Psicología

La psicología sugiere que las personas que hablan solas mientras hacen las tareas de casa no es que estén distraídas: intentan concentrarse mejor

personas que hablan solas
Mujer hablando sola. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

A muchas de las personas que hablan solas en casa mientras friegan los platos, cocinan o hacen la cama les da algo de vergüenza que alguien las escuche, como si ese hábito delatara falta de concentración o una mente dispersa. La escena es tan habitual que casi todo el mundo la reconoce, propia o ajena, sobre todo en tareas mecánicas y repetitivas.

Sin embargo, distintos estudios de psicología cognitiva llevan años analizando qué función cumple realmente esa voz interior que se vuelve audible cuando nadie mira. Sus conclusiones, publicadas en revistas científicas especializadas, ponen en duda la idea de que hablar solo sea sinónimo de despiste.

¿Por qué las personas que hablan solas en realidad se concentran mejor?

Un estudio publicado en la revista Consciousness and Cognition por las investigadoras Xinqi Guo y Karen R. Dobkins, de la Universidad de California en San Diego, ofrece una de las explicaciones más directas al respecto.

En el experimento participaron 103 jóvenes adultos, con una edad media de alrededor de veinte años, a quienes se pidió resolver una tarea de memoria de trabajo visoespacial mientras hablaban en voz alta todo lo que pudieran.

El resultado fue claro: quienes hablaron consigo mismos rindieron mejor que quienes debían permanecer en silencio, y ese beneficio se mantuvo igual de fuerte tanto si la tarea era fácil como si era difícil.

Cuanto más hablaba cada participante durante un intento concreto, mejor era su resultado en ese mismo intento, lo que sugiere que la voz no es un efecto secundario de la concentración, sino una herramienta que ayuda a conseguirla.

El propio estudio añade un matiz interesante: las personas que de forma natural hablan mucho consigo mismas en su día a día son, precisamente, las que peor rinden cuando se les pide que se queden calladas. Para ellas, la voz no es una manía, sino una parte activa de cómo procesan la información.

¿Qué es el habla privada y por qué la usamos desde niños?

Este fenómeno tiene nombre propio en psicología: habla privada o self-talk. Un trabajo publicado en Frontiers in Psychology, firmado por Piotr K. Oleś, Thomas M. Brinthaupt, Rachel Dier y Dominika Polak, la describe como una comunicación dirigida hacia uno mismo, silenciosa o en voz alta, que cumple varias funciones de autorregulación.

Entre esas funciones están la autocrítica, la autorrecompensa, el automanejo de la propia conducta y la evaluación de situaciones sociales antes de actuar.

La idea de fondo, que viene de la psicología del desarrollo infantil, es que los niños pequeños hablan en voz alta para guiar sus propias acciones («ahora pongo esta pieza aquí») y que, con la edad, ese diálogo se interioriza y deja de escucharse.

En adultos, sin embargo, vuelve a hacerse audible justo en los momentos que exigen más atención o requieren organizar varios pasos seguidos, como ocurre al limpiar la casa o preparar la comida.

El truco de hablar en voz alta también ayuda a encontrar cosas más rápido

Un tercer estudio, publicado en The Quarterly Journal of Experimental Psychology por los investigadores Gary Lupyan y Daniel Swingley, aporta otra pieza del mismo puzle, esta vez centrada en la búsqueda visual.

En el experimento, los participantes debían localizar objetos cotidianos en una imagen, y en algunos intentos se les pedía que dijeran en voz alta el nombre de lo que buscaban.

Decir la palabra en voz alta aceleraba la búsqueda cuando el nombre encajaba bien con lo que había que encontrar, porque pronunciar la etiqueta verbal afina la atención visual hacia esas características concretas del objeto.

El efecto se invertía si la palabra dicha en voz alta no coincidía del todo con lo que se veía en pantalla, señal de que el mecanismo es real y no una simple casualidad estadística.

Trasladado a una tarea de casa, decir «las llaves» o «el mando» mientras se buscan por la habitación tiene, por tanto, una base científica detrás.

¿Hablar solo siempre ayuda? Los límites de este hábito

Ninguno de estos estudios sugiere que hablar en voz alta sea necesario para hacer bien cualquier tarea. El beneficio aparece sobre todo en actividades que exigen mantener varios pasos en la cabeza a la vez, como ordenar, cocinar siguiendo una receta o buscar un objeto concreto, entre otros muchos. En tareas totalmente automáticas, que ya se hacen sin pensar, la voz añade poco.

Y aquí también influye el contexto. La mayoría de las personas solo se sueltan a hablar solas cuando están en un espacio privado, como la propia casa, y se cortan en cuanto sienten que alguien más puede oírlas, aunque eso no cambie en nada la utilidad real del hábito.

Dicho de otro modo, la vergüenza que rodea a esta costumbre tiene poco que ver con la ciencia y mucho con la simple percepción social de lo que resulta o no resulta extraño.

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