Salud

Llevas toda la vida duchándote mal y lo explica Leire Barrutia, dermatóloga: «La esponja puede ser…»

Ducha
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Hay muchísimas cosas que hacemos en nuestro día a día sin ni siquiera plantearnos si están bien o mal, como por ejemplo ducharnos con esponja. Se trata de un hábito que hemos adquirido desde pequeños pero que, sin embargo, los dermatólogos no recomiendan. Uno de los principales argumentos en contra es la función protectora de la microbiota contra agentes externos, como bacterias y hongos. Utilizar una esponja para ducharse puede alterar ese equilibrio, debilitando la barrera cutánea y haciendo que la piel quede más expuesta a posibles infecciones e irritaciones.

A esto hay que sumar que la esponja, debido a su naturaleza porosa, puede retener humedad y, por ende, convertirse en un caldo de cultivo para la proliferación de microorganismos que podrían causar problemas en la piel, como infecciones dérmicas. Leire Barrutia, dermatóloga, señala: «la esponja puede ser un medio adecuado para la proliferación de microorganismos, lo que puede ser perjudicial». La mejor opción es lavar la piel del cuerpo con las manos, utilizando geles o limpiadores suaves que no alteren el equilibrio ácido-base de la piel.

¿Por qué no debes utilizar la esponja en la ducha?

@dermisphere ¿Esponja en la ducha? ¿Sí o no? Os cuento qué os aconsejo como dermatóloga 💙 ¿La usáis? #dermatologa #skincare #skincaretips #cuidadodelapiel #pielsana ♬ original sound – Dra. Leire Barrutia

Para entender cuál es el motivo por el que los dermatólogos desaconsejan el uso de la esponja, es esencial conocer el papel de la microbiota cutánea, compuesta por millones de bacterias y microorganismos. Actúa como una barrera de defensa natural, protegiendo la piel de microorganismos dañinos, al tiempo que regula la producción de sebo y regula el equilibrio ácido-base.

Por lo tanto, el uso de la esponja, debido a la fricción que produce sobre la piel, puede alterar este equilibrio tan delicado. Al frotar la piel, no sólo se elimina la suciedad y las células muertas, sino también parte de la microbiota beneficiosa y necesaria para la salud de la piel, de manera que ésta pierde parte de su defensa natural. En el peor de los casos, este hábito puede provocar microabrasiones en la piel, facilitando la entrada de bacterias y gérmenes.

Principales riesgos

Uno de los principales problemas de las esponjas es la humedad que acumulan por su estructura porosa, lo que favorece el crecimiento de microorganismos que luego se transfieren a la piel durante su uso, aumentando el riesgo de enfermedades cutáneas. Varios estudios han demostrado que las esponjas pueden ser responsables de la aparición de problemas como la foliculitis, una afección en la que los folículos pilosos se inflaman debido a la infección por bacterias, generando bultos rojos dolorosos en la piel.

Por otro lado, las personas con piel sensible o con dermatitis atópica, deben tener especial cuidado al usar esponjas. En el caso de la dermatitis atópica, una afección inflamatoria crónica que hace que la piel sea más vulnerable a irritaciones y alergias, la fricción excesiva puede provocar brotes de eczema y aumentar la sequedad y la irritación.

En general, el uso de esponjas puede desencadenar problemas de piel, especialmente si no se desinfectan correctamente después de cada uso. Incluso si una esponja se deja secar, los restos de jabón y suciedad que quedan en ella pueden convertirse en un foco de proliferación bacteriana.

«El uso de esponjas en la ducha no es recomendable desde un punto de vista dermatológico, y les explicaré por qué. En primer lugar, no es necesario frotar y «sacar brillo» a nuestra piel, ya que esta posee una flora cutánea, o microbiota, que proporciona múltiples beneficios, como la protección contra agentes externos y el control del sobrecrecimiento de bacterias indeseables. Esto es especialmente importante para personas con condiciones como dermatitis atópica o alteraciones en la barrera cutánea, donde la piel es más sensible», explica Leire Barrutia.

Y añade: «además, las esponjas, al retener humedad, pueden convertirse en un caldo de cultivo para microorganismos que, al entrar en contacto con la piel, pueden causar infecciones como la foliculitis. Por lo tanto, lo más adecuado es lavar la piel del cuerpo con las manos, utilizando un gel limpiador suave, un syndet con un pH similar al de la piel, evitando jabones tradicionales como los de pH alcalino (como el jabón Lagarto o jaboneras), y reservando el uso de jabón solo para zonas más sucias como axilas y zona genital. En el resto del cuerpo, simplemente con agua es suficiente».

Además del uso de las manos, existen otras alternativas que son respetuosas con la piel, como las toallas de microfibra y algodón. Este tipo de toallas permiten eliminar la suciedad y las células muertas sin dañar la piel, siempre y cuando no se frote con fuerza.

En ocasiones, es recomendable hacer una exfoliación más profunda, sobre todo en zonas del cuerpo donde la piel es más gruesa, como las rodillas y los codos. En estos casos, un cepillo de cerdas suaves son muy útiles, pero siempre se deben usar con suavidad para evitar irritaciones.

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