Las 5 claves de la entrevista más sincera de Ana Obregón
La presentadora se ha sincerado con la revista Vanity Fair cuando está a punto de cumplirse un año de la muerte de su hijo, Aless Lequio
«Me morí el día que se fue mi hijo, pero sé que voy a renacer». Así de rotunda se muestra Ana Obregón en la portada de la revista Vanity Fair, a la que ha concedido una sincera y desgarradora entrevista cuando está a punto de cumplirse un año de la muerte de su hijo, Aless Lequio. Toda una declaración de intenciones por parte de la presentadora, que ha vivido los meses más duros de su visa y que lucha cada día con un objetivo claro: poner en marcha la fundación en su recuerdo.
Desde el comienzo de la entrevista, Ana Obregón hace referencia a la especial relación que mantenía con su hijo: «Cuando vi a mi hijo por primera vez entendí el significado de la vida», explica. La presentadora sostiene que ni siquiera en el momento en el que Aless fue admitido en la universidad de Duke fue capaz de aguantar la distancia y se mudó a Miami. A veces, incluso, Aless le decía que no era necesario que hablaran cada hora.
Fue precisamente ella la que insistió en que le hicieran más pruebas cuando el joven no soportaba el dolor. En un ejercicio de fortaleza, Ana se encargó de organizarlo todo, incluso cuando hasta el padre de Aless, Alessandro Lequio, estaba abatido. «Yo no eché ni una lágrima, tenía que salvar la vida a mi hijo”, relata. Después de unos meses de lucha, en febrero de 2019 le hicieron nuevas pruebas y estaba limpio: “Ahí es cuando conocí la verdadera felicidad. Le salió pelo, venga a dejarse barba. Estaba orgulloso. Yo fui tan feliz. Joé, madre mía, qué felicidad. Fueron los ocho meses más felices de mi vida”. Sin embargo, no duró mucho. «Entonces cada tres meses le hacían pruebas. La ITV, lo llamaba él. Y desgraciadamente en septiembre descubrieron que el cáncer había vuelto.»
Una palabra prohibida
Desde que Aless falleció, la presentadora no es capaz de pronunciar la palabra “morir”. Tampoco tiene fuerzas para ni para escuchar sus audios o para guardar el abrigo que llevaba y que dejó sobre el respaldo del sofá la última vez que lo ingresaron, ni ha deshecho su maleta. «Todo está igual desde el 6 de febrero». Sin embargo, sí que entra todos los días y cada noche en su cuarto para darle las buenas noches y los buenos días.
Sus grandes apoyos
Ana recuerda que los primeros días tras la muerte de Aless no era capaz de hablar con nadie y que solo enviaba por whatsapp. Se siente afortunada porque ha contado con el apoyo de sus hermanas y de sus padres, a quienes visita de manera constante. «Teniendo en cuenta su edad, están fenomenal, aunque a veces se les va… Con lo de mi niño se enteraron en el momento, pero no sé… De repente se les ha olvidado. Gracias a Dios. Creo que es un mecanismo de defensa. El otro día le dije: ‘Mami, que voy a comer’ y me contestó: ‘Tráete a Aless que hace mucho que no le veo», comenta.
Quien se ha convertido en uno de sus mayores apoyos es su ex, Alessandro Lequio: “a él no le tengo que explicar mi dolor. Viene todas las semanas y le preparo el plato favorito de Aless: albóndigas con tomate y arroz. El otro día se comió 24. ¡24! Le dije: ‘Te vas a poner malo”.
Tras la muerte de Aless, la presentadora recibió numerosas muestras de cariño y de apoyo. Entre los que se pusieron en contacto con ella se encuentra la reina doña Sofía, mientras que el Rey Juan Carlos habló con Alessandro. «Tengo una bandeja en la cocina llena de telegramas de gente que no sé ni dónde contestarles. Si me voy a mi WhatsApp, 207 mensajes sin abrir.»
Vivir el duelo
A pesar de esto, reconoce que pasa mucho tiempo sola, pero es algo importante para ella: «no me quiero distraer con falsedades. Quiero vivir mi duelo dignamente y como se merece». Ana no tiene pensado pedir ayuda profesional a este respecto: «ni psicólogo, ni pastillas, ni nada. El ejemplo de luchar por uno mismo me lo ha dado mi hijo», recalca.
La presentadora mantiene que es algo que tiene que hacer por sí misma, sin necesidad de pastillas u otros factores: «tengo que hacerlo sola y poco a poco sé que lo voy a conseguir. Es como cuando voy a casa de mis padres, bebo un poquito de vino en la comida y veo que estoy un poco mejor. Estoy en un momento muy vulnerable. Si yo empezara ahora con el vino o las pastillas, no me los quitaba nunca.»
Ana recurre a las series para evadirse y apenas duerme: «ya me acostumbré. En el hospital dormía una media de dos horas», confirma. La presentadora no quiere ni oír hablar de hospitales: «si yo me cojo el COVID en casa, me muero, porque yo no voy a un hospital. No puedo..»
A pesar de que siempre ha sido una persona muy vitalista, al igual que su hijo, el dolor la abruma en estos momentos: «me morí el día que se fue mi hijo. Me morí. Sé que voy a renacer, pero estoy muerta. Aunque, por otro lado, fíjate, me siento muy libre porque no tengo miedo a nada.»
La bióloga ha encontrado consuelo en la meditación y en las visitas recurrentes al cementerio: «cojo un tapete, me siento sobre la lápida y me pongo a meditar. Se pasan las horas. El otro día casi me cierran.»
Pese al inmenso dolor que siente, es consciente de que algún día podrá paliarlo: «sé que algún día las heridas cicatrizarán, pero por ahora mi corazón sigue sangrando lágrimas. Madre mía. No sabía la cantidad de formas que hay de llorar. Hay llantos de tristeza, de pataleta, como cuando eras una niña. Otros que son secos, sin lágrimas, te ahogas. Lloras con los ojos, el estómago, el corazón… Lloras con todo tu cuerpo. Y ahí está la sanación. No se puede ni se debe evitar. Yo aconsejo a todas las personas que hayan perdido un ser querido que vivan el duelo en profundidad porque si no luego vienen las enfermedades psicológicas, las depresiones y todo.»
Vuelta al trabajo
La presentadora recibe muchas ofertas de trabajo, pero por ahora prefiere no comprometerse con nada. De hecho, le costó mucho decidirse a dar las campanadas. «Hasta que di las campanadas vivía como flotando en la nada. Me lo propuso a finales de agosto y pensé que sería imposible. A mediados de noviembre dije que sí. Encontré que había una forma de transformar mi dolor apoyando desde la Puerta del Sol a miles de corazones rotos por la pérdida de sus seres queridos no solo en esta pandemia, sino también por el maldito cáncer. Sabía que mi hijo me iba a mandar las fuerzas necesarias para transmitir un mensaje de esperanza a toda España. Y así lo hice. Cuando llegué a casa, me derrumbé».
Su proyecto más importante
Ana tiene muchas ganas de es poner en marcha la Fundación Aless Lequio para la investigación del cáncer. “Es lo que quería hacer mi hijo. Pero es complicadísimo”, explica. “Yo pensé que crear una fundación para ayudar a los demás era fácil. Qué va. El registro, los abogados, redactar los estatutos… Y pagar 30.000 euros. Luego hay que esperar no sé cuántos meses a que te lo aprueben… Y ahora todo me cuesta”. Uno de los proyectos que tiene pendientes es el proyecto IMPERAS, para investigar un tipo de cáncer raro como el que padeció su hijo y que requiere una inversión de 300.000 euros: “es un cáncer que afecta a niños y gente joven y sobre el que no hay prácticamente investigación», resalta.
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