POLÉMICA

Ingrid Sartiau vuelve a la carga contra Juan Carlos I e inicia un nuevo procedimiento para demostrar que es su hija

Ingrid Sartiau y Juan Carlos I. (Foto: Europa Press)
Marta Menéndez
  • Marta Menéndez
  • Jefa de Corazón y Crónica Social en COOL. Periodista especializada en celebrities, televisión, moda y realeza, con experiencia en medios como Cadena SER, El Independiente y Diez Minutos. Actualmente cuento las historias detrás de los grandes nombres de la crónica social, con especial foco en actualidad, casas reales y televisión.

Catorce años después de comenzar su batalla para ser reconocida como hija de Juan Carlos I, Ingrid Sartiau vuelve a mover ficha. La ciudadana belga, que lleva más de una década defendiendo que es hija del Rey emérito, ha decidido emprender nuevas acciones legales, esta vez en su país de origen. «Quiero emprender nuevas acciones legales, esta vez en Bélgica», ha asegurado a la revista Dag Allemaal, retomando así una historia que durante años ha estado vinculada a los grandes escándalos de la vida privada del padre de Felipe VI. Su nombre no resulta desconocido para los lectores de COOL, donde ya contamos su historia en exclusiva y tuvimos la oportunidad de hablar directamente con ella sobre su lucha, sus pruebas y su deseo de que Juan Carlos I aceptara someterse a una prueba de ADN. Ahora, varios años después, Ingrid regresa con un nuevo movimiento judicial y con la intención de reabrir una batalla que nunca ha dado por perdida.

La historia de Sartiau se remonta a una confesión familiar que, según su propio relato, cambió su vida por completo. Su madre, Liliane, le habría revelado que mantuvo una relación con Juan Carlos de Borbón en la década de los sesenta, cuando él todavía era príncipe y frecuentaba determinados círculos de la aristocracia europea. Liliane trabajaba como empleada doméstica para la familia noble belga de los Mérode y, según la versión que trasladó a su hija, habría conocido allí al entonces príncipe Juan Carlos. De aquella supuesta relación habría nacido Ingrid. La belga asegura que durante años vivió sin conocer esta historia y que fue su madre quien finalmente decidió contarle quién creía que era su verdadero padre. Desde entonces, Ingrid no ha dejado de buscar una respuesta que considera fundamental para cerrar una incógnita que lleva más de media vida acompañándola.

Ingrid Sartiau en España. (Foto: Europa Press)
Ingrid Sartiau en España. (Foto: Europa Press)

Su primer gran intento por conseguir ese reconocimiento se produjo en España. Ingrid acudió a los tribunales españoles para tratar de demostrar que era hija del entonces Rey Juan Carlos, pero su batalla judicial terminó encontrándose con un muro. En 2015, el Tribunal Supremo rechazó su demanda, por lo que el emérito no tuvo que someterse a una prueba genética que pudiera confirmar o descartar la paternidad. La decisión supuso un duro golpe para Sartiau, que siempre ha defendido que su objetivo no era conseguir dinero, títulos ni privilegios, sino simplemente conocer la verdad y ser reconocida por quien considera su padre. De hecho, en la entrevista exclusiva que concedió a COOL, Ingrid dejó claro que no perseguía convertirse en princesa ni utilizar el apellido Borbón, sino conseguir algo mucho más personal: que Juan Carlos I la escuchara y aceptara conocerla.

Uno de los elementos que alimentó su convencimiento fue el supuesto parentesco con Albert Solà, otro hombre que durante años afirmó ser hijo ilegítimo de Juan Carlos de Borbón. Ingrid llegó a comparar su ADN con el de Solà con la ayuda del genetista Jean-Jacques Cassiman y, según los resultados que trascendieron entonces, existía un 91% de probabilidad de parentesco entre ambos. Sin embargo, posteriormente una segunda prueba puso en duda aquel resultado y la justicia española consideró que las evidencias aportadas no eran suficientes para ordenar una prueba genética al emérito. Pese a ello, Ingrid nunca interpretó aquel revés como el final de su historia. Al contrario, ha continuado recopilando documentación y buscando nuevas vías para poder demostrar aquello que lleva años sosteniendo.

Juan Carlos I durante las regatas. (Foto: Europa Press)
Juan Carlos I durante las regatas. (Foto: Europa Press)

Ahora, con 60 años, Sartiau ha decidido trasladar nuevamente su batalla a los tribunales, pero esta vez en Bélgica. La elección de su país de origen no es casual. Ingrid encuentra esperanza en algunos precedentes protagonizados por miembros de la propia realeza belga y considera que el marco judicial de su país puede ofrecerle una nueva oportunidad para que su caso sea escuchado. En este sentido, uno de los ejemplos que más ha marcado su historia es el de Delphine de Sajonia-Coburgo-Gotha, hija del rey Alberto II de Bélgica, que después de una larga batalla judicial consiguió que su padre reconociera legalmente su paternidad. El caso de Delphine se convirtió para Ingrid en una referencia y, sobre todo, en la demostración de que una persona que reclama su filiación frente a un miembro de una familia real puede llegar a conseguir un reconocimiento oficial.

La belga tampoco ha ocultado que el paso del tiempo juega un papel importante en su decisión. Durante años ha insistido en que no quiere llegar al final de la vida de Juan Carlos I sin haber podido conocer la verdad. En sus declaraciones públicas ha explicado que le resulta especialmente difícil aceptar que el hombre al que considera su padre aparezca constantemente en los medios mientras ella continúa sin una respuesta definitiva sobre su origen. “La gente piensa que debería aceptar la situación”, ha lamentado, explicando que no resulta sencillo hacerlo cuando la persona cuya paternidad reclama es una figura permanentemente presente en la actualidad pública. Para Ingrid, por tanto, esta batalla no se reduce a una cuestión judicial: existe también una dimensión estrictamente personal y familiar que, según ella, lleva décadas esperando una solución.

En los últimos años, además, un nuevo elemento ha reforzado su determinación. Ingrid se ha convertido en abuela y asegura haber encontrado un sorprendente parecido físico entre su nieto y Felipe VI. «El parecido físico entre mi nieto y el joven Felipe es realmente sorprendente», ha llegado a afirmar. Se trata, evidentemente, de una apreciación personal y no constituye por sí misma una prueba genética de parentesco, pero para Sartiau ha servido para alimentar todavía más su convencimiento y sus ganas de continuar adelante con el proceso. Su objetivo sigue siendo el mismo que cuando comenzó toda esta historia: que exista una prueba científica que permita confirmar o descartar definitivamente la relación biológica que reclama.

Ingrid Sartiau en España. (Foto: Europa Press)
Ingrid Sartiau en España. (Foto: Europa Press)

Así, 14 años después de que su madre le revelara aquella supuesta historia de amor con Juan Carlos de Borbón, Ingrid Sartiau vuelve al punto de partida con una nueva estrategia judicial. Bélgica se convierte en el escenario de un nuevo capítulo de una batalla que parecía aparcada, pero que nunca llegó a desaparecer por completo. La belga quiere que los tribunales estudien nuevamente su caso y confía en que las circunstancias y las pruebas que pueda aportar ahora permitan abrir una puerta que en España permaneció cerrada. Mientras tanto, Juan Carlos I continúa instalado en Abu Dabi y mantiene una presencia cada vez más intermitente en la vida pública española.