Ana, empresaria y madre de 10 hijo: «La gente imagina cómo sería su vida si tuviesen 10 hijos, pero no me convertí en madre de familia numerosa de golpe»

Ana, empresaria y madre de 10 hijo: «La gente imagina cómo sería su vida si tuviesen 10 hijos, pero no me convertí en madre de familia numerosa de golpe»
@unalocuradefamilia
Elena García

Alimentación, suministros, ropa, material escolar, etc. En una familia numerosa, cada partida del presupuesto doméstico se multiplica. Ana Iglesias, madre de diez hijos, lo resume con una cifra: «El gasto promedio de mi hogar es de 9.000 euros mensuales». Según explicó, esa cantidad puede cambiar bastante de un mes a otro en función de las necesidades que vayan surgiendo.

Ana compagina su negocio con su actividad como creadora de contenido en redes sociales, donde comparte su vida familiar con el nombre de @unalocuradefamilia y donde explica cómo es la convivencia en su casa y cómo puede gestionar sus proyectos profesionales, personales y cómo gestiona el dinero.

Fórmulas para contener el gasto

Para aliviar el presupuesto, la familia ha incorporado varias costumbres de ahorro. Tienen placas solares instaladas para reducir el consumo de electricidad, aprovechan las ofertas cuando necesitan comprar en grandes cantidades y reutilizan ropa, libros y juguetes, que van pasando de los hermanos mayores a los pequeños.

El ahorro también afecta al ocio. En lugar de ir al cine con frecuencia, optan por plataformas de películas y series, que les salen más baratas. Comer fuera de casa tampoco es un plan habitual. Aun así, Ana asegura que no han renunciado a todo lo que no es imprescindible: la familia se permite algunos caprichos y los niños tienen sus necesidades cubiertas, aunque intentan controlar las compras y evitar gastos innecesarios, relata en una entrevista en Lecturas.

Jornadas que terminaban frente al portátil

En la entrevista, Ana recordó también cómo eran sus días cuando empezó a desarrollar su actividad en redes sociales, mientras atendía su negocio y cuidaba de sus hijos: «Por las mañanas atendía mi tienda y gestionaba los pedidos, aprovechaba también para editar contenido y colaboraciones con marcas, y por las tardes compaginaba los deberes de mis hijos, con la cena y las incidencias».

Ese ritmo no siempre le permitía llegar a todo. «Muchas veces aún así no me daba tiempo a todo. Con mucha frecuencia me quedaba dormida frente al portátil y esa era la señal de que había llegado al fin del día», contó.

Mañanas imprevisibles

Según su relato, la rutina familiar se parece a la de cualquier casa, pero con más gente y más imprevistos. «Las mañanas son imprevisibles y se convierten en una maratón por llegar a tiempo a clase», explicó. Entre los contratiempos habituales mencionó al hijo que se queda dormido, al que se mancha el uniforme durante el desayuno, al que olvida la mochila o al que no encuentra un zapato justo antes de salir.

Por la tarde, la casa se llena de bocadillos, mochilas, libros y niños corriendo por los pasillos. Para que los pequeños descansen intentan mantener horarios fijos: «A eso de las 19:30 les damos la cena y la idea es que entre las 20:30 y las 21:00 estén en la cama». Ana reconoce, con humor, que otra cosa es cuándo dejan las risas y los cuchicheos y se quedan dormidos.

A su juicio, adaptarse a una familia tan grande ha sido un proceso gradual: «La gente imagina cómo sería su vida si de pronto tuviesen 10 hijos, pero la realidad es que no me convertí en madre de familia numerosa de golpe, sino que fueron llegando de uno a uno y por tanto nos fuimos adaptando de forma progresiva».

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