coincide con lo que otros estudios sobre ansiedad social y rumiación han encontrado: repasar obsesivamente una interacción social, real o imaginada, centrándose en errores y posibles rechazos, tiende a reforzar creencias negativas sobre uno mismo en lugar de aliviarlas.

Dicho de otra forma, ensayar una conversación difícil una o varias veces antes de tenerla suele ser una estrategia sana y adaptativa.

El problema aparece cuando ese ensayo se convierte en un bucle constante, cargado de anticipación negativa, que ya no prepara para la conversación real, sino que sustituye la calma por una preocupación permanente.

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