Muere Jelly Bean, la beluga rescatada de Marineland Canadá que llegó al Oceanogràfic en agosto
La beluga murió de forma repentina; el Oceanogràfic hará una necropsia para determinar la causa
Cleopatra y los cuatro delfines rescatados en la misma operación evolucionan favorablemente
Rescatados de la eutanasia: dos belugas y cuatro delfines llegan al Oceanogràfic de Valencia

El Oceanogràfic de Valencia atraviesa un duelo inesperado. Jelly Bean, una de las dos belugas llegadas hace apenas tres semanas desde Canadá, ha muerto esta madrugada de forma repentina, según ha confirmado el propio centro.
Así lo ha lamentado el centro valenciano en un comunicado oficial. La beluga formaba parte de un grupo de seis animales —dos belugas y cuatro delfines— trasladado el pasado 27 de agosto dentro de una compleja operación internacional de rescate.
El operativo buscaba salvar a los ejemplares que aún permanecían en Marineland Canadá, un parque temático de Niágara Falls cerrado desde 2024 tras años de denuncias sobre el bienestar animal y la imposibilidad de seguir manteniéndolos.
Un rescate internacional
La Delphinapterus leucas, el cetáceo ártico conocido popularmente como beluga, quedó atrapada junto a una treintena de congéneres cuando el parque canadiense cesó su actividad y dejó de poder garantizar los cuidados básicos que exige la especie.
Desde su llegada a Valencia, Jelly Bean y el resto de animales han permanecido bajo supervisión continua de los equipos veterinarios y cuidadores del Oceanogràfic (CACSA-GVA), como parte del proceso de adaptación a su nuevo entorno.
El centro ya contaba con infraestructura propia y un programa activo de investigación con belugas, lo que reforzó su papel como referente europeo en la conservación de estos mamíferos marinos durante toda la operación.

Una especie ártica protegida
En los últimos días, Jelly Bean había presentado dificultades para alimentarse con normalidad. Ante esta situación, el equipo veterinario intensificó su seguimiento y estableció una vigilancia continuada las 24 horas del día.
Durante ese periodo, la beluga mostró también momentos de mejoría y una actitud receptiva hacia sus cuidadores, lo que alimentaba la esperanza de una recuperación progresiva tras las primeras semanas de adaptación al centro.
Sin embargo, esa evolución se truncó de forma abrupta. Jelly Bean murió de manera repentina e inesperada durante la pasada noche, pese a la vigilancia constante a la que estaba sometida en todo momento.
Problemas para alimentarse
Por el momento no es posible determinar la causa exacta de la muerte. Los veterinarios del Oceanogràfic realizarán una necropsia junto al grupo de patólogos de la Universidad CEU Cardenal Herrera.
El objetivo de esa prueba es tratar de identificar los factores que pudieron haber contribuido al fallecimiento del cetáceo, apenas unas semanas después de su llegada a las instalaciones valencianas.
El centro no ha adelantado ninguna hipótesis mientras no concluyan los análisis correspondientes y ha optado por mantener la máxima cautela ante lo que calificó de un caso excepcional.
Una necropsia en marcha
Cleopatra, la segunda beluga trasladada junto a Jelly Bean, y los cuatro delfines rescatados en la misma operación evolucionan favorablemente. Ambas especies continúan bajo los cuidados y la supervisión de los profesionales del centro.
El Oceanogràfic ha insistido en que cada animal presenta un historial y unas necesidades individuales propias, por lo que sólo un seguimiento continuo permite conocer en profundidad su verdadero estado de salud.
Esa cautela ha marcado el proceso de adaptación desde el primer día, en un operativo que trasladó a los animales en contenedores especializados con agua termorregulada y control veterinario permanente durante todo el vuelo.

Cleopatra y los delfines, estables
El traslado de cetáceos protegidos entre continentes exige permisos específicos de importación de fauna amparada por la Convención CITES, además de una estrecha coordinación veterinaria entre los países implicados en la operación.
El rescate estuvo liderado por un consorcio de acuarios acreditados por la Asociación de Zoológicos y Acuarios (AZA), que evitó que los ejemplares de Marineland Canadá terminaran siendo sacrificados ante la falta de recursos del parque.
El cierre definitivo de las instalaciones de Niágara Falls, sumado a las denuncias sobre el bienestar de los animales, precipitó una respuesta internacional que devolvió cierta esperanza a los treinta ejemplares afectados por el cierre.
Permisos y logística del traslado
El resto de la manada rescatada de Marineland Canadá fue distribuido entre distintos acuarios acreditados de Estados Unidos, entre ellos el Shedd Aquarium de Chicago, el SeaWorld de San Antonio y el Georgia Aquarium.
Los primeros traslados se realizaron por vía aérea en jaulas especiales con agua controlada, en una operación que se prolongó durante semanas debido a la complejidad logística que implica mover ejemplares tan grandes.
El Mystic Aquarium colaboró además con apoyo técnico y logístico durante todo el proceso, que las organizaciones implicadas describieron como una auténtica emergencia de bienestar animal ante la falta de alternativas para los cetáceos.

El resto de la manada
Las belugas son cetáceos árticos con una esperanza de vida de hasta 35-40 años en entornos controlados bien gestionados, lo que convierte cada traslado en un proceso delicado que exige meses de planificación previa.
El transporte transatlántico de ejemplares adultos, que pueden superar los 1.500 kilos de peso, requiere contenedores individuales con agua termorregulada y equipos veterinarios que acompañan a los animales durante todo el trayecto aéreo.
Acuarios como el Oceanogràfic desempeñan un papel cada vez más relevante en la conservación ex situ de especies árticas amenazadas por el cambio climático y la pérdida de su hábitat natural.
Una especie vulnerable
La muerte de Jelly Bean supone un momento especialmente difícil para todos los profesionales que han trabajado en su cuidado desde que la beluga llegó a las instalaciones valencianas hace apenas unas semanas.
El vínculo creado durante ese breve periodo de adaptación ha marcado a un equipo que combinó el seguimiento científico con la atención directa a un animal recién llegado a un entorno completamente nuevo.
«Todo el equipo del Oceanogràfic lamentamos profundamente su pérdida», ha señalado el centro en su comunicado, en el que reivindica además el valor de la operación que salvó al resto de la manada.